Leo en la página de noticias de la Internet Movie Database que el actor Chad Allen, conocido sobre todo por la serie de televisión La doctora Quinn, denuncia haber sido colocado en una “lista negra” después de haber hecho pública su homosexualidad. La verdad, no sé... Por todo lo que llevo visto y leído, yo diría que las listas negras en el cine y la televisión se han producido más bien por motivos políticos que sexuales. Pero por otro lado, Allen mete el dedo en la llaga haciéndole una pregunta a su entrevistador: “¿Conoce alguna estrella de primera fila que reconozca ser gay?”.Ahí le han dado. Porque sí que conocemos a muchas, pero por lo general sus gustos sexuales han salido a la luz después de su muerte o cuando la cosa era ya imposible de esconder por más tiempo. La verdad es que, en buena parte, cuando estos actores empezaban, procuraban no salir del armario ni a por tabaco, no fuera que su carrera profesional llegara a un final abrupto. Y cuando ya iban camino de convertirse en estrellas, los propios estudios añadían más capas al armario para que el mito no se derrumbara. Así, Rock Hudson (este con boda incluída, arreglada por el estudio, con la actriz Phyllis Isley), Farley Granger, Danny Kaye, Montgomery Clift, Anthony Perkins, por citar solo algunos, contaron con la coraza protectora de la maquinaria de Hollywood, que en esos tiempos (y en estos) no era moco de pavo.
El único caso que ha sido interpretado como de despido por homosexualidad fue el de George Cukor en Lo que el viento se llevó (1939), pero aquí las versiones difieren. Que Cukor era homosexual lo sabía todo el mundo, y que era uno de los mejores directores de la época, también. Así que no tenía ningún problema para trabajar. Pero al poco tiempo de comenzar el rodaje de la novela de Margaret Mitchell, Clark Gable hizo que lo despidieran.
¿Por qué? Algunos historiadores del cine acusan a Gable de homófobo, y dicen que luchó por reemplazarlo por su amigo Victor Fleming, mucho más masculino en todos los sentidos, pero yo diría que la razón no fue exactamente esa. Homosexual o no, Cukor tenía fama de ser un gran director de actrices. Y en efecto, al poco de iniciado el rodaje quedó claro que estaba prestando mucha más atención a Vivien Leigh que a Gable. Y este acabó forzando el cambio de director para trabajar con Fleming, al que conocía de sobras y del que sabía que no permitiría que ninguna actriz le hiciera sombra.
Por cierto, ahora que hay actores (secundarios) que han salido del armario, como el macizo de Rupert Everett, se me plantea una duda. Everett ha declarado en más de una ocasión que buscará interpretar papeles de gays con regularidad. ¿Debería esto ser así? ¿Un gay sólo puede ser interpretado por un gay? ¿No es esto, en cierto modo y supongo que involuntariamente, una forma de autoexclusión?
































