miércoles, noviembre 21, 2007

"¡NO ME ADMIRE MÁS!"

Pues mire, don Fernando, ahora que ya no está usted con nosotros, y por lo tanto no puede pegarme uno de sus gritos mayestáticos (aunque, con esa voz que Dios le dio, sospecho que podría hacerse oír desde el más allá, si le diera la gana), siento decirlo, pero le voy a seguir admirando. Llevo haciéndolo muchos años porque, no se cabree, motivos no faltan: como director se lleva usted en la faltriquera, por lo menos, dos obras maestras: El extraño viaje (1964) y El viaje a ninguna parte (1986). Como escritor, tiene unas magníficas memorias y una de las obras de teatro más aclamadas de los últimos treinta años, Las bicicletas son para el verano (1982). Como actor, qué le voy a decir; es que las entradas de este blog tienen una extensión limitada… Ah, y no se me olvidan cosas como las series El Pícaro y Juan Soldado, verdaderos tesoros en aquella TVE donde ya se empezaba a oler a transición. Claro que también quedan por el camino interpretaciones en películas mediocres (las películas; a usted no le recuerdo mediocre jamás), algunos fallos garrafales como realizador (Fuera de juego (1991), sin ir más lejos), y una trayectoria como novelista a veces manifiestamente mejorable… Y, si me lo permite, en los últimos años, un cierto empeño en granjearse una curiosa reputación como energúmeno. Nadie es perfecto; ya lo dijo aquél.

Supongo que los periódicos de mañana se desharán en sesudas alabanzas al talento de este genial actor, director, escritor y cascarrabias, pero yo me voy a conformar con meter aquí una anécdota sobre él. Inédita, además, porque no se ha publicado en ninguna parte: esta me la contó un músico profesional que trabajó con él hace unos años en la banda sonora de algunas de sus películas. Las sesiones de trabajo solían celebrarse en la propia casa de Fernán-Gómez que, por lo demás, era un estupendo anfitrión… salvo por un pequeño detalle.

La cuestión es que, cuando ya llevaban un rato ahí, Fernán-Gómez interrumpía el trabajo para traer algo al personal. ¿Qué les apetecía, un cafetito, un te, un whisky…? Aquí estaba el truco. Si había más de uno que se apuntaba a tomarse un copazo, don Fernando sacaba un Ballantine’s, un J & B… es decir, un blended normal y corriente. Pero si nadie más quería whisky, entonces lo que sacaba era su pedazo de reserva de doce años, sabedor de que podía degustarla sin competencia. Todo fue más o menos bien, hasta que una tarde un músico que estaba trabajando con él le dijo: Oye, ¿sabes que me está apeteciendo a mí también un whiskycito, viendo lo a gusto que te lo estás tomando tú…? Así que Fernán-Gomez tuvo que ver con horror creciente como la sesión de trabajo se alargaba y el nivel de consunción del doce años bajaba de manera apreciable… Hasta que, por fin, no pudo más, se levantó y pretextando no sé muy bien qué excusa, puso a los músicos en la bendita calle.

Así que descanse usted en paz, don Fernando, que seguro que en el Cielo hay barra libre y etiqueta negra en abundancia. Vamos, es que como no la haya, me temo que le van a oír...

4 comentarios:

Blanche dijo...

Qué bonito Vince, me ha gustado mucho. Se le va a echar de menos....

Anónimo dijo...

En el plazo de unos pocos años se nos han ido unos cuantos irrepetibles: Agustín González, Pedro Beltrán, Francisco Umbral y, ahora, Fernán Gómez. Aún a riesgo de no regresar, me gustaría asistir a esa reunión.

Vidal Sassun dijo...

Siento mucho su muerte. A mí la verdad es que no me convencía siempre como actor, porque tenía demasiada personalidad y eso, a veces, anulaba a su personaje. Pero le envidio por ir a su bola y por no cortarse un pelo cuando le apetecía. Y admiro su trayectoria, por supuesto. Snif.

Ana dijo...

Hola!
Hace unos días vi la silla de Fernando y quedé realmente impactada.
Verla no fue algo premeditado sino fruto de un zapping lleno de desidia y de repente ... absorvida por la tv quedé.
Volveré a verlo entero. También es cierto que las sensaciones que provocó en mí fueron variadas y complejas, pasé por la admiración, el cabreo, el estupor ... y fruto de la mezcla y poso final "tengo que volver a escuchar a este hombre"
Un saludo.