martes, enero 15, 2008

La venganza del guionista


¡Esta noche tenemos House! Pero no hay que hacerse ilusiones, porque sé de buena tinta que solo van a emitir diez minutos del episodio nuevo. El resto, repeticiones. El motivo es que, con la huelga de guionistas de Hollywood, Cuatro sólo ha recibido trece episodios de la cuarta temporada en lugar de los 24 habituales, y claro, tienen que estirar su producto estrella…

Vale, lo de los diez minutos es broma. Lo otro, no. La huelga de guionistas en Hollywood está tomando un cariz cada vez más serio, y no sólo en la industria del cine: muchas series de televisión han tenido que interrumpir el rodaje por falta de guiones. Y de las ceremonias, ni hablamos. A Javier “tazón” Bardem le van a enviar el Globo de Oro por Seur (enhorabuena, por cierto... y ahora, a por la parejita), y habrá que ver qué pasa con la ceremonia de los Oscar.

Es curiosa esta presión de los guionistas. Los patitos feos de la industria han empezado a graznar, y no tienen pinta de que vayan a callarse. Digo que es curioso, porque durante mucho tiempo la figura del guionista no fue excesivamente considerada en Hollywood. David Niven contaba en sus memorias el caso de la chica contratada como guionista en un estudio: en su primer día, el jefe le enseñó su mesa de trabajo y le dijo: “Bueno, señorita, aquí ya sabe que esperamos el máximo rendimiento de nuestros guionistas, así que esos lápices que hay en su escritorio… espero que mañana por la mañana estén todos por la mitad. ¡JUA, JUA, JUA!”.

Fue la escasa consideración a este gremio lo que produjo la aparición de uno de mis directores favoritos, Billy Wilder. Este empezó como guionista y, según confesó, nunca tuvo intención de convertirse en director. Hubiera sido muy feliz limitándose a escribir guiones. Pero en 1941 escribió el guión de Si no amaneciera, una película protagonizada por Charles Boyer, donde su personaje debía esperar en México hasta que le concedieran los papeles para entrar en Estados Unidos. Para indicar la desesperación del personaje, Wilder incluyó una escena donde Boyer, tras seis semanas de espera del visado, estaba tumbado en la cama del hotel cuando avistaba una cucaracha en la pared… y se desahogaba con ella. “¿De dónde has salido tú? ¿Dónde están tus papeles? ¿Cuál es el propósito de tu viaje?”.

Wilder estaba encantado con la escena, pero el director de la película, Mitchell Leisen, le comunicó que no se filmaría. El motivo: Boyer, una de las grandes estrellas de la época, se negaba a interpretarla. Él no hablaba con cucarachas. La consideraba ridícula. Wilder tuvo que tragarse la bilis y aceptar, pero desde ese momento se juró que ninguna estrella volvería a hacerle algo así. Y la única manera de asegurarse de ello era dirigir sus propios guiones.

Así fue como se convirtió en director. Y en lo sucesivo, se ganó una verdadera fama de tirano en los rodajes por exigir a sus actores que recitaran todo el guión palabra por palabra. Hasta la última coma.

Y, sí, la foto que he escogido es la de su tumba... ¡Pero no me negarán que esto sí que es un epitafio!.

5 comentarios:

Blanche dijo...

Genial!

http://japa dijo...

Que Dios bendiga a Charles Boyer: le debemos mucho a su egoocentrismo.

lotero dijo...

Muy bueno, Vicen. No había visto la imagen de la tumba de Wilder y bueno, sí, hay algo perfecto: ese epitafio.
Tampoco está mal lo que puede dar de sí la reunión de un cursi y una cucaracha.

lotero dijo...

Muy bueno, Vicen. No había visto la imagen de la tumba de Wilder y bueno, sí, hay algo perfecto: ese epitafio.
Tampoco está mal lo que puede dar de sí la reunión de un cursi y una cucaracha.

Anónimo dijo...

Es que el cine de verdad depende de buenos guiones. Lo que carece el cine español - una vez mas tenemos que hablar de este desastre - es de guionistas, sobre todo, de actores solventes y directores que tengan una somera idea de que va la cosa. Salvo las excepciones de rigor, Erice, Amenabar y Garci (este no siempre), éste desierto parece que no hay quien lo pare.