viernes, octubre 17, 2008

"Ese", oscuro objeto de deseo

Cuando el cine nos alcanza, esto es, cuando ya vamos teniendo edad suficiente como para empezar a ver películas ambientadas en los años de nuestra juventud, es posible que se produzca un hecho curioso: que algo en nuestro interior nos diga que las cosas no fueron exactamente así. Que falla algo, vamos, y no tenemos claro si es que en efecto el guión de determinada cinta tiene anacronismos, o es que el Alzheimer ya empieza a hacernos estragos en la materia gris.

Es lo que me está pasando con esta película que se ha estrenado hoy, Los años desnudos, donde se nos cuenta la historia de tres chicas que, a finales de los 70, participan en eso que se llamó cine “S”, y que a los lectores más jóvenes les sonará como más desfasado que los humoristas del Un, dos, tres, si es que les suena. No la he visto aún, pero por lo que he leído sobre ella yo diría que aquí hay una cierta confusión con lo que uno recuerda, o quizá que se está mezclado el cine “S” con él, mucho más extendido y, este sí, íntegramente nacional, cine del destape. No eran lo mismo.

El origen del cine “S” hay buscarlo en el sistema de clasificación moral de las películas en unos tiempos en que la jerarquía eclesiástica tenía muuuucho que decir por aquí. Todavía más que ahora, vamos. Ninguna película se libraba de ser estrenada sin su correspondiente calificación moral, que podía enclavarse en las siguientes categorías: (1): Todos los públicos. (2): jóvenes (es decir, mayores de 14 años). (3): Mayores (de 18 años, se entiende). (3R): mayores con reparos, y (4): Gravemente peligrosa.

El hecho de que hubiera dos categorías por encima de la mera clasificación de 18 años hacía pensar que el visionado de una “4” suponía un viaje sin retorno a las calderas de Pedro Botero, pero es que la Iglesia no estaba ni preparada para la que se le vino encima en los tiempos de la Transición: ya hablando de los estrenos de 1976, el crítico del equipo Reseña Angel A. Pérez Gómez se refirió al “cine de entrepierna. Resulta abrumadora la explotación del tema que ha efectuado con pésima habilidad el cine español de este año”, y citaba como ejemplos no sólo el taquillazo celtibérico del año La lozana andaluza, de Vicente Escrivá, sino títulos tan explícitos como Los placeres ocultos, Susana quiere perder… eso, Call Girl, La menor, Más fina que las gallinas, y algunos más.

Como la desaparición de la censura impedía prohibir tanto libertinaje, la solución de la Junta de Clasificación fue sacarse de la manga una nueva categoría: la “S”, aplicable a títulos que, como bien se advertía en la publicidad de las cintas “contienen imágenes que pueden herir la sensibilidad del espectador”.Creo -no estoy seguro- que la clasificación comenzó a funcionar en 1977, y se mantuvo vigente hasta 1983, cuando el establecimiento de las salas X –y, sobre todo, el auge del vídeo doméstico, que permitía ver porno tranquilamente sin moverse casa- la dejaron sin razón de existir.

De todos modos, con las “S” pasaron dos cosas:

La primera, que la clasificación no se otorgaba únicamente por el contenido sexual; lo que entonces se consideraba violencia más allá de lo permisible también valía para obtenerla. Y, a la hora de calificar, el nombre del director no importaba demasiado, con lo que cineastas del calibre de Osima y Pasolini, por citar dos, vieron mezclados algunos títulos inmortales con las últimas guarrindongadas celtibéricas. También se estrenaron como películas “S” el clásico hoy superadísimo de Wes Craven Las colinas tienen ojos, o la primera entrega de Mad Max, que hoy le arranca bostezos de media hora a cualquier quinceañero aficionado al Killzone.

Y la segunda, que nadie parecía haber tenido en cuenta que la represión que atenazaba como la gripe a tantos españolitos convertía la “S” en el equivalente de un tanque de cerveza Duff para Homer Simpson, o el de un cartel de Toys’ re Us para Michael… Bueno, la cuestión es que la “S” se convirtió en un imparable reclamo comercial, hasta el punto de que muchos productores estaban dispuestos a hacer lo indecible para conseguirla en sus estrenos. Sólo tres años después del párrafo anterior, Pérez Gómez contaba el caso del film de Jose Antonio Barrero La sombra de un recuerdo:

“Ha sido rebautizado por el distribuidor como El violador y sus mujeres a la sombra de un recuerdo y clasificado, claro, con el anagrama “S””.

Consiguiendo, añadiría yo, uno de los títulos más lisérgicos de la historia del cine patrio.


P. D. Algunos de los carteles que ilustran este post han sido obtenidos de la página web http://www.todocoleccion.net/ . Dense una vuelta por ahí, que merece la pena.

10 comentarios:

Lego y Pulgón dijo...

Yo no soy mucho de Killzone (en el Hogar del Pensionista no nos lo dejan), pero sí recuerdo estar sentada en mi butaca viendo Mad Max, con los puños apretados y las manos frías como el hielo, jurándome a mí misma no volver a ver una película tan violenta JAMÁS. Luego llegó "Reservoir Dogs",

José Antonio Peñas dijo...

Por no añadir que las pelis supuestamente peligrosas lo eran, pero por aburridas. Jamás he sido capaz de ver la escena de la mantequilla de "El último Tango" porque empiezo a dar cabezadas mucho antes, y Emmanuelle me pareció de una sosez apabullante. Al menos las de Esteso y Pajares no engañaban: en sus carteles prometían mozuelas en cueros, persecuciones entre dormitorios y cachondeo, y el que quisiera ver Arte podía pasarse por el Prado.

Recuerdo con cariño un chiste de Forges de hace la torta de años, Mariano y Concha saliendo de ver "Novecento" y Mariano comentaba indignado
– Son unos mentirosos ¡Tetas, sólo salen cuatro!

Paco Fox dijo...

No veas las risas que nos echamos hace unos años en mi trabajo cuando hicimos un documental sobre el cine S para el canal DCine Español. ´Fue acompañado por una sesión triple que incluía la mítica 'El fontanero, su mujer...', una de Jesús Franco y otra, creo recordar, de Iquino (¿La caliente niña Julieta?). El resultado: la audiencia más alta de la historia del canal. Y eso que las pelis eran realmente infumables.
Con todo, el título S que más me turbó en la infancia fue 'Sueca Bisexual busca Semental', quizá por las implicaciones zoofílicas que el tema tenía en mi impresionable mente infantil.

Vince dijo...

Peñas, yo creo que una consecuencia de la ola de erotismo que nos invadió fue que películas como El último Tango (que es de la etapa de Perpignan) se mezclaran con Emmanuelle y adláteres. Y las de Esteso y Pajares, yo diría que no tenían NADA que ver con el mundo S.

Y a mí sí me gustó El último tango; aunque no sé qué tal aguantaría un nuevo visionado. Por cierto, soy de los que desayunan con aceite de oliva.

Vince dijo...

Paco: le considero toda una autoridad en la materia después de la historia de su entrevista de trabajo que he podido leer en su blog (www.vicisitudysordidez.blogspot.com). No todo el mundo puede decir que le han llamado para sustituir al mítico director de "El fontanero..." ¡Y que ha hablado con él!

Eso sí, le falla la memoria un pelín: el título exacto era "Sueca bisexual NECESITA semanal", no "busca". Aunque creo que estamos de acuerdo en que el título glorioso, único, de aquellos años fue el de "Caray con el mayordomo, qúé largo tiene el maromo". Insuperable, si quiere mi opinión.

José Antonio Peñas dijo...

"Semental", señores míos, no "Semanal"

Y otros gloriosos títulos, que ignoro si son patrios o se trata de obras maestras de los traductores/adaptadores, son para mí "Vamos todos a la carga con la cosa que se alarga" y "Caray con el mayordomo, que largo tiene el maromo"

Mencioné las pelis de la pareja Esteso/Pajares no por ser S, sino porque al contrario que las S, no se disfrazaron con ninguna supuesta patina cultural o progresista: sólo eran la natural evolución de las pelis de picardías y liguero de los primeros 70, eso sí, sin la arrolladora presencia de Alfredo Landa, que era capaz incluso de hacer creíble que las suecas persiguieran iberos bajitos

Paco Fox dijo...

José Antonio: Claro. Con el tiempo, queda claro que las pelis de Ozores era entretenimiento bufo la mar de simpático, mientras que ciertas cosas como 'La Siesta' no dejaban de ser bazofia con coartada cultural.

Respecto a 'El último tango', a mí me aburrió. Claro que soy de la opinión que, salvo muy contados casos (Verhoeven a la cabeza), las escenas de sexo suelen ser innecesarias en las películas. El folleteo es algo bastante mecánico y aburrido de ver si no es para hacerse una pajilla. A mí suele cortarme el ritmo y sacarme de la película. A no ser que el polvo se estructure con una intención narrativa interesante. Que no suele ser el caso.

Anónimo dijo...

Entre tanto experto, seguro que me aclaran la siguiente duda. No sé si se trata del título de una película, pero si no es así, por favor, que alguien la haga. El título en cuestión es: "Si no soy Curro Jiménez, por qué tengo este trabuco". Lo considero a la altura del mítico mayordomo.

Vince dijo...

Parece que estamos gafados con los títulos; cuando quiero corregir el de la sueca, meto la pata.. es cierto, es "semental", claro. En cambio, sobra el "vamos" en el título siguiente, Peñas.

Bien. Anónimo, sobre el tema de Curro Jiménez (vaya nivelón hoy en el blog, señores), a mí también me suena, pero no tengo pruebas. Lo que le recomiendo es este magnífico enlace que me acabo de encontrar comprobando lo del mayordomo, y que es, creo, la relación más completa de títulos de estos que se puede encontrar. Suerte.

www.webpersonal.net/kativa/humor/cine.htm

José Antonio Peñas dijo...

Todo un hallazgo, Vince, un homenaje a la lírica popular, repleta de sensibilidad.

Repasándolos me viene a la cabeza un comentario de profesor Cojonciano (de El Jueves) hablando sobre el asombroso volumen de películas imposibles que podía encontrarse en los videoclubs de los finales 80: un cliente ojeaba la cinta "Comando Loco en Tanganika" y se preguntaba "¿Esto lo han filmado de verdad, o han montado cachos que les sobraron de otras pelis?