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domingo, marzo 23, 2008

Se han pasao

Ahora que ustedes vuelven de vacaciones, soy yo el que se larga. La publicación de este blog se va a interrumpir durante la semana que viene debido a que me voy de viaje de trabajo muy, muy, muy lejos. Por cierto, como suelo hacer cada vez que tengo por delante muchas horas de avión, ayer salí a buscar algo de lectura. Y de repente, me encontré con esto que les cuento a modo de hasta luego.

Verán: en el sector de las revistas, de un tiempo a esta parte algunas han lanzado la moda de las portadas coleccionables. Esta consiste en sacar la revista al quiosco con tres o cuatro portadas diferentes -aunque el contenido sea el mismo en todas-, a ver si hay un suficiente número de prim… digo, de lectores interesados en comprárselas todas. Las revistas de cine lo han hecho con motivo del estreno de sagas como El señor de los anillos o La guerra de las galaxias, muy propensas a los frikis completistas. Cinemanía fue una publicación española que intentó seguir la moda en varias ocasiones, a ver si así vendía algún ejemplar (pero ni por esas). Y los chicos de Total Film

En otras entradas he recomendado esta revista inglesa de cine, junto con su competencia Empire. Bueno, pues el número de abril de Total Film está dedicado a James Bond, por aquello de que este año hay peli nueva, y además se cumple el centenario de Ian Fleming. Pero es que han sacado ¡21 portadas distintas! Una por cada película de 007, de forma que cada lector pueda llevarse a casa la revista con Connery, Brosnan, Moore, Craig, Dalton o incluso Lazenby, que de todo hay. Además, el papel de la portada tiene un gramaje y una tinta plateada que seguro alguno de los expertos que se mete por aquí de vez en cuando podrá calcular cuánto supone de coste añadido. Yo sólo sé del tema lo bastante como para decirles que, con toda seguridad, una pasta.

La idea tiene su gracia, y sospecho que la habrán desarrollado al alimón con MGM, que así publicita su serie de ediciones especiales en DVD dedicada a Bond. Pero miren, en este mundo de las publicaciones, donde hoy en día nadie se atreve a salir a la venta sin un regalito, una promoción, un lo que sea, yo lo que les digo es que lo importante para los lectores sigue siendo el contenido, el relleno, la chicha. Lo otro puede ayudar en un número o dos, pero si dentro no hay calidad, se queda todo en juegos florales.

Entonces ¿qué tal está el contenido de este Total Film? Bueno… El caso es que no se lo puedo decir, porque compré la revista ayer y me la estoy reservando para el vuelo. Se harán ustedes cargo...

Nos vemos en una semana, más o menos. Sean buenos, vayan al cine y feliz regreso a los que se hayan ido.

lunes, agosto 27, 2007

Deconstruyendo a Bond




Ya, ya sé que ayer dije que hoy iba a tocar el asunto de las subvenciones (aunque de modo un tanto particular), pero la programación televisiva me ha obligado a cambiar de tercio. Quédese para mañana -esta vez sí, sin falta- el post prometido, y vamos al tema que se nos ha colado, inspirado por la emisión, esta noche a las diez, de la película Vive y deja morir, dentro del ciclo dedicado al agente 007 que Telemadrid lleva emitiendo todo el verano.


Teníamos a Bond un poco abandonado desde el estreno de Casino Royale, y la verdad es que Vive..., dentro de la serie, es bastante particular. Constituyó el segundo intento de los productores de reemplazar a Sean Connery y, después del (semi) fracaso obtenido con George Lazenby, Albert R. Broccoli y Harry Saltzman no quisieron correr riesgos. No les bastaba con conseguir por fin a Roger Moore como protagonista (antes no habían podido por los compromisos del actor con la serie El Santo); se trataba de lograr que el público lo aceptara como Bond, sin fisuras de ningún tipo. Y esta vez, en lugar de apostar con el continuismo, como con Lazenby, huyeron como la peste de muchos lugares y escenas que Connery había hecho familiares, para evitar que el público hiciera cualquier comparación (que siempre son odiosas). Así, si ven ustedes (por lo menos los lectores de Madrid) esta noche la película, estas son algunas de las cosas que echarán de menos:



1. Bond no lleva smoking en ninguna escena (ni siquiera en el cartel publicitario).


2. Tampoco pide ningún martini de vodka, agitado o removido (por cierto, un día de estas vamos a tener que aclarar este tema, y otras cosillas, sobre el martini. Me lo apunto).



3. 007 no va al despacho de M para que este le encargue la misión; en lugar de eso, es M (y Moneypenny) quienes van a su casa (por cierto, una de las poquísimas veces en la serie en que vemos el domicilio de Bond).



4. El actor Desmond Llevelyn, y su personaje Q, no aparecen por ninguna parte, para evitar la famosa escena de “preste atención, 007” donde se le hace entrega de los gadgets habituales. Sí lleva un reloj lleno de trucos, pero es Moneypenny quien se lo da.



Por supuesto, una vez el público aceptó a Moore como Bond, todas estas escenas regresaron en las siguientes películas. A todo esto, hay rumores de que la nueva entrega de Bond tendrá un tono mucho más ligero que Casino Royale… ¡Después del papelón que ha hecho Daniel Craig! ¿Le acabaremos viendo arrugado como una pasa y levantado una ceja?


Mañana retomamos las subvenciones (salvo imprevistos, ejem…). Mientras, sigan votando.

lunes, noviembre 27, 2006

Zafarrancho en el casino



Bueno, pues vamos a acabar este monográfico sobre James Bond (cosa que habría hecho hace un par de días si contara con una conexión decente) hablando un poco del mayor despropósito relacionado con el personaje: la versión de 1967 de Casino Royale. Los que no la hayan visto no acabarán de entender por qué tiene tan mala fama; los que sí, puede que todavía estén intentando entender de qué iba aquello. Yo soy de los segundos y recuerdo habérmela tragado por primera vez hace más de veinte años en casa, en los tiempos del vídeo. Como por aquel entonces todas las cintas que tenía el videoclub de mi barrio eran piratas, incluída ésta, en un principio pensé que la copia estaba incompleta. Aquello no podía ser; seguro que faltaban escenas. No tenía pies ni cabeza.

Pero no. La culpa de que aquello no tuviera sentido ninguno no era del videoclub, sino de los responsables (es un decir) de la cinta. Como ya hemos comentado en otro post, Ian Fleming vendió los derechos de su novela por separado, de modo que Casino… no formaba parte del paquete adquirido por Eon Pictures. El comprador fue Gregory Ratoff y, tras su muerte, pasaron al productor Charles K. Feldman, que intentó sacar tajada de la fiebre Bond produciendo la película con Sean Connery como protagonista. Al no ser esto posible, decidió hacer una parodia, y no reparó en gastos. Comenzó contratando a tres guionistas: Wolf Mankowitz, John Law y Michael Sayers, que pronto se vieron reforzados por Ben Hecht, Terry Southern y Billy Wilder. Tras reírse mucho con Qué tal, Pussycat?, decidió fichar también a Peter Sellers y Woody Allen, este último como guionista además de como actor.

A la hora de empezar el rodaje, no había un director, sino cinco: John Huston, Ken Hughes, Val Guest, Robert Parrish y Joe Mc Grath, y no había exactamente un James Bond, sino tres personajes que podían responder a la descripción: David Niven, Sellers y Allen. Para cuando se comenzó a rodar, se añadieron a todo este personal dos directores más: Richard Talmadge y Anthony Squire.

Nunca hubo un guión terminado, y el rodaje estuvo plagado de problemas. Peter Sellers no se hablaba con Orson Welles, que interpretaba a Le Chiffre, porque pensaba que le robaba protagonismo: sus escenas juntos están rodadas, en su mayor parte, en plano contraplano, con los actores recitando sus líneas a un stand-in. Luego, Sellers abandonó el rodaje sin completar sus escenas, y nadie pudo obligarle a volver, así que su personaje muere repentinamente a mitad de la película. Paralelamente, Feldman iba fichando a estrellas internacionales para que hicieran breves apariciones, obligando a los guionistas a inventar nuevas escenas para justificar su presencia (sin ir más lejos, Peter O’Toole aparece vestido de escocés y tocando la gaita durante no más de diez segundos, y se limita a decir la frase: “Soy Peter O’ Toole”). David Niven no tardó en darse cuenta del berenjenal en el que se había metido, y dijo que Casino Royale sería o bien un clásico de la comedio o “la mayor cagada que se haya visto desde la última inundación”.

Fue más bien lo segundo. Por cierto, costó ocho millones de dólares, el doble que el Bond oficial de ese año, Sólo se vive dos veces, y se hundió en taquilla.

Y para terminar, una pregunta para curiosos: ¿En qué comedia española, relativamente reciente, pueden verse al principio unas escenas de este Casino Royale? Como pista sólo les diré que sale esa monada sin talento conocida como Aitana Sánchez-Gijón. Mañana dejamos a Bond. ¿Alguien ha visto ya el nuevo Casino…?

viernes, noviembre 24, 2006

El desorden de mi nombre

¿Se imaginan lo que tiene que ser llamarse James Bond en la vida real? No parece imposible; como nombre de personaje de ficción, es bastante más sencillo que, por ejemplo, Sherlock Holmes o Indiana Jones. De hecho, ese es el motivo por el que Ian Fleming lo escogió. Esta anécdota es bastante conocida, pero no está de más recordar que, cuando se sentó a escribir su primera novela, Fleming buscó para su protagonista un nombre común, anónimo, que no llamarse la atención. En su casa de Jamaica tenía una guía ornitológica: Aves de las Indias Orientales, escrita por un tal James Bond. Perfecto.

Su criatura podía tener ya nombre propio, pero el James Bond real se acabó encontrando con una vida mucho más complicada de lo que probablemente le hubiera gustado, especialmente en hoteles, restaurantes, aeropuertos y aduanas, donde se encontró con continuas caras de sorpresa, levantamientos de cejas y una pregunta muy común: “¿No llevará usted armas, señor Bond?”. Ian Fleming y James Bond se conocieron en 1964, cuando el ornitólogo y su esposa fueron a visitar al novelista en Jamaica.

Y ahora hablemos un poco de casualidades. Hubo otro James Bond, también un personaje real, que además era agente, no del Servicio Secreto, sino de tráfico. Pero, como a su homónimo de ficción, le gustaba cumplir con su deber. Así que, en una ocasión en que vio a un coche cometiendo un flagrante delito de exceso de velocidad, fue a por él, le dio la señal de aviso, lo detuvo y le pidió la documentación al conductor…

… Y el conductor era Sean Connery. Esta anécdota, hasta donde yo sé, es rigurosamente auténtica.

jueves, noviembre 23, 2006

Licencia para negociar


En 1982, Roger Moore apareció en la entrega de los Oscar para hacer entrega al productor Albert C. Broccoli del Premio Irving Thalberg, otorgado por su éxito con las películas de James Bond. En el escenario todo eran sonrisas; en realidad, en aquellos días productor y estrella estaban enzarzados en duras discusiones sobre el salario de Moore en la próxima película de la serie, Octopussy (finalmente, fueron cuatro millones de dólares).

En cuestión de dinero, Moore tuvo ojo. Cuando terminó su contrato inicial para interpretar a Bond en tres películas, se negó a firmar otro igual, prefiriendo negociar su salario antes de cada nuevo título. Su antecesor, Sean Connery, no fue tan hábil, y no tardó en lamentarlo. Después del enorme éxito de los dos primeros Bonds, el actor escocés no estaba muy de acuerdo con su salario: acababa de cobrar 400.000 dólares por protagonizar la película de Hitchcock Marnie, la ladrona (1964), y la suma que iba a percibir por Goldfinger (1964) era muy inferior.

Entonces un día, un día, ensayando una de las escenas de lucha, Connery argumentó haberse lesionado. Le dolía mucho la cabeza y tenía que irse a casa. Estuvo ausente del rodaje durante varios días, y cuando regresó, todo lo casualmente que ustedes quieran, su sueldo había subido a 50.000 libras y un 5 por ciento de los beneficios de la película.

Caso aparte eran los extras: los contratos de Roger Moore le garantizaban durante el rodaje suministro ilimitado de sus queridos puros Montecristo. Y no fumaba pocos; no era raro que las facturas por este concepto alcanzaran, al terminar cada película, varios miles de libras.

miércoles, noviembre 22, 2006

Los segundones

Cuando se habla de los actores que han interpretado a Bond, hay una cierta tendencia a menospreciar el trabajo de George Lazenby y Tymothy Dalton que, con una y dos ocasiones respectivamente, son los que menos veces han encarnado a 007. Suele decirse también que son los que peor lo han hecho. No estoy de acuerdo. Aprovechando que MGM ha lanzado nuevos DVDs con excelentes ediciones de toda la serie, yo aprovecharía para repasar Al servicio secreto de su majestad (1967), y 007, Alta tensión (1987), que considero superiores a bastantes Moores e incluso a algún Connery. Dalton fue contratado como Bond como sustituto de Pierce Brosnan, que todavía estaba comprometido con la serie televisiva Remington Steele. Actor de una sólida formación teatral, incorporó al personaje una mezcla de rudeza y humanidad que llevábamos años sin ver, con tanto levantamiento de ceja como habíamos sufrido. Pero su segunda película, 007 licencia para matar, tuvo unos resultados de taquilla tan bajos (¿Qué hacía Bond combatiendo a un señor de la droga, como si fuera Don Johnson?) que obligaron a los productores a hacer un parón y replantearse toda la serie. Cuando comenzaron Goldeneye, Dalton no tenía demasiadas ganas de repetir, y Brosnan estaba disponible.

Más sangrante es el caso de George Lazenby. Este modelo australiano no tenía ninguna experiencia como actor, cuando su nombre comenzó a considerarse para sustituir a Sean Connery, nada menos. Con la idea de encajar en la imagen, antes de ser recibido por los productores Broccoli y Saltzman se hizo confeccionar un traje por el sastre de Connery, y luego fue a una exclusiva barbería de Londres para que le hicieran el mismo corte de pelo. Por una de esas casualidades de la vida, en la silla de al lado estaba Albert C. Broccoli. Cuando Lazenby se fue, comentó con el barbero: “Ese tipo sería un buen James Bond”. Pocas horas después, se lo encontró en sus oficinas.

El problema que tuvo Lazenby es que le tocó la película más difícil: Al Servicio Secreto de Su Majestad sigue fielmente la novela de Fleming, incluyendo la boda de Bond al final, y el posterior asesinato de su mujer. Y muchos espectadores no dejaron de añorar a Connery en un momento tan trascendental. Con todo, funcionó bien en taquilla, y Lazenby fue invitado a repetir el papel. Su agente le recomendó que no lo hiciera, porque Bond, le dijo, era un personaje sin futuro. Lo peor es que le hizo caso.

Toda la carrera posterior de Lazenby se redujo prácticamente a hacer imitaciones de James Bond en películas de cuarta y series de televisión. Si todavía conservaba su licencia para matar… debería haberla usado en su agente.



domingo, noviembre 19, 2006

"Q"


Cuando a Pierce Brosnan le preguntaban por sus momentos favoritos en el rodaje de la serie Bond, siempre contestaba: “las escenas con Q”. En efecto, la presentación a 007 de todos los gadgets que deberá utilizar en casa misión, desde relojes con rayo láser a deportivos con lanzamisiles, ha sido siempre uno de los momentos clásicos de toda película de Bond. No veremos, de todos modos, a este personaje en Casino Royale (tampoco a Moneypenny), quizá debido al enfoque más realista buscado por los productores. Después de todo, tras el Aston Martin invisible que sacaron en Muere otro día, solamente se puede ir hacia abajo…

“Q” no es un personaje creado por Ian Fleming. En sus novelas se habla siempre del Departamento Q, que en efecto, es el encargado de proveer a los agentes con todo el equipamiento tecnológico que necesitan para sus misiones. Al frente de este departamento hay un tal mayor Boothroyd, y como tal aparece Q en la segunda película de Bond, Desde Rusia con amor (1963). La escena, de todos modos, es bastante sosa; se limita a entregar a 007 un maletín lleno de armas ocultas y eso es todo. La situación cambió radicalmente en el siguiente título, Goldfinger (1964).

Hasta su muerte, ocurrida tras el rodaje de El mundo nunca es suficiente, Q estuvo siempre interpretado por el actor inglés Desmond Llewelyn, y en sus memorias éste escribió que siempre estaría agradecido a Sean Connery por la ayuda que le prestó con su personaje. Según contaba, fue cosa de Connery comenzar a meter en estas escenas todo tipo de bromas y ese aire de condescendencia con que 007 iba recibiendo los inventos de Q. Michael Freedland, biógrafo de Connery, añade que el director Guy Hamilton enfatizó esta dirección dándole instrucciones a Llewelyn para que dejara bien claro que Bond le caía gordo: “No le puedes tragar. Trátalo con absoluto desdén”. De repente, aquello ya no se trataba solo de un desfile de tecnología. La idea funcionó tan bien que el intercambio de puyas entre Bond y Q se mantuvo en casi todas las películas de la serie, y con todos los Bonds posteriores a Connery.

jueves, noviembre 16, 2006

Primer Bond, primer villano


Vista más de cuarenta años después de su estreno, llama la atención el escándalo que llegó a organizarse cuando Doctor No (1962) llegó a las pantallas. El Vaticano llegó a hacer una advertencia pública sobre la película, debido a la “dudosa moral” de su protagonista. La verdad es que 007 sentaba unos precedentes nunca antes vistos: no tenía novia fija, sino que saltaba alegremente de una chica a otra a lo largo de toda la trama, a alguna le retorcía el brazo sin piedad para sacarle información y, lo que es más importante, asesinaba friamente a un hombre desarmado (“Eso es una Smith and Wesson, y ya ha gastado sus seis balas”, le suelta Bond con toda la tranquilidad del mundo antes de dispararle), acción que, por cierto, no ha repetido en ninguna de las películas posteriores.

Pero una cosa que hizo Doctor No fue establecer a Sean Connery, desde la primera escena en la que aparece, como el James Bond definitivo. Antes de escoger al entonces desconocido actor escocés, Broccoli y Saltzman consideraron otras posibilidades: Cary Grant (demasiado caro, demasiado viejo con 58 años y además, era poco probable que estuviera disponible para más de una película), Roger Moore (estaba ocupado con la serie El Santo), o David Niven. La elección de Connery no satisfizo excesivamente a Ian Fleming: “No podía estar más lejos de mi idea de James Bond”, le dijo a un amigo. “Todo está mal: la cara, el acento, el pelo…”. El escritor no podía saber que la decisión definitiva de dar el papel a Connery no fue tanto de Broccoli como de su esposa, Dana, a la que hizo verle en pantalla para saber si tenía suficiente sex appeal. Su respuesta fue definitiva: “Ese es nuestro Bond. Es perfecto”.

Elegir al actor que interpretara al Doctor No también fue algo complicado. Fleming quería para el papel a su primo Christopher Lee, pero los productores se decidieron por el actor teatral norteamericano Joseph Wiseman (Lee interpretaría a uno de los villanos de Bond trece años después, como Scaramanga en El hombre de la pistola de oro); antes, tuvieron algunas ideas un poco extravagantes, como ofrecerle el papel al escritor y cronista social inglés Noel Coward. Este contestó a su oferta con el siguiente telegrama. “¿Qué si quiero interpretar al Doctor No? No. No. No”.

miércoles, noviembre 15, 2006

Mi nombre es Bond... JIMMY Bond


Como se ha publicado extensamente, Casino Royale es la única novela de James Bond que no había sido adaptada aún al cine por Eon Pictures, creadores de toda la serie oficial. Esto se debe a que sus derechos fueron adquiridos en 1954 por el productor Gregory Ratoff, lo que la impidió formar parte del paquete que comprarían tiempo después Albert R. Broccoli y Harry Saltzman. También es conocido que Ratoff, ante la imposibilidad de contar con Sean Connery para protagonizar su película, decidió finalmente rodarla como una comedia, produciendo una de las peores y más desmadradas cintas que quien esto teclea ha tenido ocasión de padecer. Volveremos a ella otro día: hoy nos interesa el primer Casino Royale.

Ratoff no fue el único en invertir en la primera novela de Ian Fleming. También en 1954, la CBS pagó al escritor mil dólares por los derechos televisivos de la obra. Así, James Bond hizo su debut en la pantalla (al menos, en la pequeña) el 21 de octubre de ese año, cuando la adaptación de Casino Royale se emitió como uno de los episodios de la serie Climax. Aún teniendo en cuenta el escaso presupuesto, la trama sigue con bastante fidelidad la novela… salvo en algunos detalles.

Por aquel entonces, eso de 007 con licencia para matar les sonaba a chino a los productores de la CBS, y lo de que el protagonista fuera inglés tampoco les terminaba de convencer… Así que el superespía se transformó en Jimmy Bond, agente norteamericano de la CIA. Lo interpretó Barry Nelson, el malvado Le Chiffre fue Peter Lorre, y la primera chica Bond recayó en la la actriz Linda Christian.

Durante décadas, se pensó que no existía ninguna copia del programa, hasta que a finales de los 80 el historiador del cine Jim Schoenberger encontró una en Chicago. Los que han tenido ocasión de verla suelen coincidir en que es malo de caerse, aunque resulta toda una atracción para los fans. Por cierto, con motivo del estreno del Casino “oficial”, se dice que en Estados Unidos van a sacar una edición especial en DVD de la versión de 1966, donde se incluye el programa televisivo como uno de los extras. Si alguien tiene un reproductor multizona y va a USA, ya sabe lo que tiene que hacer si quiere oír hablar a Bond, por primera y única vez, con acento yanqui.

martes, noviembre 14, 2006

Preste atención, 007...



Esto, la verdad, no es una entrada propiamente dicha. Pero sucede que esta noche, por fin, es el estreno mundial (en Londres, of course, y como es tradición, con la presencia de la Familia Real) de Casino Royale, la última película de Bond, James Bond, el agente secreto menos secreto de todos los tiempos, con nuevo rostro -Daniel Craig-y, dicen, un giro copernicano con respecto a lo que hemos visto en las últimas cintas con el planchadísimo Pierce Brosnan. Así que, si les parece bien, les propongo pasar unos días en el mundo de 007. Entre hoy y el día 24, fecha del estreno en nuestro país, todas las anécdotas que aparezcan en este blog estarán relacionadas con la serie cinematográfica de Bond.

Es el primer monográfico de Pasa las palomitas, y espero que les guste (Si no, la sección de comentarios está abierta, como siempre). De momento, pueden abrir boca echando un vistazo aquí para ver una útil recopilación de todas las críticas de Casino Royale (y de otras películas) aparecidas hasta ahora en la prensa. Y, si quieren saber algo sobre la versión anterior de Casino… (de la que hablaremos en los próximos días), les recomiendo este sitio especializado en destripar extensamente películas malas, pero malas de morirse. Está en inglés, y aviso que tiene mucha más gracia cuando uno ha visto la cinta objeto de crítica destructiva.

Así que ya saben; pueden ir encargando el primer Martini, sacando brillo al Aston Martin y enviando el smoking al tinte. Nos vemos mañana.