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miércoles, febrero 06, 2008

Genio y figura

A Pau Gasol le entrevisté hace un par de años, en un reportaje para National Geographic Television. Cuando se pasa del metro noventa, como le ocurre a un servidor, no es fácil encontrarse con gente que se te imponga por la estatura. Fue el caso. Me sacaba, fácilmente, cabeza y media de alto… y de ancho. Dios, que pedazo bestia. En lo físico, se entiende, porque luego, en el rato que le puse el micrófono delante, me pareció un chaval de lo más tranquilo. Recuerdo como anécdota la petición de su mánager: “Oye, no os importa que pique algo antes de la entrevista ¿No? Es que este chico, si no come…”. Dicho y hecho, le pusieron delante una bandeja de sandwiches que le duró menos que una saliva en una plancha.

Ahora Gasol está en los Lakers, lo cual significa que va a tener como uno de sus fans a Jack. No hace falta poner el apellido porque, cuando se Hollywood se trata, Jack no hay más que uno y a ti te encontré en la calle. Las relaciones entre Nicholson y el equipo de sus amores son legendarias y han dado lugar a multitud de anécdotas. Cuando está de rodaje, siempre que puede se escaquea a su caravana para ver el partido. Si esto no es posible, hace que se lo graben, y pobre del que ose adelantarle el resultado. Cuando no trabaja, es normal que viaje con el equipo de sus amores, pero sus arrebatos de hooligan le han hecho bastante impopular en campos rivales, como el de los Boston Celtics. En una ocasión en que acudió allí a ver un partido, se encontró con que las tiendas de recuerdos vendían unas camisetas con las palabras FUCK YOU, JACK. Inmediatamente, se compró una docena.

De todos modos, mi anécdota preferida de Nicholson con los Lakers es una que tuve ocasión de ver por la televisión. Eran los finales de los años 80, y Televisión Española había comenzado a ofrecer partidos de la NBA. Y fue en uno de los Lakers cuando el cámara, durante un descanso, enfocó a Jack, que estaba, como siempre, en su asiento de tribuna. De repente, aparece una chica negra enfundada en un traje rojo, de figurón no apto para cardíacos, que intenta acercarse a Jack. Al momento, el maguila de servicio se levanta y le dice a la chica que no, que al señor Nicholson no se le puede molestar. Pero el señor Nicholson se da cuenta del cacho maroma que pide audiencia, y le dice al guardaespaldas que ya la está dejando pasar si no quiere acabar en la cola del INEM, o como se llame allí. En fin. La chica pasa, se presenta, se dan dos besitos, charlan un poco, y al final ella le pasa un papelín donde cabe suponer que estaría su número de teléfono. A estas alturas, no estaba mirando el partido ni Zeus. Todos mirando a Jack, gritando, aullando y aplaudiendo. Se va la chica, entre los vítores del respetable, y Jack se pone se pie y con una sonrisa de oreja a oreja va saludando a todo el estadio, como diciendo, pues sí, me parece que voy a quedar con ella para lo que se tercie, que seguro que se tercia. ¿Pasa algo?

Fue antes de los tiempos del You Tube; si no, de verdad que la escena arrasa.

miércoles, agosto 29, 2007

Agitado, no batido



Hace un par de días, mencioné como de pasada el dry martini y comenté que valdría la pena extenderse algo más sobre el tema. Y es que no me negarán que se trata del cóctel más cinematográfico que jamás haya existido. Cóctel, no bebida, porque entonces competiría con otras como el champán (que tan popular se hizo desde aquellas comedias norteamericanas de los años 30) o el whisky (este, presente en el cine negro y, en su vertiente más primitiva en los westerns; personalmente, no comprendo cómo un tío puede tirarse dos semanas cabalgando por el desierto y, nada más llegar al pueblo, en vez de pedirse un vasito de agua, calzarse tres pelotazos de bourbon a palo seco); hablamos de eso que en otros tiempos se llamaban "combinaciones". Y aquí, en el séptimo arte, el dry martini es el rey, hasta el punto de que cuando se pide en un bar, sobre todo en ciertos bares, uno casi está esperando oír el sonido de la claqueta, como si la sola mención del cóctel, o su presencia física, con la copa traslúcida por el hielo y la corteza de limón, se bastaran para transportarnos al mundo de una película inexistente. Como La rosa púrpura de El Cairo, pero al revés.

Eso sí, ¿Agitado o batido? Es una de las muchas maneras en que se ha traducido (mal) la precisión “shaken, not stirred” con que 007 encarga sus martinis de vodka. La mejor manera de pasar esto al español sería, posiblemente, “en coctelera” o “en vaso mezclador”. En la coctelera, la mezcla se sacude (“shake”) y en el caso mezclador, se remueve (“stir”) ginebra, vermut y hielo. La diferencia está, al parecer, en la cantidad de hielo que se derrite en cada operación, y que puede afectar a la pureza del resultado. Como no soy un experto en coctelería, no lo tengo muy claro.. Aunque la ciencia tiene también algo que decir al respecto.

En el mundo del cine, el verdadero rey del dry martini no es James Bond, sino Luis Buñuel. El director aragonés era un verdadero fanático de esta bebida, y en sus recomendables memorias nos dejó su propia receta para lograr el martini perfecto. Tomen nota (aquí tienen el texto completo aunque, eso sí, en inglés):

"Pongo en la nevera todo lo necesario, copas, ginebra y coctelera, la víspera del día en que espero invitados. Tengo un termómetro que me permite comprobar que el hielo está a unos veinte grados bajo cero.

Al día siguiente, cuando llegan los amigos, saco todo lo que necesito. Primeramente, sobre el hielo bien duro, echo unas gotas de Noilly-Prat y media cucharadita de café, de angostura, lo agito bien y tiro el líquido, conservando únicamente el hielo que ha quedado, levemente perfumado por los dos ingredientes. Sobre ese hielo vierto la ginebra pura, agito y sirvo. Eso es todo, y resulta insuperable”.

Así que ya saben. Eso sí, este bloguero les recuerda que no se debe beber sin moderación, y mucho menos sin invitar a los amigos. Salud.

(La ilustración de hoy es un homenaje a Seth Macfarlane, el tipo que más me hace reír actualmente en televisión, exceptuando los informativos de Sánchez Dragó).

jueves, junio 28, 2007

Recuerdo de Harrison


Mucho estamos metiendo por aquí últimamente a Harrison Ford, pero es que es el protagonista de una anécdota que hoy tengo especial interés en contar. Como es bastante bien sabido, la carrera del que acabaría siendo el actor más taquillero del mundo tardó en despegar. Durante los años 70, como sus papeles en La conversación (1974) y American graffiti (1973) no le daban bastante para comer, se ganó la vida durante mucho tiempo como carpintero. Pero no un carpintero cualquiera, sino uno de esos que te construye casas enteras si es necesario. De hecho, su primer encargo fue un estudio de grabación para el cantante Sonny Bono, ex marido de Cher.

Y en uno de esos encargos estaba cuando le llamaron para decirle que el papel de Han Solo en La guerra de las galaxias (1976) era suyo definitivamente, después de pasar por varias pruebas y competir con otros aspirantes como un joven Christopher Walken. Sin demasiada confianza en el futuro de la película, Ford estaba trabajando en la casa de una actriz bastante conocida, y le contó lo que ocurría. ¿Le importaría que pospusieran la obra unas semanas, mientras filmaba su papel? La actriz le dijo que no había problema. Ford incluso dejó allí sus herramientas, dispuesto a reemprender el trabajo en cuanto terminara el rodaje.

No volvió nunca. Ni siquiera a recoger sus herramientas. Finalmente, la actriz las dejó expuestas dentro de su garaje bajo un cartel que rezaba “Harrison Ford se dejó esto aquí”.

Bueno, les contaba esto porque no me gustaría hacerles una cosa parecida, pero… el caso es que Pasa las palomitas va a permanecer inactivo unos días, que los blogueros también tenemos derecho a vacaciones. Me largo a un sitio sin ordenadores, sin cobertura, sin nada… y aunque hubiera cobertura, tampoco la pensaba utilizar. Me llevo el bañador y un montón de libros, no obligatoriamente de cine.

Nos vemos el lunes 9 de julio y, si la bendita conexión que tengo se porta medio bien, espero poder ir ofreciéndoles un blog paulatina y sensiblemente mejorado. Mientras tanto, les hago una sugerencia, sobre todo a los que lleven poco tiempo pasándose por aquí. ¿Por qué no se dan una vuelta por los archivos? Seguro que descubren algo interesante.

lunes, junio 25, 2007

En busca del arca... adaptada


Bueno, pues aquí lo tenemos. Esta es la primera imagen oficial que se ha presentado de Harrison Ford vestido otra vez de Indiana Jones para la esperadísima nueva entrega de la saga, todavía sin título, que se sepa, pero cuyo rodaje ya está definitivamente en marcha. Y debe ser cosa del maquillaje, o del Photoshop, o de los efectos especiales de George Lucas, pero el tío está que parece que no pasan los años. Total, que cuando se estrene en 2008 ya serán cuatro las películas protagonizadas por el arqueólogo del látigo… ¡Un momento! ¿He dicho cuatro? De eso, nada. Existe una quinta película protagonizada por Indiana Jones, y la historia de su rodaje es todavía más difícil de creer que el argumento de las cuatro cintas oficiales.

Los responsables de esa otra película no son Lucas y Spielberg, sino Chris Strompolos y Eric Zala, dos amigos del cole que tenían, respectivamente, diez y once años cuando En busca del arca perdida llegó a los cines de su estado natal, Mississippi. Como millones de niños en todo el mundo, quedaron completamente fascinados por la peli. Pero, a diferencia de esos millones de niños, a ellos no les bastaba con jugar a ser Indiana Jones en el recreo o en el patio de casa. No, lo que estos dos amigos planeaban era volver a rodar la película… con ellos de protagonistas.

¡Y lo consiguieron!. Les llevó más de siete años, que a esas edades suponen el paso de la niñez a la mayoría de edad. Para cuando la terminaron, ambos habían evolucionado y su amistad había dejado de ser tan estrecha como al principio. Atrás quedaron años donde consiguieron una cámara en VHS e invirtieron todo su tiempo libre, su dinero y el de sus padres en la búsqueda de decorados, vestuario, efectos especiales y amigos que accedieran a interpretar los principales papeles. Chris fue Indiana Jones; Eric, el malvado nazi Toth. Y la primera escena que rodaron fue la persecución de Indiana Jones por los indios hobito, interpretados por unos rubísimos compañeros de clase en taparrabos. Y si se están preguntando cómo se rodó la famosa escena de la bola de piedra rodando detrás de Harrison Ford, el escenario fue el garaje de la casa de uno de ellos, donde Chris corría delante de una inmensa "piedra" hecha con alambre y trapos.

En busca del arca perdida- la adaptación quedó completada en 1989, cuando las tres partes oficiales de Indiana Jones habían sido estrenadas. Su presupuesto fue de unos 8.000 dólares, y tuvo incluso estreno oficial, en un auditorio de Gulfport alquilado para la ocasión, con 200 amigos de los cineastas -que acudieron de smoking y en limusina, como mandan los cánones -invitados a la premiere. Después, cada uno de ellos siguió su camino, aunque Eric de vez en cuando hacía una proyección para sus compañeros de universidad.

Pasaron los años, y la llegada del vídeo doméstico aceleró las cosas. Eric regaló copias de la película a algunos amigos, y una de ellas acabó en un maratón de cine patrocinado por Harry Knowles (fundador de la página de cotilleos cinetográficos Ain’t-it-Cool News). El público de la sala no se esperaba ver aquello, pero enseguida comenzó a reírse y a aplaudir sin parar. Se trataba de ver cómo aquellos críos se las iban a apañar para imitar la siguiente escena espectacular de la cinta original… y siempre lo conseguían de un modo más que decente. La película se convirtió en una cinta de culto, aunque no podía exhibirse comercialmente por utilizar personajes que eran propiedad de Lucasfilm.

Lo cual no impidió que un día, los precoces cineastas recibieran una carta de un espectador que había visto su película y quería felicitarles por haber desarrollado un tributo tan “emotivo y detallado”. La carta estaba firmada por Steven Spielberg.

¿Increíble? Pues sí, pero completamente cierto. Si pinchan en los links que he ido dejando, podrán obtener más información sobre esta película. Pero no crean que la historia termina aquí; parece que en Dreamworks están lo bastante interesados en la historia como para desarrollar, a su vez, otra película que narre la historia de estos chicos. El cine refleja la vida, la vida imita al cine… y surgen historias que a ningún guionista podrían habérsele ocurrido.

miércoles, junio 13, 2007

Estrellas y astros

En el último número de Vanity Fair publican unos extractos de los diarios de Ronald Reagan, que aparecerán, creo, el mes que viene en las librerías norteamericanas. Hay mucha política y poco cine, como cabe esperar de la época en que fueron escritos, pero me llama la atención una anotación de finales de los años 80:

“Una señora en California que se dedica a la astrología ha aparecido diciendo que Nancy y yo somos clientes suyos. Que la hemos consultado para todo, incluso para la elección del gabinete. Es absurdo. Ni la conocemos ni hemos tenido ningún contacto con ella”.

Este desmentido es más que significativo. Entre las muchas cosas que se dijeron de los Reagan -especialmente en España, donde a determinada gente le faltaba tiempo para creerse cualquier cosa sobre ellos- estaba, efectivamente, que eran unos locos de la astrología; incluso se publicó que Reagan creía en ella desde joven, y que la había utilizado como guía en su carrera cinematográfica y, más tarde, en la política. Supongo que la “señora” a la que se refiere es Joan Quigley, que llegó a publicar un libro titulado What does Joan say? Sobre sus múltiples servicios astrológicos para la pareja presidencial.

En fin. ¿A quién creemos? ¿A los periodistas de lo oculto, que durante años le sacaron partido al tema sin molestarse en contrastar ni un solo dato? ¿A Joan, que indudablemente sacaría tajada del asunto? ¿O al propio interesado? ¿Y cuántas cosas más se publican sobre la vida privada de las estrellas que están basadas en puros rumores?

En fin, de todos modos, aquí hay una pequeña lista de estrellas de Hollywood de las que se ha dicho que son o fueron aficionadas a la astrología… y seguro que en alguna, será mentira: en los clásicos tenemos a John Barrymore y el matrimonio Mary Pickford y Douglas Fairbanks, del que se dice que les hacían las tablas astrales cada día; luego estarían Marilyn Monroe, Cary Grant, Marlene Dietrich, Steve McQueen, Tyrone Power… y Shirley MacLaine. Bueno, creo que de esta última sí nos lo podemos creer. ¿No?

miércoles, junio 06, 2007

Unas fotos para "nota"

Ahora resulta que Mister Spock hace fotos. Bueno, Mister Spock no, pero sí el actor que le ha dado vida durante yo que sé cuántos años en la serie televisiva y cinematográfica de Star Trek. Lo que ocurre es que, harto de ir por el cine con las orejas puntiagudas, Leonard Nimoy ha concentrado sus esfuerzos en la fotografía y estos días expone una selección de sus mejores trabajos en Madrid. Por algunas que he visto, tienen buena pinta. Aunque, cuando se trata de actores y fotografía, siempre me acuerdo de Jeff Bridges.

Lo de Bridges es curioso. Lleva más de treinta años siendo cabeza de cartel, pero nunca ha alcanzado la categoría de superestrella. No conozco a ninguna mujer que no considere que está como un tren de Cercanías, pero jamás se le ha dado la publicidad de un sex-symbol. Y por el camino nos ha regalado algunas estupendas interpretaciones entre las que destaca por derecho propio la de ese personaje único, épico, inolvidable, genial, que fue El Nota, en una de las mejores películas de los Coen, El gran Lebowski.

El caso es que, hace ya bastantes años, a Bridges le regalaron una cámara panorámica, de esas que sólo hace fotografías anchísimas, y comenzó a llevársela a los rodajes. Con el tiempo, se convirtió en habitual que para cuando acabara una película hubiera tirado una buena serie de imágenes (la de arriba pertenece a Tormenta Blanca, que rodó en 1996 con Ridley Scott); con ellas confeccionaba cuadernos, que regalaba a los miembros del equipo como recuerdo.

Hace unos años publicó una selección de sus mejores fotos en un libro titulado Jeff Bridges Pictures, cuyos beneficios iban destinados a obras de caridad del Motion Picture Television & Fund. Si están interesados en la actividad de Bridges como fotógrafo, sólo puedo recomendarles que se pasen por su página web. Y si no, también, porque el diseño de este site es de los más originales, y al mismo tiempo sencillos y acogedores, por los que uno ha pasado. Parece, literalmente, que se lo ha currado él en una tarde libre. Dentro, más información sobre películas, sobre sus fotos y, si alguno de ustedes tiene una cámara panorámica, consejos para utilizarla sacándole el máximo partido. Y créanme, este chico sabe de lo que habla. Cuando actúa y cuando fotografía.

lunes, enero 15, 2007

Gorgoritos

Ya sé que no se lo va a creer nadie, pero de todos modos lo aviso: no veo el Tomate, ni ningún programa similar (tampoco veo los documentales de la 2, no crean), pero es inevitable tropezarse con este tipo de cosillas en pleno zapeo. El caso es que el otro día sí perdí con él unos minutos, porque me llamó la atención: el invitado que aparecía en pantalla era un músico que había trabajado en el nuevo disco de Victoria Abril, y había acabado a tortas con la actriz (como era previsible; si hubieran seguido tan amigos, este tipo no tendría nada que hacer en ese tipo de programas).

El disco anterior de Abril, donde cantaba Bossa Nova, apareció hace un par de años, y recuerdo cómo toda la prensa se tragó la versión oficial de que era la primera incursión musical de la actriz en el mundo de la canción. Hay que tener poca memoria, porque uno, modestamente, recordaba que a finales de los años 70 esta chica había hecho incluso música disco. Un pequeño paseo por Google me permitió incluso localizar imágenes del disco anterior (ahí arriba tienen la de uno de los singles), que, por cierto, fueron publicadas en la revista donde yo trabajaba por aquel entonces. Chúpate esa, Mariñas.

Tampoco es la primera vez que un actor ha intentado ampliar su registro lanzándose al mundo de la canción. El mayor experto en este tema es, probablemente, el escritor Javier Marías, que en más de una ocasión ha confesado que colecciona discos de actores "no cantantes". Por si alguien quiere empezar colección, vamos a recordar hoy algunos: Party all the time, disco semi funky o así grabado en los 80 por Eddie Murphy; The return of Bruno, de la misma época, por Bruce Willis; Cybill sings it… to Cole Porter, versiones del compositor a cargo de la compañera de Willis en Luz de Luna; Miss Bette Davis Sings, grabado por Bette Davis en 1977; Rawhide’s Clint Eastwood sings Cowboy Songs, disco country grabado por Clint en los 60, cuando protagonizaba la serie de televisión Rawhide; y Calypso is like so, disco tropicalón y merenguero grabado por Robert Mitchum nada menos, y recomendado por Marías hasta la saciedad. A ver si la próxima vez que vaya a USA tengo tiempo de buscarlo…

Otros actores, en cambio, han reconocido que lo suyo no es la canción: James Stewart interpretó con su propia voz tres canciones de Cole Porter en el musical Nacida para la danza (1936). Fue la única vez que cantó en la pantalla… y, después de oírse en la película, anunció que también sería la última.