jueves, julio 31, 2008

¿Un mal trabajo?


Uno de mis remedios de siempre contra el abatimiento o la flojera es ponerme unas cuantas escenas de Uno, dos, tres (1961), de Billy Wilder. Te carga las pilas con más eficacia que una bañera de Red Bull. Ya lo dejó claro Wilder cuando empezó a planearla junto con su colaborador I. A. L. Diamond; se dice que en la primera página del guión se lee la frase. “Esta pieza debería tocarse molto furioso. Velocidad sugerida: 110 millas por hora en las curvas, 140 en las rectas”.

Y eso es justo lo que ocurre. Uno, dos, tres no es una película, es una montaña rusa de la que no te quieres bajar. En el caso improbable -e imperdonable- de que alguien no la haya visto, recordemos a grandes rasgos el argumento: James Cagney interpreta a C. R. MacNamara, director de la filial de Coca-Cola en el Berlín Occidental, al que su jefe de Atlanta le comunica que va a enviarle a su hija de 17 años para que se quede con él y su familia durante unas semanas. Aunque le cuesta las vacaciones, MacNamara accede, porque ve una posibilidad inmejorable de hacer méritos. El problema es cuando, un tiempo después, se entera de que la inocente chiquilla se ha estado escapando todas las noches al Berlín Oriental y se ha casado con un revolucionario. La solución es hacer que los propios comunistas arresten al novio acusándole de traidor, y santas pascuas. Lo malo es que, una vez conseguido esto, MacNamara se entera de que a) la hija de su jefe está embarazada y b) su jefe llegará dentro de 24 horas a Berlín en una visita sorpresa. Por tanto, tiene 24 horas para sacar al novio de la cárcel, traerlo a Berlín Occidental y convertirle en un capitalista -aristócrata, además- que resulte presentable a sus futuros suegros.

Bueno, a medida que escribía este resumen, se me han ido agolpando en la memoria las docenas de chistes, golpes y situaciones inesperadas que tiene la película; Wilder, como de costumbre, no se corta y reparte a lo Bud Spencer, a izquierda y derecha, arriba y abajo, a americanos, soviéticos y alemanes; esa visita de la delegación rusa (“Tome un sigarrrro; son cubanos. Nosotrrros les damos cohetes, y ellos sigarrrros puros”. “¡Cof! Oigan, les han engañado. ¡Este cigarro es de la peor calidad!” “No preocuparrrr. Nuestros cohetes también peorrrr calidad”), esos empleados de la fábrica, que se levantan como un solo hombre cuando pasa MacNamara; ese retrato que hace del presidente de la Coca-Cola, y de la propia Atlanta (“Eso es Siberia con discriminación racial”), y, por supuesto, esos últimos cuarenta minutos, donde James Cagney demuestra que ningún otro actor hubiera podido interpretar el papel del brillante, sinvergüenza, cínico, tramposo y encantador C. R. MacNamara, a medida que se mueve sin parar de un escenario a otro disparando el diálogo como las balas de la tommy gun en sus antiguas películas de gángsters.

El caso es que estos días me estoy leyendo una biografía de Cagney escrita por su amigo John McCabe. Esto de las biografías escritas por amiguetes es mejor evitarlo -no lo sabía cuando la compré- porque invariablemente se pondrán de su parte en cualquier episodio comprometido. Cuando leí Cagney by Cagney, la autobiografía del actor, ya sabía que no lo había pasado nada bien en el rodaje: no se entendía con Wilder, a quien consideraba un tirano (le hizo repetir más de treinta veces una escena porque no conseguía decir completa la frase “¿dónde está la chaqueta de mañana y el pantalón a rayas?”) y se entendía peor con Horst Bucholtz, a quien consideraba un chupa planos de la peor especie; “Después de más de treinta años en este negocio llevándome bien con todos los actores, en la última película que hice me tuve que encontrar con este tío”, vino a decir.

Pero lo que no sabía era que Cagney no tenía buena opinión ni de la película, ni de su trabajo en la misma. Lo único que admite es que “lo hice lo mejor que pude”, pero considera que Wilder le dirigió en un ritmo “completamente equivocado”. Eso sí que me ha dejado clavado, porque aunque parte de la crítica se lanzó a la yugular de Uno, dos, tres cuando se estrenó (incluída la para mí inaguantable Pauline Kael), con el tiempo ha quedado registrada como una de las mejores comedias jamás hechas, y el trabajo de Caney y de Wilder solo ha merecido elogios.

Claro que Cagney nunca quiso ver la película. Habitualmente, no solía verse en la pantalla, pero en este caso tenía un motivo adicional: no volver a verle la cara a Horst Bucholtz.

8 comentarios:

Lego y Pulgón dijo...

(Estooo... ahem... no la he visto)
¡¡¡Peroprometohacerloencuantolaconsigaendvd!!! Y prometo hacer penitencia, arrepentirme y nunca más fallar.
Ah, y siento disentir, Don Cagney. Horst Bucholtz es un gran actor y mejor persona (qué caray, que siempre me ha parecido muy guapo).

Paco Fox dijo...

Increíble que una de mis comedias preferidas (sí, chavalines: existía el ritmo frenético antes de Michael Bay) contenga también uno de los peores chistes vistos en un Billy Wilder (En referencia a un queso:'¡Inaceptable! ¡Está lleno de agujeros!')
Con todo, no puedo llegar a entender por qué fue machacada en la época. Vale que la persecución final está peor rodada que la de 'Two Much', pero it's not te point: es comedia descojonante y dirigida estupendamente.

japa dijo...

Lo único que me duele de esta peli es que poco a poco las nuevas generaciones van perdiendo la capacidad de entrar en ella. ¿Como va un chaval que estudia ahora la ESO a reirse cuando en la escena de la sala de fiestas se cae el retrato de Kruschev y asoma el de Stalin?

LE BLOG dijo...

Lego yo tampoco la he visto.... :-(

Náufrago en tierra firme dijo...

Don Vince, confieso que yo tampoco la he visto, la añadiré a mi lista de películas para este verano (aunque he estado calculando, en plan supertacañona, y a un ritmo de dos películas a la semana...allá por enero abré acabado con la lista que tengo ahora...y seguimos añadiendo ;P).
Esta semana tocaron Smoking Room, y ayer Eva al desnudo...
Saludos desde la isla!

Vince dijo...

Muy acertados Paco fox y Japa en sus comentarios. Tiene razón, Paco; he intentado no hablar del chistecito de los quesos, pero cada vez que lo oido en la película me rechinan los premolares. No es que sea indigno de Billy Wilder, es que es indigno de Arévalo. Y lo demás ¡Al cortinglés a toda leche, que además están de rebajas!

Juan L. Iglesias dijo...

Lo de los agujeros puede ser de lo peorcito de la película, pero aún así se lleva un ocho sobre diez... y el resto, especialmente la referencia a Groucho en la negociación del des-arresto, es que se lleva un quince sobre diez. Es que a mí, los hermanos Marx...
¿Y pensar que, de no ser por este artículo, "Arsénico por Compasión" hubiera seguido siendo mi favorita!

TRONCHA dijo...

Alguno os preguntabais porque fue machacada en su época. Muy fácil, cuando Wilder la rueda todavía no está el muro de Berlín y toma el tema con frivolidad, sin embrago se estrena posteriormente al alzamiento del muro, con lo que estó implicó en vidas para personas que intentaron pasar al este, por eso la prensa le tachó de frivolizar con un tema tan serio.

El caso es que a mi no me parece tan grande, pienso que eltiempo la ha castigado y que al estar tan dedicada a la guerra fría a algunos "jovenes" espectadores puede quedarles lejos y no pillar muchos de los chistes.

Cagney muy grande.

Saludos...