jueves, octubre 26, 2006

Célibe en San Simeon


Hablábamos ayer de Orson Welles, y hoy me fijo en uno de los lápices que tengo dispuestos en la misma mesa donde escribo este blog: blanco, con goma y las palabras "Hearst Castle" en negro. Me he resistido siempre a utilizarlo, por los recuerdos que me trae.

William Randolph Hearst fue, como todo el mundo sabe, el magnate en el que Welles se basó para construir el personaje de Charles Foster Kane en Ciudadano Kane. Y es también sabido cómo utilizó todo su poder, que no era poco, para boicotear la película, ya que el retrato que de él se hacía en la misma no acababa de gustarle. El mejor ejemplo de su personalidad un tanto megalómana es, precisamente, su “casa”, el castillo Hearst o, como se le conocía entonces, San Simeon. Si alguna vez pasan por la carretera 1, conocida también como la Panorámica, entre San Francisco y Los Angeles, no dejen de reservar un par de horas para visitarlo. No se tarda menos, pero merece la pena.

Si alguna vez ha habido una mansión acorde con los gustos más extravagantes de un multimillonario, ésa ha sido San Simeon. Con más de 200.000 acres de terreno, y construida en la cumbre de una montaña, es un despropósito de mármoles, caobas y obras de arte traídos a golpe de chequera desde todos los puntos de la Tierra (arriba, una de sus piscinas). Refugio de estrellas durante los tiempos del Hollywood dorado, David Niven recuerda en uno de sus libros de memorias cómo pasó la noche en una cama que había pertenecido al cardenal Richelieu. También recuerda otra cosa: su acompañante en esa visita era una joven actriz con la que andaba en relaciones, pero Hearst exigía a sus invitados no casados el celibato más total, así que fueron hospedados en habitaciones separadas. Como tiran más dos de eso que dos carretas, Niven se levantó en plena noche para hacer una incursión al dormitorio de su novia. El recorrido hasta el incluía varios pasillos y salones. A medida que avanzaba por ellos, las luces se iban encendiendo. Como esto ocurrió antes de que se inventaran los sensores de movimiento, Niven no tardó en concluir que su paseo nocturno estaba siendo cuidadosamente monitorizado. Dio media vuelta, volvió a su cuarto, y tuvo que olvidarse del sexo durante el resto de su estancia.

Cabe decir que, al tiempo que imponía estas severas normas a sus huéspedes, Hearst vivía en feliz amancebamiento con la actriz Marion Davies, pero ya se sabe: haz tú lo que bien digo, y no lo que mal hago, que se dice.

5 comentarios:

Lynx dijo...

Im-presionante. Aquí le cuelgo una foto de la otra piscinita de la choza:
http://img78.imageshack.us/img78/913/cimg0087zy2.jpg

Vince dijo...

Gracias, Lynx, aunque no funciona como vínculo directo; hay que copiar la dirección arriba. Por cierto, ese tipo de las gafas de sol ¿Es Harrison Ford?

LE BLOG dijo...

Yo de esta "cabañita" tengo dos postales que me trajeron con un cartel de "TENGO QUE CONOCERLA", deseandito estoy...

LE BLOG dijo...

Por cierto Vince el de las gafas de sol parece más R. Gere que H. Ford.

Paulova dijo...

Bueno, me parto con David Niven, qué tío... ¡Toma ya pisciniquis! Pero a mí el señor de las gafas, ni a Gere ni a Ford... jeje...