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domingo, agosto 03, 2008

Si es que van provocando...

Estamos ya a menos de diez días de que se estrene en España El caballero oscuro, y es muy probable que la cinta merezca la pena; no sólo ya por el inmenso porcentaje de críticas positivas que ha merecido hasta ahora, sino por el buen sabor de boca que dejaron estrella y director en la anterior entrega de la saga, Batman Begins (2005), para quien esto bloguea una de las mejores adaptaciones de superhéroes que se han filmado, junto con Spider-man (2002) de Sam Raimi, y Superman (1978) de Richard Donner, esta todavía insuperada en muchos aspectos.

Así que Christian Bale, el protagonista, ya ha declarado que está dispuesto a hacer otro Batman, siempre y cuando se den dos condiciones: una, que Christopher Nolan repita como director; y la otra, que a nadie se le ocurra meter en el guión el personaje de Robin.

Las dos exigencias tienen su lógica, sobre todo la segunda, si quieren mi opinión. Teniendo en cuenta el carácter oscuro y violento de las películas de Nolan, un adolescente en pantaloncito corto quedaría como un Cristo con dos pistolas; además, es un hecho que todas las anterior versiones de Batman donde han incluído a Robin han sido una chorrada. Y luego, claro, está lo de la otra cuestión…

Hace unos años, los chicos de Mondo Brutto publicaron un larguísimo artículo sobre cómics gays. Es decir, sobre colecciones de historietas en las que, conscientemente o no, subyacía una temática orgullo de mucho cuidao, para desconcierto de muchos de sus inocentes lectores (entre los que me cuento. ¿Mira que darme cuenta ahí de que la serie de la Marvel Power Man & Puño de hierro tenía un tufo a trucha que tiraba de espaldas?). Pero no incluyeron a Batman y Robin. ¿Por qué? Respuesta: “Es que lo de esos dos se sabe en las saunas más incomunicadas del país”. Claro, para qué molestarse...

Pues ya les digo. La coña marinera sobre a qué dedican su tiempo libre Batman y Robin ha dado pie a parodias subidas de tono y chistes malos durante décadas. Y con razón, porque es que, además, ellos mismos van provocando. Hay una divertidísima página Web llamada Superdickery donde se dedican a recopilar material absurdo o equívoco de los cómics yanquis, y de ahí he sacado esta viñeta, que es en sí misma un clásico, y que les ofrezco a continuación.

Para los no familiarizados con los superhéroes, aclaro que el que está de espaldas es el malo, y los personajes que tiene delante son, de izquierda a derecha, Atom, Flash, Green Lantern, y (claro) Batman. Y, para los que no hablen inglés, este es el diálogo: el malo les acaba de decir que les ha infectado con un agente letal que no sólo les matará a ellos, sino “a cualquiera que hayáis tocado”, y ellos automáticamente piensan en sus novias… bueno, casi todos.


Atom: “¡Jean Loring… He firmado su sentencia de muerte!”
Flash: “Le he dado a Iris West el beso de la muerte!”
Green Lantern: “Carol Ferris… ¡En peligro mortal!”
BATMAN: “¡ROBIN! ¿QUÉ TE HE HECHO?”

Pues el sabrá lo que le habrá hecho… Pero qué quieren que les diga. Todos sabemos que Bruce Wayne es multimillonario y vive en una mansión que debe tener unas cincuenta habitaciones, baños aparte y tirando por lo bajo. Vaya, como que no debe de haber mucho problema de espacio a la hora de buscar una cama. Así que ¿me quieren ustedes decir cómo se explican viñetas como ESTA?


En resumen, que Christian Bale hace estupendamente en seguir en sus trece. Otro día, si quieren, hablamos de Roberto Alcázar y Pedrín; que esos también tienen lo suyo.







miércoles, julio 02, 2008

¡No se vayan todavía, aún hay más!

Hace unos días, en una de las redacciones donde todavía me dan algo de trabajo, estuve charlando con el redactor jefe sobre Iron Man. ¿La película? Divertidísima. ¿Robert Downey jr.? Está que se sale. ¿Jeff Bridges? Se lo pasa como los indios haciendo de malo, y se le nota. Y entonces fue cuando le hice la pregunta capciosa:

- Por cierto, muchacho, no te habrás salido del cine antes de que acabaran los títulos de crédito. ¿Verdad?

- Eeehh… Pues sí. ¿Por?

¿Por? Porque yo hice lo mismo, sin saber que había sorpresita después. Les cuento, por si no lo saben: en el universo Marvel hay un personaje secundario que se llama Nick Furia. Su papel es el de director de SHIELD, la organización de recontraespionaje que pulula por todos los cómics de la casa (incluso se rodó un telefilme sobre él, donde lo interpretaba… David Hasselhoff. No sé si alguien lo ha visto y ha sobrevivido). En la versión Ultimate de las colecciones Marvel, que presenta una versión más actualizada de sus héroes, Nick Furia aparece con una pinta algo distinta: ya no es blanco, sino negro, y además es clavaíto a Samuel L. Jackson. Una fotocopia, vamos, y si no, miren arriba. Por lo visto, la idea partió de la propia Marvel, que le pidió permiso previamente al actor. Este, al ser un fan de los cómics, aceptó encantado.

Bueno, pues a medida que avanzaba el rodaje de Iron Man comenzó a rumorearse que Jackson aparecería en la película interpretando a Nick Furia, en eso que se llama un cameo, es decir, un papelito mínimo. Pues la película iba avanzando, y Nick Furia no se dejaba ver. Ni por asomo. Bueno, pues al final, sí que sale. ¿Dónde? En efecto: después de los créditos finales.

Estas bromitas son lo que en inglés se conocen como stingers; escenas que aparecen cuando parece que ya está todo el pescado vendido, para la gente que ha tenido la paciencia de no levantarse de la butaca hasta el final. Habitualmente no son gran cosa, pero bueno. ¿Por qué esta manía de colocar la guinda después del final y no antes?

No estoy muy seguro de cuándo empezó esta costumbre; yo creo que una de las primeras películas en utilizarla fue El último de la lista, una trama de asesinatos misteriosos rodada en 1963 por John Huston. El protagonista -el asesino, vamos- era Kirk Douglas, pero en la película aparecían también Frank Sinatra, Robert Mitchum, Burt Lancaster y Tony Curtis. Lo que ocurría es que salían tan disfrazados que resultaban irreconocibles; así que después del The End aparecían las escenitas de propina donde las cuatro estrellas se quitaban el maquillaje y saludaban al público. Pero eso sí, por lo menos una voz avisaba “¡No se vayan!” para asegurar que la gente se quedaría para apreciar el truquito final.

Arma Letal 3, las tres de Piratas del Caribe, X-Men 3, Daredevil… son solo algunas de las pelis recientes con sorpresa final. Ahora me estoy acordando de El secreto de la pirámide (1985), donde se nos contaban las hazañas del joven Sherlock Holmes, y que tenía un stinger básico, fundamental e imprescindible.

¿Quieren una lista de películas con escena post créditos? Pinchen aquí.

Y, si son de los damnificados por Iron Man… siempre nos queda You Tube.

jueves, enero 10, 2008

Más malos que la tiña

“Cuanto más conseguido esté el malo, más conseguida estará la película”. Es una de las frases más célebres de Alfred Hitchcock, y desde que la pronunció, la historia del cine no ha hecho más que darle la razón (siempre que en la película haya un malo, claro). Este año parece que vamos a tener dos buenos ejemplos de esta máxima.

El primero es nuestro producto nacional, Javier Bardem, que está en lo que parece el principio de una larga ristra de premios por su papel en No Country for Old Men, la última de los Coen. El actor ha definido a este psicópata terminal como “un personaje bombón”, y no es para menos. Por lo que he podido ver de la película (Por cierto ¿Por qué narices tenemos que esperar cuatro meses desde la fecha de su estreno en Estados Unidos para disfrutarla aquí? Que estamos en el siglo XXI…), consigue ponerle los pelos de punta al público en cada una de las escenas en las que aparece, porque no se sabe lo que va a hacer… aunque se intuye que no será nada bueno, y a lo largo de la cinta va dejando tras de sí más muertos que Chuck Norris cuando le pican las almorranas. Aunque, si quieren mi opinión, yo creo que su personaje es tan malo porque lo que realmente busca es vengarse de su peluquero. ¿Pero cómo se ha dejado convencer el tío para que le hagan ese corte a tazón?

Hay otro malo que nos llegará en verano, y estoy deseando verlo. Heath Ledger, en la próxima entrega de Batman, Dark Knight, ha tomado el papel del Joker. Déjenme decirles antes de nada que a mí me gusta casi todo lo de Tim Burton. Y entre las cosas que no me gustan, están los Batman. Dos chorradas como la copa de un pino que aquí se tragaron muchos sin masticar aludiendo a la inventiva visual del director, a su estética ultramoderna, y bla, bla, bla. Chorradas, ya les digo. Tuvo que llegar Christopher Nolan para ofrecernos una visión del superhéroe mucho más fiel a los cómics en Batman Begins, con un actor protagonista -el eficacísimo Christian Bale- al que el papel de Bruce Wayne le sentaba como un guante.

Porque uno de los grandes fallos de los Batman de Tim Burton era el reparto. Michael Keaton de protagonista, por Dios… y, si quieren mi opinión, ningún papel estuvo peor adjudicado que el del Joker. La cosa fue más o menos así: cuando se supo que la película estaba en marcha, comenzó a correrse la voz de que el único actor capaz de interpretar al payaso psicópata era Jack Nicholson. La cosa había comenzado con Bob Kane, el creador de Batman, que ya dijo a principio de los 80 que era su elección personal. Se produjo el efecto bola de nieve, con cada vez más gente pensando que si Nicholson no interpretaba al Joker la película no tendría éxito… y Jack se dejaba mimar. Tanto se dejó mimar que, cuando por fin firmó, lo hizo por unas cifras que daban (y dan) vértigo: seis millones de dólares de sueldo base, más un porcentaje sobre la recaudación (bruta), más otro porcentaje sobre las ventas de la banda sonora, más otro porcentaje sobre los juguetitos y gadgets derivados de la cinta… En total, su biógrafo John Parker estima que muy bien pudo haber sacado por su papel unos sesenta millones de dólares.

¿Y qué nos dio a cambio? Una interpretación histriónica, llena de guiños a la galería, con un personaje que parecía grotesco en todo momento, y gracioso en ocasiones. Nada que ver con el malvado original. Los que hemos seguido los cómics de Batman durante años sabemos que el Joker no tiene nada de gracioso y casi, ni de humano. No busca el dominio del mundo, ni hacerse millonario. Hace el mal porque sí, según una idea personal y retorcida de la diversión, que le ha llevado a matar y mutilar a miles de personas. Aunque parezca un payaso, muchos guionistas -entre ellos Frank Miller- han sabido ir más allá y explotar su vena de personaje terrorífico.

Y esto es lo que parece que nos vamos a encontrar. Heath Ledger no es una estrellona buscando complacer al público, sino un actor que, sospecho, se ha metido en el papel con uñas y dientes. Y me estoy relamiendo de pensar que lo haya conseguido. Cuando preguntaron a Nolan por qué lo había elegido para hacer de Joker, contestó: “Porque no tiene miedo”. Ahí tienen una de las primeras fotos del personaje que han aparecido. Si este tío da risa, José Corbacho es un sex symbol.

Más malos, por favor. Que, desde que Hannibal perdió los dientes, estamos muy necesitados.

martes, mayo 15, 2007

El personaje que pasó de un actor a otro


Vamos a seguir un poco con La fiera de mi niña, de la que hablábamos en la última entrada. Un aspecto curioso de esta película es que constituye también un buen ejemplo de cómo un papel puede pasar de un actor a otro. Si se dice que los buenos directores crean escuela; la verdad es que los actores con talento también pueden hacerlo; e incluso los personajes.

Al principio del rodaje de La fiera… Howard Hawks se encontró con que su protagonista masculino, Cary Grant, estaba completamente perdido sobre el papel que debía interpretar. Esto no es tan raro como parece, pues diferentes biógrafos han señalado la inseguridad casi crónica que afectaba a esta estrella, que en pantalla era la misma imagen del aplomo. Claro que era una inseguridad que iba a unida a un talento innegable. Y Hawks encontró las palabras para ponerlo en marcha:

- Piensa en Harold Lloyd.

Harold Lloyd fue una de las grandes estrellas cómicas del cine mudo que, como Chaplin o Buster Keaton, triunfó gracias a la creación de un personaje; en su caso la de un buenazo con gafas de concha al que no paraban de ocurrirle vicisitudes de todo tipo. Grant no necesitó más indicaciones, y esa frase le bastó para tener desde entonces bien agarrado a su profesor de antropología.

Cuarenta años después, otro actor se fijo en el personaje. El casi debutante Christopher Reeve iba a tener la responsabilidad de interpretar a Superman en la superproducción dirigida por Richard Donner. Pero junto con el papel de Superman, venía el de Clark Kent. Y la fuente de inspiración de Reeve fue, precisamente, La fiera de mi niña. En más de una ocasión Reeve reconoció que su interpretación de Clark Kent estaba basada directamente en la interpretación de Cary Grant, que a su vez estaba basada en las interpretaciones de Harold Lloyd… Personalmente, estoy deseando ver quien coge el testigo por cuarta vez. Desde luego, no ha sido Brandon Routh.

lunes, abril 30, 2007

Puntos en común

Esta es la semana de Spiderman. Con lo del estreno de la tercera parte el cuatro de mayo, los quioscos se inundan de cómics y las dos entregas anteriores se pasan por televisión. Como aficionado a los tebeos, confieso que disfruté mucho con las dos primeras películas y que mis recelos iniciales hacia Tobey Maguire se disiparon en cuanto le vi en el papel protagonista. Pero la verdad es que las pelis, muy originales que digamos, no son.

Veamos: Spiderman es el superhéroe más famoso de la Marvel Comics. Superman es el superhéroe más famoso de DC Comics. Spiderman está siendo adaptado al cine con enorme éxito en la década de 2000. Superman fue adaptado al cine con éxito equivalente en la primera mitad de los 80. Y aquí viene lo divertido. Vamos por partes:

1. La primera película de Superman nos narra los orígenes del personaje, que no aparece hasta la mitad del metraje. En su escena de presentación salva a la mujer que ama de caer al vacío, entre los vítores de la multitud.

2. La primera película de Spiderman nos narra los orígenes del personaje, que no aparece hasta la mitad del metraje. Tras algunas apariciones breves, llega una de las escenas más espectaculares, en la que salva a la mujer que ama de caer al vacío, entre los vítores de la multitud.

3. En Superman 2, su deseo de estar con la mujer que ama y llevar una vida normal le obliga a renunciar a sus superpoderes, pero debe recuperarlos para enfrentarse a tres kriptonianos malvados en una espectacular batalla final.

4. En Spiderman 2, el estrés provocado por su doble vida y la falta de tiempo para estar con la mujer que ama, hace que Peter Parker pierda sus poderes y renuncie a su papel de superhéroe. Los recupera para enfrentarse al Doctor Octopus en una espectacular batalla final.

5. En Superman 3, a causa de la exposición a un nuevo tipo de kryptonita, Superman se vuelve malvado. Tras cometer diversas fechorías (ninguna demasiado grave, por otra parte) se divide en dos personalidades, buena y mala, que luchan entre ellas.

6. En Spiderman 3, Peter Parker utiliza un nuevo traje que, sin saberlo él, en realidad es un simbionte alienígena que trastorna su personalidad, volviéndose agresivo y violento. Cuando consigue desprenderse de él, el simbionte toma posesión de un enemigo jurado de Spiderman, que se convierte en una versión malvada del superhéroe arácnido llamada Veneno. Ambas versiones, por supuesto, lucharán entre ellas.

Bueno, ya sé que buena parte de estas cosas son sólo clichés… ¡pero es que siempre son los mismos!. Eso sí, esperemos que, siguiendo esta regla de tres, cuando haya un Spiderman 4, que lo habrá, no sea tan lamentable como la cuarta película de Superman.

jueves, marzo 08, 2007

El superhéroe sin película

Parece que se han cargado al Capitán América. Por lo menos, en el último número de su colección le acaban de pegar un tiro y se dice que en los próximos meses tratarán de las reacciones que en el universo Marvel se producen como consecuencia de la desaparición de personaje tan emblemático. Es decir, el mismo truco que DC Comics empleó en los años 90 con Superman, y con idéntica finalidad: subir las ventas. Pero es algo dudoso que esto vaya a funcionar de nuevo. Lo que cualquier lector de comics aprende en cuanto tiene un poco de rodaje, es esta verdad inmutable: en los tebeos de superhéroes nunca muere nadie. Siempre hay resurrecciones, dobles, hermanos gemelos, robots, clones o todo junto dispuestos a solucionar lo que parecía una situación irreversible.

A veces lo que contribuye a subir las ventas de una colección es una película. Pero el Capi no se ha beneficiado demasiado de la fiebre por llevar al cine a todos los superhéroes que se pongan a tiro. Segundones como Blade o el Motorista Fantasma lo han logrado; este año llegan nuevas entregas de Spiderman y Los cuatro fantásticos (que, para mí, ha sido siempre el grupo de superhéroes más inaguantable de la historia), y el año que viene, un nuevo Batman, la primera del Hombre de Hierro y, quizá, Hulk II. Pero nada de Capitán América. Quizás es que un personaje que se pasea por ahí con la bandera yanqui en el traje y en el escudo correría el peligro de no ser demasiado popular entre según qué público. Aunque justo es decir que, en los años que llevo leyéndole, nunca le he visto derrocando gobiernos en Sudamérica o torturando iraquíes: él a lo suyo, que son los nazis (¡Todavía!) o los científicos megalómanos sin más ideología que destruir o dominar el mundo, según gustos.

De todos modos, sí hay una película sobre el Capi, filmada en 1990; lo que ocurre es que es de esas tan malas que da risa verlas. Aunque había en ella un par de aspectos curiosos: el primero, el villano, el científico nazi conocido como Cráneo Rojo, no aparecía con el uniforme y la máscara con los que durante años le hemos visto en los cómics, sino con traje cruzado y un pelo engominado que le hacían parecer un Mario Conde con viruela… y el segundo, el actor que encarnaba al Capitán: Mark Salinger, al que hemos visto recientemente en 24, y que tiene como particularidad ser hijo del escritor J. D. Salinger. Con un niño que hace esas cosas, no me extraña que el padre haya decidido no dejarse ver demasiado.

Claro que Spiderman también conoció unas adaptaciones super cutres, y ahí le tienen, triunfando. ¿Tendremos algún día película con genuino sabor americano?