domingo, mayo 27, 2007

Qué tiempos aquellos (2)

Este fin de semana se han prodigado las noticias y los aniversarios, y vamos a ver si hay tiempo y ganas para ir tratándolos en el blog en los próximos días. De entrada, tenemos lo de Star Wars. O, como la llamamos los de mi quinta, La guerra de las galaxias. Se cumple el treinta aniversario de su estreno, pero, yo no sé por qué extraña metamorfosis, la celebración de ese aniversario se ha transmutado en el Día del Orgullo Friki. O sea, en cines y convenciones repletos de tontolabas con la cara pintada y espadas láser de fabricación casera (por lo general, mangos de escoba cubiertos de pintura fluorescente). Y uno que recuerda que en sus tiempos “Friqui” no era más que una tienda de listas de boda superpija que había en lel barrio de Salamanca…

Uno también recuerda más cosas. Sobre La guerra de las galaxias hay tanto escrito y filmado, se han recopilado tantos miles de anécdotas sobre el rodaje, los protagonistas, la repercusión mediática, el fenómeno Star Wars, que intentar meter aquí algún dato original oscilaría entre lo pretencioso y lo ridículo. Prefiero hablar de las circunstancias en las que la vi. En cómo eran las cosas entonces. Creo que fueron cuatro meses, cuatro, los que tuve que esperar hasta que fui lo bastante afortunado como para encontrar una sesión donde hubiera entradas; si hoy tuviera que esperar cuatro meses después del estreno de cualquier película… podría ir directamente a comprar el DVD.

Por aquel entonces, se daba una paradoja curiosa: las películas buenas se estrenaban en muy pocos cines. En tres o cuatro, como mucho, y cuando empezaba a escasear el público en las capitales, comenzaban su gira por provincias. Una película que se estrenaba en seis o siete cines de Madrid era, por definición, un churro; una de calidad no solía pasar de las tres salas. Como aún no existía un mercado del vídeo y en televisión no se pasaban hasta dentro de muchos años (nunca menos de cinco), no había prisa por retirar los grandes estrenos de las pantallas. Y qué pantallas, señores. Hubieran hecho falta los ojos de un camaleón para abarcar la del Real Cinema, en la madrileña Plaza de la Ópera, que fue donde entré en el universo Star Wars. Desde luego, el mejor sitio para dejarse apabullar por ese crucero imperial que surgía desde la esquina superior derecha de la pantalla y parecía estar saliendo toda una eternidad.

A ese respecto, sí que recuerdo una anécdota, que es una de mis favoritas. Tiene que ver con los días previos al estreno, cuando George Lucas y su entonces esposa, Marcia, estaban aún trabajando en el montaje final. Marcia Lucas era montadora, y por todo lo que se comenta, una gran conocedora de su oficio, y a ella se debe una frase lapidaria que pronuncio justo antes de un pase previo, uno de esos preestrenos que se hacen en Estados Unidos para juzgar la reacción del público y ver si es necesario cambiar alguna cosa:

- Si el público no aplaude cuando el Halcón Milenario aparece al final para salvar a Luke, no tenemos película.

Según cuenta John Baxter, biógrafo de Lucas, en aquel pase previo los aplausos comenzaron mucho antes. En la batalla espacial del principio; cuando el Halcón Milenario entra en el hiperespacio por primera vez; en la lucha con los cazas imperiales; y cuando al final el Halcón reaparece por sorpresa para participar en la batalla final, la gente, más que aplaudir, saltaba de sus asientos, tiraba al techo las gorras de béisbol (yanquis, ya saben…), aullaba, aplaudía y parecía que iba a echar el cine abajo. Tenían película.

Yo tenía trece años entonces. Y sin tanto aullido y tanto salto como describe Baxter, recuerdo exactamente cómo el Real Cinema también se vino abajo. ¿Son los años que han pasado, es lo que uno ha envejecido, o es que las películas ya no nos emocionan como entonces? ¿Cuándo vieron ustedes su primera Guerra de las Galaxias?

2 comentarios:

Silvio Dante dijo...

Qué viejos nos estamos poniendo (que no es lo mismo que serlo), querido Vince, parece que disfrutamos más recordando que viviendo... Yo la vi un domingo, con mis hermanos, en un cine de la calle Fuencarral, de Madrid (o el Paz o uno de los Roxys). No sé si habían pasado cuatro meses desde el estreno, pero sí que me empezaba a encontrar un poco bicho raro (un poco más de lo habitual) en el colegio por ser uno de los últimos en verla. Era un colegio pijo, y había algún idiota que incluso la había visto en EEUU, antes de que llegara aquí. Y eso, en aquellos tiempos (que eran casi los de "Cuéntame"), impresionaba. Luego, no fui capaz de engancharme a la saga...

El Bechler dijo...

En mi primera incursión en tu blog no puedo resistir el impulso de hacer un comentario en esta entrada.
Yo también estoy en una edad en la que me gusta recordar tiempos pasados aunque sigue gustándome también vivir los tiempos presentes.
Gracias a mi esposa que hizo cola durante no sé cuanto tiempo, pude ver la "Guerra de las Galaxias" poco después de su estreno en el mismo cine que Vince y me gustó mucho; siempre fui, y sigo siendo, aficionado a las peliculas de fantasía y ciencia ficción.
Cuando años más tarde se repusieron los tres primeros (en el tiempo) episodios, remasterizados, digitalizados y con sonido THX o algo así, fui a verlos en compañía de mi hijo, que era demasiado pequeño cuando las estrenaron y tenía ganas de verlos.
Las vimos en el cine Paz, que todavía tenía una pantalla gigantesca, y la experiencia nos gustó tanto que, desde entonces, vamos al cine todos los miércoles (día del espectador) que podemos.
Ahora se han añadido mis hijas y sus parejas por lo que algunas veces tenemos problemas para conseguir localidades contiguas en la misma fila. Para mi y para mi familia, "La Guerra de las Galaxias" y sus "secuelas" son películas que no sólo nos han gustado sino que nos han servido para recuperar el cine de verdad que habíamos perdido por culpa de la televisión.
Recientemente, aparte de ir al cine, trabajar y hacer otras muchas cosas, nos dedicamos a jugar partidas de Lego Stars War con nuestras Nintendo DS, ¡es muy divertido!.
Un saludo