domingo, noviembre 30, 2008

Revienta, que algo queda

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De verdad que siento muchísimo que este video sea en inglés, y si hubiera encontrado una versión subtitulada, la habría metido. Pero incluso así, aunque sólo chapurréen eso que se llama el idioma de Shakespeare, les aseguro que vale la pena entrar.

O quizá no.

¿Tienen ustedes odio africano hacia los reventadores -en inglés spoilers-, esos individuos que babean de gusto contando el final de las pelis a gente que todavía no las ha visto?

Pues esto es todo un récord: ¡cien finales reventados en apenas cinco minutos!

Con velocidad -desde luego-, agilidad y mucha coña marinera. Insuperables los momentos dedicados a Rocky y a Meg Ryan...

martes, noviembre 25, 2008

Una de resurrecciones

Si yo me pusiera en plan Mayra y les pidiera nombres de actores que han interpretado a James Bond, seguro que no les costaría mucho recordarlos a todos. De la misma manera, y aunque es un personaje un poco pasado, si nos pusiéramos a enumerar Tarzanes seguro que todos no, pero sí que sacábamos unos cuantos, comenzando por Johnny Weismuller, siguiendo por el ex de Tita Cervera y acabando con el bizco. Pero ¿Y si hacemos la prueba de recordar Inspectores Clouseau?

Supongo que una respuesta muy común sería “Bueno, pues…Peter Sellers y Steve Martin, ¿No?”.

La verdad es que hay muchos más Clouseaus que esos dos. O, por lo menos, se intentó que los hubiera. Me he acordado del asunto tras ver que Steve Martin no ha tenido bastante con intentar llenar el hueco de Peter Sellers una vez, y ahora piensa reincidir con una segunda parte de La Pantera Rosa de inminente y ominoso estreno. ¿Era necesario?


Es curioso lo de las películas de La Pantera… Creo que no ha habido jamás en toda la historia del cine una serie cuya subsistencia dependiera más de su actor protagonista. Bueno, pues ese actor protagonista está muerto. RIP. Kaputt. Lleva así 28 años. Y nadie le va a resucitar, ni a clonar. Lo cual no ha detenido a eso que se llama la maquinaria de Hollywood a la hora de intentar seguir haciendo dinero con una franquicia que ya no tiene ninguna razón de ser.

La primera tentativa se produjo todavía en vida de Sellers. Después de interpretar a Clouseau en La Pantera Rosa (1963) y El nuevo caso del Inspector Clouseau (1964), el actor perdió todo interés en el personaje; no así la Metro, que quiso repetir de nuevo -tripitir, vaya - y se les ocurrió intentarlo con un actor de mucho talento, pero desde luego sin la vis cómica de Sellers: Alan Arkin (hablamos de él aquí cuando el año pasado le nominaron al Oscar por Pequeña Miss Sunshine). Añadamos a eso que Blake Edwards tampoco estuvo tras la cámara... y tenemos el primer morrón.

Llegan los años 70, y la carrera de Sellers está en franco declive por una serie de películas malas, sosas y olvidables pero maravillosamente bien pagadas, lo que le llevó a hacerlas en plan ristra de chorizos para mantener su elevado tren de vida (No les digo más que en sus viajes a Suiza usaba dos aviones privados; uno para él, otro para el equipaje). Cuando tenía una de esas rachas, Edwards lo encontraba de lo más cooperativo, y la serie se reavivó no con una, sino con tres películas: El regreso de la Pantera Rosa (1975), La Pantera Rosa ataca de nuevo (1976) y La venganza de la Pantera Rosa (1978). Todo va de miedo. Edwards y Sellers se conocen -y se aguantan- como si se hubieran parido, la gente se ríe a carcajadas, y el dinero de la taquilla llega a espuertas. Y entonces, Sellers se muere. Aquí empiezan los despropósitos.

El primero es todo un monumento a la necrofilia: Tras la pista de la Pantera Rosa (1982) se filmó, como es bien sabido, utilizando dobles de Sellers y reuniendo escenas descartadas de las películas anteriores. Esperar que de aquello saliera algo coherente, o siquiera divertido, era mucho esperar, ya que, como bien han apuntado los chicos de The agony booth, si una escena se descarta, suele ser por algo. Para darle un aire más familiar a la cosa, se recurrió a secundarios clásicos de la serie, incluído David Niven, que accedió a rodar una escena repitiendo su personaje del ladrón Charles Litton. El problema es que Niven estaba a su vez tan enfermo que era incapaz de hablar, y tuvieron que doblarle. Todo un festival del humor, vaya. Segundo morrón.

Al año siguiente, se reincidió con La maldición de la Pantera Rosa: Clouseau ha desaparecido, y se necesita otro policía para buscarlo. El elegido es el norteamericano sargento Sleigh, por supuesto tan manazas e incompetente como su predecesor, al que dio vida el cómico televisivo Ted Wass, por aquel entonces muy popular gracias a la –inolvidable- serie Enredo. Al final, se descubría que Clouseau había desaparecido voluntariamente y se había hecho la cirugía estética y todo. ¿Quién lo interpretó brevemente? Roger Moore. Tercer morrón.

¿Fin de la historia? Ni hablar. Diez años después alguien tuvo la genial idea de que podía intentarse una nueva resurrección, esta vez con un actor más joven que interpretara a un hijo ilegítimo de Clouseau. Y así es cómo se rodó El hijo de la Pantera Rosa (1993), que en el Reino Unido se estrenó directamente en vídeo. Y en los demás países donde sí se estrenó, no fue nadie a verla. O sea, que cuarto morrón. Y seguramente son manías mías, pero yo diría que el que su protagonista fuera el muy inaguantable Roberto Milmuecas Benigni algo tendría que ver…

Después de tanto desastre, muy mal tendría que haber estado Steve Martin para hacerlo peor. Con todo, hay más humor en cinco minutos de cualquiera de las cinco películas originales que en toda su nueva versión.

Me he dado cuenta de que dije que hoy hablaría de Peter Sellers, y he acabando hablando de un montón de gente, salvo de él... Lo cual creo que deja muy claro que es insustituible.

jueves, noviembre 20, 2008

La sombra de una duda...

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Si no tienen inconveniente, hoy no voy a contarles nada, sino que más bien se lo voy a preguntar. Es que estoy liado con un articulillo que me ha hecho plantearme una pregunta de vital importancia en la historia del cine y para la cual no tengo la respuesta. Es la siguiente:

¿De verdad hay películas históricas donde aparecen extras con reloj de pulsera?

¿Esto es cierto? ¿O esos supuestos extras no son sino manifestaciones del síndrome de Bin Laden, es decir, que todo el mundo habla de ellos pero nadie los ha visto? ¿Son reales? Y, si lo son ¿en qué pelis salen? ¿Alguien ha visto alguno? ¿Dónde? ¿En qué escena?

Si algún lector puede confirmarme la existencia de uno, que me lo diga con la mayor precisión posible, y así estaremos contribuyendo entre todos al esclarecimiento de una de las mayores leyendas urbanas del Séptimo Arte. Pero, incluso si demostramos su existencia, quedarán más preguntas: ¿Por qué ocurre esto? Es decir, ¿Por qué no se quitan el reloj? ¿Tan bueno es que se lo van a robar si lo descuidan?

Para que no piensen que soy un abusón, les adjunto este vídeo con uno de los casos más flagrantes de extra con reloj que se hayan visto nunca... Pero ustedes ya lo conocen ¿No?.

Por cierto, en el próximo post seguiremos hablando sobre Peter Sellers.

martes, noviembre 18, 2008

¿Hay algún gato por aquí cerca?

“Todas las mujeres se asustan de los ratones”. Con estas palabras Louis B. Mayer, todopoderoso presidente de la MGM, justificó su negativa a apoyar financieramente a un joven dibujante llamado Walt Disney para el desarrollo de un nuevo personaje: un ratón llamado –inicialmente- Mortimer. Disney siguió adelante con su proyecto, y le cambió el nombre a Mickey por recomendación de su esposa. Sin embargo, no lo dibujó él: su concepto original y animación corrieron a cargo de su ayudante Ub Iwerks.

Muchos años después, en 1966, cuando Disney agonizaba en el St. Joseph’s Hospital de Burbank, por el cáncer de pulmón que le produjo toda una vida de fumador empedernido –aunque evitaba fumar en público, sobre todo si había niños cerca- se cuenta que le dijo a su enfermera: “espero que se me recuerde por cosas más importantes que por inventar un ratón”.

Hoy ese ratón cumple, oficialmente, 80 años, pues el corto de animación Steamboat Willie, primero en el que aparecía Mickey Mouse, fue estrenado el 18 de noviembre de 1928. Y digo lo de oficialmente porque algunas fuentes sitúan Plane Crazy –también de 1928- como la primera película de Mickey.

Hace tiempo que dejó de ser meramente un dibujo animado; es el símbolo de un imperio multimillonario, aunque sigue apareciendo en cómics, cortos y videojuegos. Es una de las creaciones de ficción más famosas del planeta, entre otras cosas, debido a que ni siquiera hay que verlo entero para reconocerlo; basta con sus orejas.

Ya saben que tiene una novia, dos sobrinos y un perro.

Y, si quieren mi opinión:

Es un personaje INAGUANTABLE.

domingo, noviembre 16, 2008

Crash

Por lo visto, hoy es el Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico. Pues hay bastante gente para recordar. Les confieso una cosa: mi trabajo me ha dado la oportunidad de viajar bastante, y no le tengo absolutamente ningún miedo a coger un avión; de hecho, si es un vuelo transcontinental y me pagan el billete en primera, lo que siento es bastante gustito… Pero cada vez afronto los viajes en coche con mayor preocupación. En serio, me asalta con creciente frecuencia el pensamiento de que de este no pasas, chaval. ¿Por qué? Por estadística pura; aunque conduzca –o intente conducir- con toda la precaución del mundo, nunca se sabe cómo lo harán aquellos con los que me voy a encontrar.

Supongo que todos, tanto bloguero como lectores, no tenemos que recurrir a los famosos seis grados de separación para encontrar a algún ser querido que se nos haya ido en la carretera. Yo puedo mencionar –y mandarles un recuerdo- a mis primos Íñigo y Bruno, a mi ex compañero y siempre amigo Mijail, y a mi amigo Monchín, que es el único de los cuatro que queda para leer esto –habitualmente lo hace-, aunque la bestia parda que se llevó por delante su moto le ha dejado para siempre caminando como House. Eso sí, les garantizo que no ha perdido su sentido del humor... bastante más sano que el de House.

Y el mundo del cine tampoco se ha librado. Un somero repaso a los actores fallecidos en accidente arroja nombres como Jayne Mansfield, la rubia explosiva que fue lanzada en su día como una respuesta a Marilyn, y cuyo coche se empotró de madrugada contra la trasera de un camión que iba como a veinte por hora; Grace Kelly, despeñada con su hija Estefanía por las cuestas de Mónaco en circunstancias que hicieron correr mucha tinta en todo el mundo; o Desmond Llewelyn, el actor inglés recordado por los fans de James Bond como “Q”, cuyo automóvil sufrió un choque frontal contra otro cuando realizaba una gira para promocionar su libro de memorias. Las heridas sufridas fueron demasiado para su organismo de 86 años.

Pero nos estamos dejando al más famoso de todos.

Sobre el accidente de coche que mató a James Dean se ha hablado y escrito mucho, y ha dado no poco material a aficionados a las anécdotas e investigadores de lo para anormal, tipo Friker Jiménez. Se sabe que le pusieron una multa por exceso de velocidad dos horas antes del accidente; y una investigación exhaustiva demostró que el actor, en contra lo que se rumoreó, no sobrepasó los límites de velocidad cuando se pegó el topetazo con su Porsche. La anécdota más conocida, posiblemente, es el hecho de que, unos días antes de su muerte, grabó una película para la prevención de accidentes de tráfico, donde reconocía haber hecho el loco con los coches cuando era más joven y recomendaba a los chavales que condujeran con cuidado, porque “la vida que salvéis puede ser la mía”.

Gracias a Internet, quienes quieran ver el spot lo tienen aquí:




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P. D. El Crash utilizado en el título de esta entrada –y en la primera foto- no hace referencia a la oscarizada película de Paul Haggis, sino a otra, menos popular, dirigida por un David Cronenberg más tortuoso que nunca, que ya es decir, sobre un grupo de personas que se excitan sexualmente con los accidentes de tráfico. Hay gente pa tó, como decía aquél.

P. P. D: Por cierto, el actor que aparece en el corto haciendo como que entrevista a Dean es Gig Young, uno de los grandes secundarios de los años 50 y 60 que ganó el Oscar al Mejor Actor Secundario por Danzad, danzad, malditos (1969). En 1978, tres semanas después de casarse con su quinta esposa, 43 años más joven que él, la mató de un tiro y luego se suicidó.

Vaya, me ha quedado esto un poco macabro hoy… venga, mañana hablamos de Mariano Ozores (por lo menos).

miércoles, noviembre 12, 2008

Cesta de Navidad (2). La Gran Estafa

La edición de esta película en DVD me ha sorprendido, porque estaba tan olvidada que incluso el título de La gran estafa se ha utilizado hace poco para otra cinta más reciente. Quiero decir que a nadie se le ocurriría titular ninguna película, no sé, El espíritu de la colmena, Tarde de perros… Pero La gran estafa, la original quiero decir, muchos no deben saber ni que existe.

Grave error. Esta película, que en su momento pasó bastante desapercibida, es uno de los mejores thrillers policiacos estrenados en la década de los 70. Detrás de la cámara estaba Don Siegel, ese señor que nos trajo, entre otras cosillas, Código del Hampa (The Killers, 1964), Brigada Homicida (Madigan, 1968), Harry el Sucio (Dirty Harry, 1971) o Fuga de Alcatraz (Escape from Alcatraz, 1979). Con esta no tuvo la misma suerte, y sin embargo, está a la altura de todas las que he mencionado. En serio.

Vamos con la historia. De entrada, ese título español fue una de esas grandes inspiraciones con que nos torturan los distribuidores porque en la trama, estafas, lo que se dice ni una. Mucho más adecuado es el título original, simplemente el nombre del protagonista, Charley Varrick. Pues esta es, en efecto, la historia de Charley Varrick (Walter Matthau), “el último de los independientes”, como reza la frase promocional del tráiler (aquí abajo). ¿Independiente en qué? Pues en atracar bancos, tarea que lleva haciendo toda la vida con su banda de siempre, sin tener nada que ver con otros atracadores ni con el crimen organizado, y que le ha servido para ganarse la vida sin excesivas complicaciones.

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Hasta ahora, claro. Porque al principio de la película, Varrick y los suyos le tienen echado el ojo al banco de un pueblecito de Nuevo México. Pero -en una secuencia que es toda una lección de cómo hay que rodar y montar un atraco para dejar al espectador clavado a la butaca- las cosas no acaban de salir bien. Y salen peor todavía cuando Charley le echa un vistazo al botín: 750.000 dólares de 1973. Mucho dinero para el banco de un pueblecito de mala muerte. Sólo hay una explicación posible: el banco era una tapadera de la Mafia. Y ahora la tiene detrás.

El argumento tiene algunos puntos en común con No es país para viejos; incluso aparece un asesino implacable enviado por los gángsters para recuperar el dinero cueste lo que cueste, aunque no se parece a Javier Bardem, sino que lo interpreta de un modo completamente distinto el excelente secundario Joe Don Baker (que en la carátula de este DVD, por cierto, aparece como "Jon Joe Baker". Para echarse a temblar...). Pero aquí acaban todas las similitudes. Porque el protagonista de la cinta de los Coen, al que daba vida Josh Brolin, era, por así decirlo, un aficionado en una situación que le desbordaba.

Y Charley Varrick, ya lo hemos dicho, es un profesional.

Siempre un paso por delante de los mafiosos y el FBI –que también se ha apuntado al asunto-, Varrick lucha con fuerzas muy superiores sin perder los nervios, utilizando como armas principales el cerebro, la astucia y sus muchos años de experiencia. Es un canto, desde luego, a los independientes, a los que van por libre, algo que el propio Don Siegel fue durante buena parte de su carrera, siempre luchando por ser él frente a las presiones de los estudios. Aquí lo consiguió. No se la pierdan.

lunes, noviembre 10, 2008

Sacando jugo

Lo que distingue al recientemente fallecido Michael Crichton de otros fabricantes de bestia-sellers no son sus habilidades literarias, sino el haber combinado su tarea de escritor con la de productor y director de cine. Ha sido, por así decirlo, un hombre del sistema casi desde los inicios de su carrera, cuando se decidió a dirigir Westworld, almas de metal (1973), cuya nueva versión, se dice, estaba escribiendo cuando se lo ha llevado el cáncer.

Me temo que no me cuento exactamente entre sus fans, y lo considero más bien eso que los yanquis llamarían un one-shot, es decir, un tipo que tiene un sólo gran éxito y desde entonces vive espléndidamente de él. Pero claro, vaya éxito: su novela de 1990 Parque Jurásico, que se convirtió en su mayor éxito de ventas y en una máquina de generar dinero a través de sus adaptaciones cinematográficas.

Justo es reconocer que Parque Jurásico es otra cosa más: una novela endiabladamente entretenida, que sabe sacar el máximo partido de un tema tan apasionante como la clonación de animales, combinando el suspense de la trama con la divulgación científica. Chapeau. Lo pasé tan bien con ella, que no me importa confesar que la peli de Spielberg me pareció floja, floja, floja (Me gustó mucho más la versión de El Jueves, donde el tiranosaurio se peleaba con los velocirraptores gritando: "¡arribistas! ¡trepas! ¡yo siempre era el rey en las pelis de dinosaurios!"). Pero luego sacó El mundo perdido y, aparte de plagiar el título de Sir Arthur Conan Doyle, el libro es que dormía a los triceratops.

Fue, creo, el principio de una decadencia creativa, que no monetaria, pues desde ese momento cualquier cosa con el sello Crichton se vendía como pan caliente, independientemente de su calidad. Es verdad que tuvo buenas ideas como Urgencias –que se le ocurrió ¡en 1970! y no pudo vender a nadie-, pero también escribió -y en ocasiones, añadiendo el insulto a la infamia, produjo la película- engendros como Sol Naciente (1993), Acoso (1994), Congo (1995), Twister (1996), Esfera (1998)… Lo mejor que se puede decir de ellas es que, cumplida su misión de recaudar pasta, han caído en un misericordioso olvido.

El Crichton que prefiero es el anterior, y más como director de cine que como escritor. Es curioso: quizá antes de que le llegara la fama y la fortuna consideraba que tenía que esforzarse un poco más, pero en los años 70 y 80 dirigió cintas tan interesantes –y tan simpáticas todavía- como la antes mencionada Westworld (que, por cierto, va de otro parque de atracciones futurista que se estropea. ¿Le pasaría a este hombre algo de niño en Disneylandia?), Coma (1978), sobre tráfico de órganos, o Runaway, brigada especial (1984) uno de los conceptos más plausibles que he visto sobre la incorporación de robots a la vida cotidiana. ¿Les apetece verse un Crichton que no tiene nada que ver con el futuro? Busquen El primer gran asalto al tren (1979), con Sean Connery y Donald Sutherland. La edición de DVD básica –la única que hay- está a cinco euros.

Y que descanse en paz.

viernes, noviembre 07, 2008

Cesta de Navidad (1): El último de la lista, de John Huston


No, no me vengan con eso de que es prontísimo; algunas cosas hay que hacerlas con tiempo, y además seguro que a muchos de ustedes ya les están empezando a dar la lata con el tema de los regalos de Navidad: que si qué le busco a este, que si le gustará esto a fulanito, o que si para qué le voy a regalar nada a menganito si es un cretino de marca mayor. Vaya, lo de todos los años. Pero esta vez, modestamente, voy a intentar echarles una mano.

¿Regalar cine? Pues claro; si no fuera por las películas que se compran con este fin, y por los packs de series televisivas, la industria del DVD estaría agonizando. Lo que pasa es que, a la hora de buscar títulos, mucha gente se tira a por lo fácil; en este caso lo fácil es, supongo, la última de Indiana Jones, del mismo modo que otros años ha sido el pack definitivo (juas, juas, y rejuas… disculpen) de Star Wars, la saga de Piratas del Caribe o la de Harry Potter. Pero aquí vamos a intentar ser un poco más originales.

Hoy comienzo con mis sugerencias navideñas. Son películas quizá no demasiado conocidas, desaparecidas durante muchos años o incluso olvidadas, pero que siguen manteniendo un nivel de calidad más que apreciable y, además, están disponibles en DVD. Perfectas para regalar o regalarse. Por supuesto, siempre está la posibilidad de que ustedes me hagan caso y luego decidan que la película que les he recomendado es un verdadero truño… pero la vida es riesgo, y creo honestamente que, en general, pueden fiarse de mis recomendaciones.

Así que vamos a comenzar con El último de la lista (The list of Adrian Messenger), rodada por John Huston en 1963, desaparecida de la circulación durante años y felizmente recuperada en DVD por Universal. Esta película, que entra sin complejos en la intriga policiaca–está basada en una novela del especialista en el género, Philip Mac Donald- se hizo famosa por los motivos equivocados. En el vídeo adjunto tienen los diez primeros minutos, títulos de crédito incluídos, donde se anuncia la participación, entre otros, de Tony Curtis, Frank Sinatra, Robert Mitchum y Burt Lancaster. No los busquen. O búsquenlos, pero no pierdan mucho tiempo en ello, porque esto es una bromita de Huston. Estas cuatro estrellas aparecen, es cierto, pero en papelitos breves y tan intensamente caracterizados –cortesía del mago del maquillaje, Bud Westmore- que resultan casi irreconocibles.

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Los verdaderos protagonistas son Kirk Douglas y George C. Scott, y el desencadenante de la trama es la mencionada lista que Adrian Messenger entrega a su amigo Anthony Gethryn (Scott), para que la guarde en el caso de que a él le ocurra algo. Poco tiempo después, muere en un accidente aéreo que no es tal accidente. Gethryn se da cuenta de que casi todos los nombres que aparecen en la lista han sufrido una suerte muy parecida a la de Messenger; una cadena de asesinatos disfrazados de muerte accidental, organizada por un metódico criminal (Kirk Douglas, y al decirles esto no les reviento nada) dispuesto a eliminar a quien haga falta para convertirse en beneficiario de una cuantiosa herencia. Gethryn debe adelantarse al asesino antes de que este complete su cadena de crímenes; el enfrentamiento final llegará durante una caza del zorro celebrada en la finca del marqués de Glenyre, a la que Douglas, que además de asesino es gorrón, también se ha hecho invitar.

Si no la recuerdo mal, es tan entretenida como suena, y además tiene sorpresilla final. Por cierto, a Huston le vino de perlas el rodaje, porque le permitía trabajar en su amada Irlanda donde tenía castillo propio y pertenecía a la sociedad de cazadores de los Galvay Blazers. Lógicamente, a la hora de rodar las escenas de la caza del zorro, recurrió a su sociedad… y estos le dijeron que de ninguna manera, cuando se enteraron de que las escenas de caza estarían trucadas y que deberían seguir un rastro artificial en lugar de uno auténtico. Tuvo que conformarse con los Harriers de Dublín, menos puntillosos.

miércoles, noviembre 05, 2008

Resaca electoral



Con las elecciones americanas todavía calentitas, hay una cuestión que me gustaría plantear. Se me ocurrió el sábado pasado –pero he tenido mucho lío y no he podido sentarme al teclado hasta hoy- cuando padecí, digo, escuché, a Juan Tejero hablando con Montserrat Dominguez sobre cine y presidentes americanos en A vivir que son dos días. Tras media hora de rollo -aquí tienen el audio, que no se diga que me invento cosas-, llegué a una conclusión: en la SER pagan a sus colaboradores por tópicos.

Veamos: a la hora de recordar películas con el presidente de Estados Unidos, presentadora y, ejem, experto, parecían decantarse casi exclusivamente por lo facilón y pachangero oh yeah, es decir, cosillas como: Deep Impact (1998. Presidente: Morgan Freeman), Independence Day (1996. Presidente: Bill Pullman), Mars Attacks (1996. Presidente: Jack Nicholson), Air Force One (1997. Presidente: Harrison Ford) Dave, presidente por un día (1993. Presidente: Kevin Kline), ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (1964. Presidente: Peter Sellers), por supuesto teniendo los dos bien a mano el (esto léase con acento de doblador portorriqueño): ¡Manual del Crítico de Cine Enrollado marca ACME!.


A saber: Independence Day es una película mala, no porque sea mala, que sí que es mala (¿me siguen?), sino por ser patriotiera, militarista y pro yanqui. Vaaaaale. Por el contrario, Mars Attacks es buena, no porque sea buena, que sí que es buena (no se pierden ¿no?) sino por ser una sátira que ataca ferozmente a la sociedad estadounidense. Dios santo, qué bostezos a esas horas de la mañana. Y, por supuesto, ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú debe ser calificada sin pestañeos como obra maestra, aunque cada vez seamos más los que pensamos que –como buena parte de la filmografía de Kubrick- los años le han sentado peor que a Massiel…

En fin; por lo menos tuvieron el buen sentido de acordarse de Punto Límite (Fail Safe, 1964. Presidente: Henry Fonda) con una trama muy similar a ¿Teléfono Rojo?, sólo que aquí en serio, filmada en el mismo año y también producida por Columbia. En cambio, ni una palabra sobre cintas tan estimulantes como Siete Días de Mayo (1964. Presidente: Fredric March) de John Frankenheimer (¡Cuántas películas maravillosas hizo este hombre, y qué poco se le recuerda hoy!), Nixon (1995. Presidente: Anthony Hopkins), Primary Colors (1998. Presidente: John Travolta), o algunas donde el presidente de Estados Unidos no sale en persona, pero es el detonante de toda la trama, como La cortina de humo (Wag the Dog, 1997) y una obra maestra absoluta: Todos los hombres del presidente (All the president’s men, 1976).

Pero lo divertido fue lo de la raza. Hablando de Deep Impact, una de las primeras películas en presentar a un presidente negro, se comentó que Steven Spielberg (que, por cierto, no fue el director de la película, sino solo su productor) sólo podía concebir un presidente negro en una cinta de ciencia-ficción… aquí, para variar, discrepo. Mi teoría personal es que el cine se adelantó a la realidad. Deep Impact se rodó hace sólo diez años, en 1998, y es más que probable que se pensara que la sociedad yanqui ya estaba preparada para ver a un presidente negro… aunque fuera en el cine. En los años posteriores, la serie 24 nos ha ofrecido no a uno, sino a dos presidentes negros (vale, eran hermanos, pero de todos modos… y en la nueva temporada el presidente es una mujer) y poco a poco, la imagen de un negro en el Despacho Oval ha dejado de resultarnos extraña. Desde hace unas horas, ya es una realidad. ¿Es posible que el cine haya tenido algo que ver?