lunes, octubre 23, 2006

Los amos de Hollywood


Si el final del post de ayer sobre la incultura de Jack Warner (en la foto, junto a Audrey Hepburn y Rex Harrison en el estreno de My Fair Lady) ha sorprendido a alguno, convendría quizás situar al personaje en su contexto. Hoy, cuando no queda un estudio que no esté en manos de alguna multinacional, y cuando las decisiones sobre que películas hacer son tomadas por niñatos del marketing que desaconsejarían filmar, por ejemplo, El apartamento porque “tiene una historia negativa” (esto es rigurosamente cierto), habría que echar un poco la vista atrás y recordar la personalidad de aquel grupo de inmigrantes judíos llegados de diversos países europeos que crearían el concepto de cine como entretenimiento y, en no pocas ocasiones, como arte. En palabras del director Richard Brooks: “Eran unos monstruos, unos piratas y unos cabrones de la cabeza a los pies. Pero amaban el cine”.

Uno de los libros que mejor los retrata es An empire of their own: how the jews invented Hollywood (1988) del escritor Neal Gabler, que sigue los pasos de los futuros amos de Hollywood (William Fox, Carl Laemmle, Louis B. Mayer, Adolph Zukor, Harry Cohn... Nos los iremos encontrando en el blog) desde su desembarco en Estados Unidos sin un penique en el bolsillo hasta su ascenso a la cumbre, cuando vieron el potencial de las penny arcades, unas salas donde por un penique los inmigrantes podían distraerse viendo breves películas mudas en proyecciones individuales. Sus dueños acabaron ganando tanto dinero con ellas que el siguiente paso fue producir sus propias películas, comenzando así la era de los grandes estudios y el star-system.

Pero todo eso tardó un poco en llegar. Volvamos a Jack Warner y sus hermanos: lo que hoy, tras sus repetidas fusiones, es probablemente el mayor conglomerado mundial dedicado al entretenimiento, comenzó en una tienda de Pensylvania que los Warner habilitaron para proyectar películas mudas. Las sillas se las cogían prestadas al comercio de al lado, que era una empresa de pompas fúnebres... Y cada vez que se celebraba un funeral, el público tenia que ver la película de pie.

1 comentario:

Tatiana Lloret dijo...

Muy buen blog de cine!