miércoles, mayo 28, 2008

Políticamente incorrectísimo

De la película "Sobredosis de oro", parodia del género Blackplotation dirigida por los hermanos Wayans. ¿Qué ocurre cuando un chulazo de los años 70 vuelve a la calle después de cumplir condena... y no se da cuenta de que las cosas han cambiado? Yo con esta escena, en su día, me tiré por los suelos. Pero nada como el rap que se marca al principio, cuando sueña con que le nombran "Chulo del año". El actor, el inolvidable Antonio Fargas. Échenle un vistazo si quieren, y mañana volvemos al cine serio.

martes, mayo 27, 2008

Made in Japan

“No le doy mucho valor a una película que me haya divertido hacer. Si es buena, es un trabajo durísimo”.

Se nos ha muerto uno de los grandes, de eso no hay duda. Y es una pena. Si Sidney Lumet, con ochenta y bastantes años, sigue haciendo cosas como Antes de que el diablo sepa que has muerto, aún podíamos tener esperanzas de que Sidney Pollack nos hubiera regalado otro título clásico. Aunque sus últimas películas, en mi opinión, no estuvieron a su altura: La intérprete (2005) tenía partes buenas, pero hacía bastante agua, aunque era una obra maestra al lado de las dos anteriores, Caprichos del destino (1999) y, Dios santo, una nueva versión de Sabrina (1995). Debió de divertirse como un enano haciendo todas estas.

Pero en la década de los 70 y principios de los 80 es cuanto Pollack brilla. Y cómo. Trabaja con los grandes: Paul Newman, Al Pacino, Dustin Hoffman, Jane Fonda, Robert Mitchum y, sobre todo, su amigo Robert Redford, y con ellos hace alguna obra maestra -Tootsie (1982)- y varias cintas que siguen sólidas como rocas veinte años después: El jinete eléctrico (1979), Ausencia de Malicia (1981) (¡qué olvidada está esta película, y qué falta haría rescatarla hoy!), Los tres días del Condor (1975), Las aventuras de Jeremías Johnson (1972) (otro día les tengo que contar una cosa muy divertida de esta peli…) y una de mis favoritas: Yakuza (1974), una aproximación al mundo de la mafia japonesa mucho más conseguida que la que perpetraría Ridley Scott unos años después con Black Rain

Yakuza, como no podía ser menos, está filmada íntegramente en Japón, y los gángsters nipones llegaron a estar tan implicados en el rodaje como lo habían estado sus colegas italoamericanos durante la filmación de El Padrino de Coppola. Para conseguir la intervención en la película de Takakura Ken, una estrella de las pelis de gángsters japonesas (también sale en la de Scott), Pollack accedió a rodar en un estudio controlado por los yakuza. Al poco tiempo, se dio cuenta de que muchos de los operarios del estudio presentaban una particularidad: les faltaba, por lo menos, un dedo de la mano, y a algunos, varios. La explicación, lógicamente, estaba en la costumbre de los yakuza de cortarse la falange de un dedo para pedir disculpas al oyabun (el padrino, para entendernos) cada vez que cometen una equivocación (cabe suponer que los más inútiles acabarán teniendo que hurgarse la nariz con un lápiz). Pero el colmo llegó cuando uno de los chóferes contratados se equivocó cuando tenía que ir a recoger a una estrella al aeropuerto.

“Después”, recordaría Pollack años más tarde, “apareció en las oficinas de producción con la falange del meñique envuelta en un pañuelo, y se la presentó al jefe de producción para disculparse”.

viernes, mayo 16, 2008

Scoop

Bueno, pues vaya bombazo el del ¡Hola! de esta semana; cómo será, que me he enterado hasta yo, que estas revistas no las leo ni en la pelu (¿No lo sabían? En este país hay tres mentiras que dice todo el mundo: una, “yo en televisión sólo veo los documentales de La 2”; dos, “yo el móvil sólo lo uso para que me llamen”, y tres, “yo las revistas del corazón sólo las leo en la peluquería”; bueno, sigamos con el tema). ¡Isabel Preysler entrevista a George Clooney! La historia del periodismo está llena de entrevistas emblemáticas, de eso no hay duda: así de pronto se me viene a la memoria la de Truman Capote a Marlon Brando, la de Bob Woodward al director de la CIA, la mía a Manuel Fraga (“mirested, miqueridovince, lasituacionctual dela comunidagalega…”)... Y bueno, ahora tenemos ésta, que tampoco es moco de pavo.

Nunca es tarde para incorporarse al hermoso mundo del periodismo. Además, una entrevista bien hecha es uno de los géneros más agradecidos. Pero, oigan, hay que currárselo; primero, es necesario proveerse de abundante documentación sobre el personaje a entrevistar; luego, estructurar las preguntas para que formen un orden de interrogatorio más o menos lógico sujeto, claro está, a los vaivenes de la conversación; después hay que adaptarse a las peculiaridades del entrevistado y, por último, la parte más coñazo: transcribir la cinta, eliminar repeticiones, ajustar el estilo y, por supuesto, cortar todo el sobrante para que encaje en la maqueta. No me cabe duda de que Isabel Preysler ha seguido escrupulosamente todos estos pasos, lo cual tiene su mérito si consideramos que además de todo eso, en su caso ha tenido que someterse a interminables sesiones de maquillaje, estilismo y peluquería para posar de lo más acaramelada al lado del entrevistado, cosa que a mí, confieso, no me ha pasado nunca (y con Fraga, menos). Por cierto, fíjense bien en la foto. ¿Dónde tiene puesta la mano el cachondo de George?

Todo el mundo se ha hecho lenguas sobre esta nueva faceta de la Preysler, lo que demuestra, una vez más, que este país tiene muy mala memoria. Ya en los años 80 la ex de Yulius firmó un contrato, también con la revista ¡Hola! Para entrevistar a un famoso una vez al mes, a cambio de un millón de pesetas de las de entonces. No tengo la lista de las víctimas, perdón, de los entrevistados, pero sí puedo decirles que uno de ellos fue Clint Eastwood. Y sobre la profundidad del texto les adjunto hoy esta perla, rigurosamente auténtica y que motivo un pequeño repaso de Clint a su equipo de prensa, para ver si tenían un poco más de cuidado con los periodistas (ejem) que le seleccionaban:

ISABEL: ¿Y cuándo piensa usted dirigir su primera película?

(Pausa estremecedora)

CLINT: Señorita, ya he dirigido trece. ¿Es que no se lo han dicho?

martes, mayo 13, 2008

Quemando rueda



Bueno, pues ya se ha estrenado Speed Racer, y los primeros resultados de taquilla parecen ser pelín catastróficos; hay que tener en cuenta que se habla de que el coste total de la última locura de los Wachowsky puede acercarse a los 300 millones de dólares, y en su primera semana en las taquillas estadounidenses sólo ha recaudado 20. No sé cómo habrá ido en Europa, pero las cosas en conjunto no parecen estar para tirar cohetes.

De todos modos, coincidiendo con la llegada de la película, los chicos de Rotten Tomatoes han decidido dar un pequeño homenaje a los automóviles de Hollywood. En este enlace presentan los 50 coches más memorables de la historia del cine, desde el Alfa Romeo de Dustin Hoffman en El graduado (Puesto 14), hasta el bluesmobile de Granujas a todo ritmo (puesto 11), pasando, como no, por Chitty-Chitty-Bang-Bang (los menores de cuarenta años no tendrán ni prostituta idea de qué es esto, pero en fin... Puesto 21), diversas versiones del batmovil (curiosamente, la tanqueta que conduce Christian Bale en Batman Begins ¡obtiene peor puntuación que el horterísimo Lincoln de Adam West de 1966! Claro que aquí se trata de personalidad, no de prestaciones…) y varios coches jamesbondianos, desde el Lotus Sprit sumergible de La espía que me amó (puesto 16) hasta el Aston Martin de Goldfinger, que ocupa el puesto número 5.

¡Un momento! ¿El Aston Martin, que en su día llegó a ser calificado como “el coche más famoso del mundo” tiene un miserable quinto puesto? Pues sí, y no se van a creer los que están por delante, aunque hay que reconocer que el número 1, es decir, el que ha sido elegido como el automóvil más inolvidable de la historia del Séptimo Arte… Quizá no está mal elegido.

Y sí, también sale el Ford Mustang de Steve McQueen en Bullitt, faltaría más.

domingo, mayo 11, 2008

Gustos e influencias

Esta mañana he tenido ocasión de encontrarme en la prensa con uno de los tópicos más habituales sobre Woody Allen: el que señala a Groucho Marx como una de sus principales influencias. El párrafo habla de cómo en sus primeras películas Allen recogió “el testigo de la locuacidad verbal de Groucho Marx y los ecos del slapstick de los mejores cómicos del mudo”. Lo segundo es posible, porque El dormilón (1973) o La última noche de Boris Grushenko (1974) tienen algunos gags visuales inolvidables. Lo primero, lo siento, pero de eso, nada.

El problema es que muchas veces se confunden los gustos de un artista y sus influencias, y unos y otras no tienen necesariamente que coincidir. Ayer por la noche emitieron en TVE1 una excelente entrevista con los miembros de Martes y Trece (los tres), y en ella reconocieron que entre los cómicos que más admiraban -y querían, porque les ayudaron en sus comienzos- estaban Tip y Coll. Pero negaron rotundamente que hubiera ninguna similitud entre el humor de Tip y Coll y el de Martes y Trece. Lo suyo iba por otro camino. Pues con Groucho y Woody pasa lo mismo. Sí, ambos eran judíos (no sé muy bien qué importancia puede tener eso, pero como todo el mundo lo dice…), se conocían y se admiraban mutuamente. Pero ¿Influencia? Por favor, sus personajes no podrían ser más distintos. El Woody Allen de las películas cómicas es un sujeto insignificante, amedrentado, cobarde. Groucho, no. Groucho es un triunfador, alguien que no se deja avasallar, sino que avasalla él, pasando como un ciclón sobre convenciones, instituciones, poderosos. Nada le detiene, mientras que Allen intenta siempre buscar alguna piedra debajo de la cual pueda esconderse.

Lo cual tiene también gracia, desde luego, pero no el mismo tipo de gracia. La verdadera influencia de Woody Allen es otro cómico, que ha permanecido ignorado por todos los enteraos durante mucho tiempo, pero que queda clara en el excelente libro sobre Allen que ha publicado Jorge Fonte en Cátedra: Bob Hope. De Bob Hope hoy en día no se acuerda nadie. Su humor era mucho más simplón que el de Allen, no dirigió películas, sus chistes se los escribían otros, era republicano, apoyaba al ejército norteamericano allí donde estuviese… características todas que, según muchos baremos de hoy, le convertirían en un un tipo poco popular. Pero cuando Allen le vio en el cine, según declaró a su biógrafo Eric Lax “Desde aquel mismo momento supe que era exactamente lo que quería hacer en la vida. Su personaje era fatuo, mujeriego, cobarde entre los cobardes, pero siempre brillante”. Y hay más: “En sus películas antiguas, hay momentos en que pienso que es lo mejor que he visto nunca. A veces me cuesta mucho no imitarlo. Resulta difícil darse cuenta cuando lo hago porque soy muy distinto a él físicamente y en el tono de voz, pero cuando sabes que lo hago, es absolutamente inconfundible”.

Así que, a la hora de hablar de Woody, démosle a Groucho lo que es de Groucho y a Hope lo que es de Hope… Por cierto, puede que este cómico, nacido en Inglaterra pero más yanqui que la Estatua de la Libertad y los fritous de maiz juntos, no influyera sólo en sus colegas americanos. En una de sus películas (no recuerdo cuál) cuenta cómo en sus años en el ejército se vio envuelto en una situación desesperada. “¡Tres contra quinientos! ¡Fueron horas de batalla feroz, pensamos que no íbamos a salir vivos de allí! ¡Tres contra quinientos!”. “¿Y vencieron”? “¡Sí! Pero no sabe el trabajo que nos dieron aquellos tres”. Bueno, pues ahora recordemos ese chiste que contaba Miguel Gila tan a menudo: “El otro día voy por la calle y veo que hay cuatro tíos pegando a otro… y me meto. ¡Qué paliza le dimos entre los cinco!”. ¿Casualidad o influencia trasatlántica?

jueves, mayo 08, 2008

¿Y si le damos una oportunidad a "Proyecto Dos"?

Personalmente, creo que un blog puede ser mejor o peor, pero que nunca debe alimentarse (al menos, en exceso) de los contenidos de otros blogs, o se corre el riesgo de convertir la Red en una sarta de refritos. Igualmente, en este blog no se suelen hacer recomendaciones de películas, porque aquí estamos para otra cosa. Pero me voy a permitir aconsejarles que, si tienen tiempo y oportunidad, busquen un cine donde sigan poniendo Proyecto Dos, aunque sospecho que no quedarán muchos después del asalto de Iron Man y de la inminente llegada de Speed Racer -de la que ya hablamos aquí hace unos días-, perteneciente al terreno de las superproducciones yanquis que invaden las pantallas con la misma sutileza que los orcos en El retorno del Rey.

Verán: Proyecto Dos es una peli española que mezcla ciencia-ficción, intriga, golpes de guión, clonaciones y (creo) final sorpresivo. Digo “creo”, porque no la he visto todavía. Pero por lo que he leído sobre ella, tanto en críticas profesionales como en opinión de gente que ya se la ha tragado, la cosa puede valer la pena. Y hay más motivos: en ella han trabajado algunos buenos amigos de este blog, y por ellos he ido recibiendo cumplida información de las vicisitudes (nunca mejor dicho) por las que ha pasado la susodicha cinta, y que se pueden resumir en el nulo esfuerzo de la distribuidora (Buenavista) por llamar mínimamente la atención sobre el estreno: no se envía material audiovisual a las televisiones; no se avisa a los medios del pase previo, al que acudió bastante famosete… Pero, claro, ningún periodista; se niegan a distribuir el material filmado de ese pase previo que los propios responsables de la película ruedan por su cuenta y riesgo (porque había que pasarlo a Beta, y eso cuesta dinero…); y en general no mandan un puñetero email a la prensa. Si ya ha sido un milagro que se haya estrenado, más lo habrá sido que alguien se haya enterado de que existe.

¿Y a usted qué leches le importa todo esto? Me preguntarán. Bueno, pues algo sí me importa. Como creo que ya he comentado alguna vez, soy periodista de profesión. Lo que también soy es escritor de no ficción, y tengo un par de libros publicados, cuyos títulos me reservo porque no tienen nada que ver con el cine y yo no he hecho este blog para publicitarme. Pero mi trabajo me ha costado escribirlos. Y les aseguro que la ilusión de ver por fin el producto de tanto tecleo, sudor y lágrimas en las librerías puede verse bastante truncada cuando se comprueba que a) la editorial que te publica pasa de tu libro como de la mierda, b) la promoción te la tienes que hacer tú, c) presuntos amigos y antiguos colegas en los medios, periodistas endiosadas (alguna con asistente), negros de tertulianos con flequillo, figurones de las ondas que están muy ocupados reseñando la guía sexual de Nuria Roca (salió a la vez que mi segundo libro) o las Cartas a un joven español (también, también...) lo mandan de un manotazo a la pila de los nunca abiertos, y d) cuando al fin la editorial hace una presentación, les falla el presentador… y ni se les ocurre cambiar la fecha. Tú mismo a contarle a la gente lo bueno que es, con tu mejor sonrisa.

Yo no digo que todo eso me haya pasado a la vez, ni en el mismo libro, pero les aseguro que sé perfectamente lo que significa cabrearse, rebotarse, frustrarse y, al final, encogerse de hombros y pensar que a lo mejor en la próxima ocasión, que otra vez a encerrarse un buen montón de meses con la esperanza de que las cosas vayan mejor con el siguiente… porque, a pesar de todo, SIEMPRE hay un siguiente. Y es injusto. Y no debería ocurrir. Como tantas cosas en esta vida.

¡Así que todos al cine, leches! Y no se preocupen, que si la peli nos parece una castaña, sé dónde viven estos tíos.

miércoles, mayo 07, 2008

La mejor actuación



“Si estabas con él en un rodaje y le veías interpretar una escena, te preguntabas para qué le estaban pagando”, dijo de él el actor Lloyd Nolan. “Pero cuando veías después las tomas del día, entonces lo sabías. La actuación para el cine está en los ojos”. “No quiero actuar con él”, dijo, por su parte, John Barrymore. “Me robaría la escena con una mirada o con pasarse la mano por la cara”. Son dos magníficas descripciones del innegable talento de Gary Cooper, cuyo cumpleaños se celebra hoy. ¿Es posible que este hombre naciera hace 107 años? Su presencia, su manera de actuar, parece tan fresca, tan actual. Todavía, como todos los grandes, llena la pantalla con sólo aparecer en ella. Es difícil no seguirle con la vista, aunque sólo se esté sentando, apoyándose en una pared, o encendiendo un cigarrillo. Cuando se habla de él lo típico y tópico es acordarse de Sólo ante el peligro (1952), de Fred Zinemann, pero yo personalmente le prefiero con Capra en Juan Nadie (1941), con Lubitsch en La octava mujer de Barba Azul (1938) y, desde luego, con Howard Hawks en Bola de fuego (1941).

Hizo de todo, y lo hizo bien. Cuesta trabajo creerlo de un cow-boy que empezó como especialista en el cine mudo, y que luego fue subiendo de un papel a otro hasta enfrentarse, como muchas estrellas de la época, con la llegada del sonoro. Pasó la prueba, y se convirtió en uno de los mayores astros de Hollywood hasta que el cáncer se lo llevó en 1961. Antes, mucho antes, se enfrentó a una de sus primeras escenas dramáticas, en el western mudo Flor del desierto (1926) de Henry King, donde comenzó sustituyendo en las tomas largas al actor Harold Goodwin y finalmente se hizo con el papel cuando éste resultó no estar disponible.

En la escena en cuestión, su personaje llegaba al cuarto de un hotel, agotado, sudoroso y cubierto de polvo, después de haber cabalgado 130 kilómetros, para dar una noticia desastrosa al resto de los actores. Pero, como él mismo recordó en una conversación mantenida con el periodista George Scullin, “yo no sudaba lo suficiente para quedar bien empolvado, ni era capaz de aparentar todo el cansancio que se necesitaba. Después de 15 ó 20 ensayos y una docena de tomas, aunque mostraba cansancio, no daba la sensación de fatiga extrema”.

“Para lograrla, una mañana King comenzó a hacerme correr alrededor del estudio a las siete A. M. Al cabo de una hora comencé a dar señales de cansancio. El director me incitaba a seguir adelante recordándome la carrera de Maratón y aquello del arte por el arte. Después de unos quince kilómetros de carrera, salía a mi encuentro cada cuatro vueltas y me arrojaba un puñado de polvo a la cara. Por fin tuvo a bien pensar que ya estaba suficientemente cansado: a estas alturas ya estaba yo bamboleándome, completamente exhausto. Me agarró en una voltereta, me arrastró frente a las cámaras y me dijo:

- Ahora sí. ¡Suéltales la noticia!

El calor y las luces me dieron de lleno en el rostro. Abrí la boca automáticamente, vi que la cámara daba vueltas alrededor de mí y caí cuan largo era. Samuel Goldwyn, que estaba mirando, dijo que era la mejor actuación que había presenciado. ¿Y quién era yo para llevarle la contraria?”

lunes, mayo 05, 2008

¡COÑO! ¡Pero si es Meteoro!


Como soy así de despistado, al principio no le presté ninguna atención al cartelón que había en la fachada del cine Callao, de Madrid, donde se anunciaba una cosa llamada Speed Racer. Lo primero que pensé fue que era la publicidad de un vídeojuego, que por fin estaba desplazando al cine incluso en las carteleras. Y luego ya me ha ido llegando información sobre la película, porque de una película se trata: es la cinta con que los hermanos Wachoswki vuelven al cine después de habernos tomado el pelo por triplicado con Matrix. ¿Y qué es eso de Speed Racer? ¡Pero si este es Meteoro, de toda la vida!

Bueno, vaya recuerdos que me trae el titulito en cuestión. Meteoro, nada menos. En El País de las Tentaciones del viernes pasado, Jordi Costa le dedicaba un estupendo artículo a esta serie de dibujos animados que marcó época en los cuarentones de hoy (aunque no se emitió en 1976, como él dice, sino en 1975). Hay que ponerse en nuestra situación: dos cadenas de televisión, y una escasez total de dibus que, por lo demás, no iban mucho más allá de las producciones de Hannah-Barbera y (gracias a Dios) los Looney Tunes de la Warner, pasando por reposiciones de Popeye y demás cortos del King Features Syndicate. Y de repente, llegó aquello, primera serie japonesa que pudieron ver nuestros ojitos, y lo que vimos nos dejaba los ojos tan grandes como los de los protagonistas, que ya era.

Meteoro (Speed Racer de nombre original) era un adolescente con casco blanco y pestañas de lo más Orgullo que competía con su bólido Mach 5 en competiciones de todo el mundo. Por el camino tenía que enfrentarse con malvados de toda clase y condición dispuestos a hacer lo que fuera por impedirle ganar. Salía de todas gracias a su habilidad como piloto y a los gadgets con los que estaba equipado el Mach 5, que dejaba al Batmovil y a los coches de 007 a la altura de un Seiscientos. Esa era la trama básica, pero lo que me llamaba la atención es cómo estaba presentada: por primera vez vi morir gente en una serie de dibujos. Porque no es sólo que los malos fueran más malos que pegar a un padre con un calcetín sudao, es que las carreras transcurrían en escenarios imposibles: desiertos, desfiladeros, barrancos infernales, zonas volcánicas, y en cuanto se daba la salida, por lo menos media docena de bólidos se pagaban unas leches que ríanse ustedes de la de Kovalainen en Montmeló, y acababan hechos trizas o envueltos en llamas, mientras escuchábamos con todo detalle los gritos de agonía de sus ocupantes… Cada trama duraba dos o tres episodios, que acababan siempre en un cliffhanger de los de comerse las uñas hasta los codos, que nos dejaba esperando el desenlace la semana siguiente; desenlace que rara vez llegaba, porque la Televisión Española de entonces se pasaba la continuidad por ahí mismo y ponía los episodios como Dios le daba a entender. Aquí tienen el pedazo de presentación original. ¿A que mola? Y del doblaje ni hablamos...

Bueno, pues eso era Meteoro. Con lo cual comprenderán que no vaya a ir a verla, porque me temo que todos esos recuerdos se me pueden venir abajo con una facilidad pasmosa. Además, verle con otro nombre… Lo de "Meteoro" tenía un pase, pero ¿Cómo se va a llamar un tío Speed de nombre y Racer de apellido? “Hola, tú ¿cómo te llamas?” “Pues me llamo Speed Racer, Spi para los amigos”. “¿Y a qué te dedicas?” “Hombre, yo iba para ginecólogo, pero con este nombre…”. Por eso de que la realidad raras veces imita al cine, el único piloto real con un nombre parecido era Scott Speed, que abandonó el campeonato de Fórmula 1 por la puerta chica después de mostrar infinitas maneras de hacer el ridículo al volante. Pero esa es otra historia, como decía aquél.

Y por cierto, insisto: el título es de vídeojuego, el cartel es de videojuego, y por lo que se ve en los trailers, la película tiene una pinta de videojuego que tira de espaldas. Ustedes mismos.

miércoles, abril 30, 2008

¿El fin del morbo?


Nunca he terminado de entender el morbo de Al Pacino y Robert de Niro. El morbo por verles trabajar juntos, quiero decir. Supongo que la cosa tiene su origen no sólo en su enorme peso como actores en el cine americano de los 70, sino en que los dos interpretaron a padre -Vito Corleone- e hijo -Michael Corleone- en la segunda parte de El Padrino, pero sin que en ningún momento llegaran a aparecer al mismo tiempo en pantalla. Cosa lógica, porque sus escenas transcurrían en épocas diferentes. Desde entonces, siempre se ha especulado con la posibilidad de verles juntos en una película. La cosa pareció solucionarse con Heat (1995), de Michael Mann, donde De Niro era un sofisticado atracador de bancos, y Pacino, el policía encargado de detenerlo. Pero tampoco, porque los mitómanos contemplaron con desilusión cómo el único momento en que compartían pantalla fue en la famosa escena de la cafetería, que encima está rodada en plano contraplano, es decir, que tampoco se les llega a ver juntos en ningún momento.

Algunos, en el colmo del mosqueo, han llegado a decir que ni siquiera rodaron esa escena al mismo tiempo, sino que cada uno dijo su papel por separado; un rumor que se desmiente cuando se ve la escena con atención: el cogote que vemos en cada momento pertenece, efectivamente, al otro actor.

Bueno, pues ahora parece que se acabó el morbo: este otoño se estrena Righteous kill, donde, por lo que anticipa el trailer, parece que nos vamos a hartar de verles compartir pantalla en el papel de dos policías de Nueva York a la caza de un asesino en serie especializado en liquidar criminales que han salido libres por tecnicismos legales. Yo en este tipo de cosas, no soy demasiado mitómano, y aunque me consta el atractivo de verles trabajar juntos, hubiera preferido que esto lo hubieran hecho cuando ambos tenían menos años y estaban al cien por cien de su fuerza interpretativa -Pacino está más arrugado que el kleenek de un alérgico, y De Niro parece el hermano gordo de Tony Soprano-. Por otro lado, no deja de ser curioso que De Niro haya trabajado ¡tres veces! con la otra estrella carismática de esa época, Dustin Hoffman, sin que se haya producido un revuelo comparable. Y recordemos que, por lo menos, de una de las películas que protagonizaron -Los padres de él (2004)- cuanto menos se diga, mejor. Esperemos que no pase aquí lo mismo, y que Righteous kill valga la pena de ver… salga quien salga.

De todos modos, volviendo a la famosa escena de la cafetería en Heat, queda la duda de por qué en ningún momento aparecen los dos actores en un plano general. Sobre esto tengo una teoría personal e intransferible, basada únicamente en la intuición: los dos están interpretando a personajes que están en lados opuestos de la ley. Uno es un policía, el otro un criminal. Y, aunque se caigan bien, como ellos mismos se encargan de aclarar, si sus caminos se vuelven a cruzar no vacilarán en matarse. El plano contraplano, en este caso, sirve, creo yo, para delimitar esa barrera insalvable entre uno y otro. Un plano general estropearía esa sensación de distancia, daría una falsa impresión de que, en el fondo, tienen mucho en común; y no es el caso.

Ya les digo, es sólo una opinión personal. Y, si se pasan por Los Ángeles, apunten esta dirección: 9101 Wilshire Blvd. Beverly Hills, CA. Es la de Kate Mantillini el lugar donde se filmó la conversación, y por tanto, un lugar de peregrinaje para los mitómanos. Pero de cafetería nada, ¿eh? Es un restaurante de cuatro estrellas, así que preparen la Visa. ¿La mesa donde se sentaron Pacino y De Niro? La 71... Pero creo que está más solicitada que el número de móvil de Brad Pitt.

martes, abril 29, 2008

Fuera de línea

No he ido todavía a ver Elegy, pero la tengo reservada. Me llama la atención la coincidencia de críticas favorables que ha recibido la última película de Isabel Coixet, y además Ben Kingsley siempre es un valor seguro, y Penélope Cruz, cada vez más. El material del que parte, en cambio, -la novela de Philiph Roth El animal moribundo- me interesa menos. De Roth he leído un par de cosas -El lamento de Portnoy, por supuesto, y The professor of desire, donde aparece también el personaje de David Kepesh que interpreta Kingsley- y la verdad, lo único que veo son conflictos intelectuales, problemas por ser judío y más problemas por la cuestión del sexo. O sea, igual que Woody Allen, pero en trascendente.

Pero dejando aparte mi opinión sobre Roth, me ha sorprendido encontrarme con el nombre de Nicholas Meyer como responsable del guión. No me puedo imaginar a dos escritores más diferentes. Verán, Meyer está un poco olvidado hoy, pero a finales de los 70 y principios de los 80 era bastante conocido como director y escritor. Aparte de algunas incursiones en la ciencia ficción, era un enamorado de la época victoriana y un sherlockiano de primer orden. De lo primero dejó constancia en una de sus mejores películas, Los pasajeros del tiempo (1979) -donde mezclaba a H. G. Wells con Jack el Destripador- y de lo segundo con sus novelas Elemental, doctor Freud (1975) -llevada al cine por Herbert Ross- y Horror en Londres (1976). En la primera, un Sherlock Holmes destruido por su afición a la cocaína viaja a Viena para ser tratado por Sigmund Freud, y de camino se encuentra con otro misterio a resolver; la segunda junta al detective con figuras de la época como George Bernard Shaw y Oscar Wilde. Y, después de muchos años de silencio, reincidió con la novela El ángel de la música (1995) donde el periplo europeo de Holmes le lleva a trabajar como violinista en el palacio de la Ópera de París y a darse de bruces con cierto fantasma

Son novelas que hemos disfrutado enormemente los sherlockianos de todo el mundo (en España las dos primeras las publicó Ultramar, y la tercera, Ediciones B; son bastante dificilillas de encontrar, me temo), pero quizá no sean el bagaje más adecuado para enfrentarse a Philip Roth. De hecho, en una entrevista en el último número de Dirigido porCoixet explica que desechó buena parte del trabajo de Meyer y se reunió varias veces con Roth para hablar de los cambios que quería hacer en el guión. Entre ellos un happy end colocado por Meyer que no pegaba demasiado con el tono general de la película, y los diálogos del personaje de Consuela, que interpreta Penélope Cruz. Según cuenta Coixet: “era esa cosa yanqui de una cubana con unas tetas estupendas que encima es tonta. Meyer había inventado muchas cosas respecto al personaje de ella para encajar en los estereotipos latinos que tienen la mayoría de los norteamericanos que nunca han conocido a nadie cubano o dominicano. Creo que Consuela tiene una inteligencia natural, ha leído, está haciendo un posgraduado…”.

Obviamente, Coixet y Meyer no han acabado muy bien, pero me parece bien que en una película norteamericana la última palabra la tenga el director. Y espero más trabajos de Meyer, que tan buenos ratos me ha hecho pasar (mejores que Philiph Roth)… pero más en su línea.

domingo, abril 27, 2008

Bocazas

Cuesta trabajo recordar que en la década de los 80 Steven Seagal fuera considerado una de las principales estrellas del cine de acción. No cuesta ningún trabajo, en cambio, reconocer que en la primera década del siglo XXI se ha convertido en uno de los mayores plastas de la televisión hispánica. Hasta media docena de películas suyas que nos han cascado en las dos últimas semanas en canales nacionales, privados y autonómicos. Peor aún, cuando me acerco al videoclub veo con consternación (“Oye, Consternación, mira esto”) que hay siempre como tres o cuatro títulos nuevos con su careto en la estantería de novedades. Eso va a ser que alguien las alquila. Bueno, yo nunca pensé que mis vecinos fueran suscriptores de Cahiers Du Cinema, precisamente. ¿Y qué se puede esperar de un sitio donde recomiendan El motorista fantasma como una película “cojonuda, llena de acción”?

Lo más patético del asunto es que esta emisión de películas de Seagal no suele ir en orden cronológico, así que de un día para otro se puede pasar a verle en un canal en su etapa inicial, cuando aparecía como una estrella convincente de superproducciones de yoya y tentetieso, a la actual, marcada por años de “egomanía, declaraciones extrañas y paranoides y menús super size”, como la han definido acertadamente los chicos de The agony booth, y que ha resultado en películas de tercera regional que se estrenan directamente en los videoclubes (por lo menos, en el mío), y donde vemos a lo que parece un doble de John Goodman vestido de negro (que da un aire oriental, y además adelgaza), que necesita que le doblen hasta para dar los buenos días.

La historia de Seagal es bastante conocida: cómo, nacido en Wisconsin, emigró a Japón, donde se caso con una chica de allí cuyo padre tenía un dojo de artes marciales; cómo empezó a estudiar aikido hasta dominarlo y abrir su propio dojo en Osaka; cómo trabajó para la CIA en operaciones sobre las que no se puede contar gran cosa porque, claro, después tendría que matarnos; cómo volvió a Estados Unidos y empezó a enseñar aikido a varias celebridades, entre las que se contaba el todopoderoso agente de Hollywood Michael Ovitz, que le consiguió una prueba con la Paramount; cómo se esa prueba surgió Por encima de la ley (1988), donde se cargaba a los malos vestido como un genuino pijo de Jerez de la Frontera (blazer, camisa blanca y unos tres kilos de gomina, tirando por lo bajo), y que constituyó todo un taquillazo. Luego llegaron Difícil de matar (1990), Señalado por la muerte (1990), Buscando justicia (1991) y uno de los muchos plagios de Jungla de Cristal que proliferaron en esos tiempos, y que fue Alerta máxima (1992) (pobre Tommy Lee Jones, con lo que yo le quiero, y haciendo aquí de malo para buscarse las lentejas… claro que esto fue antes del Oscar por El fugitivo (1995)), que tuvo incluso una segunda parte… hasta que en los años siguientes comenzó la decadencia hacia los abismos del videoclub, y que, si quieren mi opinión, ya estaba tardando.

Bueno. Sobre esta historia oficial ha habido todo tipo de ejems, ejems, por parte de periodistas yanquis que no se la han acabado de tragar y que han destapado verdaderas fantasmadas sobre su época de maestro oriental, cargos de bigamia y, agresiones a periodistas, conexiones con la Mafia y recientemente, implicaciones con el polémico investigador privado Anthony Pellicano. Pero lo que yo les quería enseñar hoy son fragmentos de una entrevista que le hicieron en 1991 para la revista Movieline, cuando estaba todavía en la cumbre. Aquí van algunas perlas:

(Sobre Clint Eastwood): “Clint ha tenido una carrera muy larga, pero sólo ha hecho dos películas que me hayan gustado de verdad: El seductor y Escalofrío en la noche. Y quizá el primer Harry el Sucio. Me gusta Clint, es un hombre agradable, pero eso le pasa a todo el mundo. Un día eres la mayor estrella del mundo, y al minuto siguiente no te conoce nadie”.

(Sobre Francis Ford Coppola): “Nunca ha tenido una idea original. Nunca. Y no le importa robar cosas que han sido publicadas”.

(Sobre Martin Scorsese): “Probablemente la peor película que se haya hecho en la historia de la humanidad sea La última tentación de Cristo. No funcionaba. Daba pena. Y Uno de los nuestros es también la peor película que he visto en mi vida”.

Y la traca final: “Todavía no he tenido oportunidad de hacer el tipo de películas que quiero hacer. Todas han sido de acción, y mi mayor miedo es el de quedar encasillado en un género”.

Como suele decirse, el tiempo le pone a cada uno en su sitio. Y a este chico le ha puesto a ser el rey del prime time, cuando en un canal no tienen nada decente para competir con los partidos de Liga. Por cierto, también ha tenido tiempo de sacar una bebida energética con su nombre cuya crítica les adjunto aquí; por desgracia está en inglés, pero los que lean el idioma, harán bien en entrar.

¿Y no se está usted metiendo demasiado con Steven Seagal, me dirán ustedes? Pues a lo mejor… Pero después de tanta turra de pelis suyas, siempre puedo decir que él empezó primero.

miércoles, abril 23, 2008

¿Taquillazos?

Ha salido hoy en los periódicos la noticia de que los principales implicados en la cuarta entrega de Indiana Jones -es decir, el productor George Lucas, el director Steven Spielberg y la estrella ya algo cascadilla Harrison Ford-, se han comprometido a no cobrar sus honorarios hasta que la película sobrepase los 400 millones de recaudación. Bueno. No parece una decisión muy arriesgada, porque nos están vendiendo la película como uno de los taquillazos de este verano, pero estas cosas tienen truco, porque estos previstos 400 millones se refieren al beneficio bruto. ¿Puede una película recaudar mucho dinero y, al mismo tiempo, perderlo?

Me alegra que me haga esa pregunta, como decimos en el gremio. Precisamente hoy pasan en TVE 1 la bastante aburrida peli 60 segundos, interpretada (es un decir), por Nicolas Cage. En su libro La gran ilusión. Dinero y poder en Hollywood (Tusquets), el periodista Edward Jay Epstein la pone como un ejemplo de éxito de taquilla que, cuando se examina con cuidado, resulta no serlo tanto.

Veamos: esta película recaudó en todo el mundo 242 millones de dólares en taquilla. Considerando que el presupuesto de la cinta fue de 103,3 millones de dólares, la cosa suena a negocio redondo, pero…

Cito a Epstein: “para que la cinta llegara a los cine de Estados Unidos y el extranjero (la Disney) tuvo que pagar otros 23,2 millones de dólares: 13 millones por las copias y 10,2 millones en seguros, impuestos locales, aduanas, cambios en el montaje para la censura (!) y gastos de envío. A continuación, Disney gastó 67,4 millones en publicidad en todo el mundo. Por último, tuvo que pagar 12,6 millones de dólares en concepto de “tasas residuales” (…) En total, al estudio le costó 206,5 millones de dólares llevar esta película a las salas de exhibición”.

Esperen, que hay más: “La mayor parte de los 242 millones de dólares recaudados en las taquillas nunca llegó a las arcas de la Disney. Los cines se quedaron 139,8 millones de dólares. Las secciones de distribución de Disney recaudaron sólo 102,2 millones de dólares por una película en la que la compañía había gastado 206,5 millones. Y este cálculo no incluye lo que pagó Disnea a sus propios empleados encargados de la producción, la distribución y el marketing, ni los intereses sobre los millones que había desembolsado. Cuando se incluyeron estos gastos generales (17,2 millones de dólares) e intereses (41,8 millones de dólares), la pérdida que causó la exhibición de este “éxito” en las salas de cine ya superaba los 160 millones de dólares en 2003”.

Por supuesto, estos ingresos se complementan con el mercado del DVD y la venta de derechos a televisión, pero aún así… El presupuesto de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal es de 116,5 millones de euros, que no de dólares, y en publicidad piensan gastarse otros cien millones. Así que esos 400 millones de dólares no son un beneficio; es el punto a partir del cual comenzarán los beneficios, que no es exactamente lo mismo. Cifras que dan miedo.

lunes, abril 21, 2008

El talento y el talante

¡Discos de Sinatra! De piedra me quedé ayer cuando vi la última promoción con que los chicos de la prensa escrita intentan redondear un poco los cada vez más menguantes ingresos procedentes de la venta de ejemplares en quiosco. En este caso es El País es que va a ofrecerlos a partir del próximo domingo, pero cuando eché un vistazo más detallado a la oferta, me desilusioné un poquillo. Les cuento por qué.

El texto del anuncio reza que la colección, faltaría más, incluye “todos sus temas más emblemáticos: My Way, New York New York, Strangers in the Night…”. Vamos por partes: estas tres canciones no son ni de lejos las más emblemáticas para un verdadero amante de Sinatra; como mucho, son las más solicitadas en los karaokes, y pare usted de contar. Los títulos de los álbumes acaban de confirmar mis temores: son todos de los 60, 70 y (¡glups!) 80, pertenecientes a la etapa Reprise, la más conocida y la menos interesante. Reprise es la compañía discográfica que creó Sinatra para producir sus propios trabajos, una vez acabó su contrato con la Capitol. Y, aunque la colección va a incluir piezas tan interesantes como Sinatra & Basie (magistral), Francis A. Sinatra & Antonio C. Jobim (curioso, y con mucha clase… y sí, está La chica de Ipanema), Sinatra Swings o Frank Sinatra at the Sands (para oírle en su salsa cuando era el verdadero Rey de Las Vegas, con permiso del otro Rey... y de nuevo acompañado por Count Basie), también hay que mantenerse alejado de cosas como L & A is my lady, y de los textos de acompañamiento, que se prometen escritos por lumbreras de la casa como Manuel Vicent (¿qué se apuestan a que Maruja Torres mete cuchara?). Por otra parte, entre las ausencias imperdonables están Ring-a-Ding-Ding, Nice n’ Easy, Young at heart (una de sus mejores canciones, en uno de sus mejores álbumes), Sinatra’s Swingin Sessions y Only the lonely, por citar unos pocos.

Así que es un Sinatra, por así decirlo, de lo más turístico. No es que esté mal, pero podía haber estado mucho, mucho mejor. Porque la etapa en la que grabó en Capitol Records fue, con mucho, la más fructífera, la que construyó el mito de Sinatra tal y como lo conocemos hoy, aunque económicamente no le supusiera el chorro de millones que le llegaría en los años siguientes, como fundador y presidente de Reprise. Hay una anécdota sobre este particular, que ilustra perfectamente el talante y el talento de quien ha sido siempre (se nota ¿no?) uno de mis músicos favoritos:

En 1960, Sinatra estaba ansioso por terminar su contrato con Capitol y lanzar Reprise, pero aún le quedaba un disco por grabar con la compañía que le había acogido cuando todo el mundo decía que estaba acabado, y con la que lanzó algunos de sus mejores trabajos. Eso le daba igual; desde su punto de vista, lo importante es que estaba obligado a hacerles otro disco para que siguieran ganando dinero a su costa. El álbum en cuestión es Point of no return, y tantas ganas tenía de acabar con todo que apareció en tromba por el estudio en el edificio de Capitol y se negó a grabar más de una toma de cada canción. Si el productor David Cavanaugh le decía, por ejemplo, “Frank, el bajo en la última toma no ha sonado demasiado bien”, Sinatra respondía “Me da igual. Vamos con la siguiente”. Apenas accedió a repetir un par de tomas y, en cuanto hubo terminado con el trabajo, salió como una tromba para nunca más volver.

Si se escucha Point of no return, no se aprecia la menor diferencia de calidad en su voz comparada con cualquier otro disco de los que grabó en esos años.

Como dice Shawn Levy en su libro Rat Pack Confidential: “He was one talented son of a bitch”.

miércoles, abril 16, 2008

Devorados por el personaje



Hace ya bastante tiempo que el Festival de Eurovisión me provoca tanto entusiasmo como pasar un fin de semana en el duplex de Jose Luis Moreno, pero lo de este año ya es demasiado. No me voy a extender sobre el fenómeno Chiquilicuatre porque este es un blog culto, faltaría más, para lectores elitistas y cultivados, ¡qué coño!. Pero si traía el asunto a colación es por las noticias que he leído sobre que David Fernández, el actor que interpreta al cantante (???) de la guitarrita, tiene prohibido dar entrevistas, a menos que en ellas siga interpretando a su personaje. Es decir, no puedes entrevistar a David Fernández. A Rodolfo Chiquilicuatre, sí.

Es un caso obvio de personaje que devora al actor, bueno, más que devorarle, que se lo come con patatas. Porque David Fernández lleva años participando en el show de Buenafuente, donde ha creado personajes tan conseguidos como Goicoechea -un extremeño que quiere ser vasco-, Santi Climax -un aspirante a actor absolutamente negado y deprimente- o el padre de Lewis Hamilton, que cae todavía más gordo que el original. Pero, desde hace unos meses, es Chiquilicuatre desde que se levanta hasta que se acuesta. Espero que el previsible último puesto que nos vamos a llevar (¿se apuestan algo?) sirva para que el fenómeno pase a mejor vida cuanto antes.

Lo de actores devorados por el personaje que interpretan es una constante en el mundo del cine. Hay dos especialmente peligrosos: Superman y James Bond, como atestiguan las carreras de Christopher Reeve y de cualquiera de los seis intérpretes que hasta ahora se han enfundado el smoking de 007 (sobre todo de Sean Connery, que a finales de los 60 no dudó en proclamar que odiaba a Bond con toda su alma). Pero si nos remontamos más atrás en la historia del cine, encontramos otros casos aún más llamativos.

Fíjense en la chica de la foto de hoy. ¿La reconocen? Se llamaba Theda Bara, y en los años del cine mudo, fue una de las principales estrellas de la Fox. Desde su primera película A fool there was (1915), quedó encasillada para siempre en papeles de mujer fatal, a la que los hombres le duraban menos que un Sugus en una primera comunión. Todos sus papeles repetían más o menos el mismo esquema, pero fue cuando su cuarta película The devil’s daughter (1915) cuando su fama se disparó por todo el país. Las mujeres pateaban los carteles con su rostro, y los niños salían corriendo cuando la veían. Por supuesto, no se libró de interpretar a las grandes seductoras de la historia, desde Cleopatra (1917) hasta Carmen (1915).

La Fox, que era el estudio que la tenía bajo contrato, hizo todo lo posible por enterrar a la actriz dentro del personaje: según la biografía oficial facilitada por sus publicistas, había nacido en Egipto, hija de una actriz francesa y un escultor italiano, y había pasado sus primeros años a la sombra de las pirámides, antes de trasladarse a Francia. Su nombre artístico, por cierto, era (inintencionadamente) un anagrama de “arab death”, lo cual servía para aumentar todavía más el morbo… cuando en realidad, la chica se llamaba Theodosia Gorman y era hija de un sastre de Cincinatti.

Al final, cansada de repetir siempre el mismo papel, no puso impedimentos cuando la Fox no le renovó el contrato y, tras un par de intentos teatrales que no tuvieron demasiado éxito, se retiró del cine en 1926. Y, por cierto, apenas sobrevive media docena de sus películas, lo cual daría tema para algunas entradas más. Total ¿Qué interés hay por conservar el cine mudo? ¡Si no hablan!

lunes, abril 14, 2008

Más malos que la tiña (2)

En los últimos días, este blog está pareciendo una sección de necrológicas. ¿Pero qué quieren que le haga yo si se nos muere tanta gente importante? Este fallecimiento, fíjense, ha pasado casi desapercibido, quizás oscurecido por la muerte de Charlton Heston. Pero el hecho es que Richard Widmark nos dejó el 24 de marzo, tras pasar varios meses en cama por las complicaciones que siguieron a una caída en el pasado otoño; tenía 94 años, y a esa edad, los accidentes domésticos pueden tener consecuencias serias.

Widmark no es un actor demasiado recordado hoy día, pero en los años 50 y 60 participó en numerosas películas importantes, y a partir de entonces se pasó a la televisión y a trabajar como secundario de lujo. Y como malo, claro. Es uno de los ejemplos más claros de actor que comienza su carrera con un psicópata tan conseguido, que durante años le cuesta Dios y ayuda desencasillarse. Y, cuando por fin lo consigue, resulta enormemente eficaz en papeles de personaje con carácter (el compañero de James Stewart en "Dos cabalgan juntos" (1961), el juez del tribunal de Nuremberg en "Vencedores y Vencidos" (1961)). Y, aunque hizo tantos y tan buenos papeles en el cine, se le sigue recordando sobre todo por el primero, que le valió una nominación al Oscar al Mejor Actor Secundario.

La película en cuestión fue "El beso de la muerte", una obra maestra del cine negro dirigida por Robert Aldrich en 1947, y protagonizada por Victor "Caracartón" Mature. Widmark interpretaba a Tommy Udo, que no sólo era un gángster, sino un sádico con balcones a la calle. Como Aldrich no ha sido nunca un director precisamente remilgado con la violencia, se le ocurrió filmar esta escena que les dejo hoy, y que fue la que consagró a Widmark para los restos. Siento que esté en inglés, pero les recomiendo que la vean hasta el final, que es donde viene lo bueno. ¿Les extraña que después de hacerla hubiera gente que, según confesó años después, quisiera abofetearle cuando se lo cruzaba por la calle?


viernes, abril 11, 2008

"Algo tan natural como el nacer"


(Con un poco de retraso):

“A mí me gustaría morir lo más tarde posible, en perfecto estado de salud, en la cama, dormido y sin ningún problema. En cuanto a la escatología y sus alrededores, de existir un seguro que se comprometiera a hacer desaparecer mi cadáver sin darle tres cuartos al pregonero, ahora mismo suscribía la póliza y me daría igual si para hacerlo desaparecer lo tiraban a una alcantarilla. La muerte, aparte de ser una hija de la gran puta, es una cosa muy obscena, y las pompas fúnebres, una macabra muestra de mal gusto.

Menos mal que ya se puede uno incinerar, cosas que estuvo muy prohibida. Recuerdo que en Canarias, los hindúes, en los años cincuenta, tenían que llevar sus muertos a la pira de noche y a cencerros tapados. Ahora la Iglesia Católica permite la cremación, supongo que algún obispo o cardenal vio un día el cementerio del Este y cayó en la cuenta de que de seguir sepultando a la gente un día y otro nos íbamos a quedar sin tierra para la sementera. En cualquier casi, deberíamos considerar el morir algo tan natural como el nacer”.

(Rafael Azcona, en el libro Memorias de sobremesa. Conversaciones de Ángel S. Harguindey con Rafael Azona y Manuel Vicent. Ed. Aguilar. Madrid, 1998.). No lo busquen, porque está agotado.

Nació en 1926 y murió en 2008, no sé si como él hubiera querido. Aunque no comparto el entusiasmo generalizado sobre su obra, si dejó un par de guiones maestros, algunos muy buenos, y más morralla de la que se dice. Pero escribía para ganarse la vida. Así que he dejado que su epitafio lo pusiera él.

jueves, abril 10, 2008

Charlton y olé


Ya, ya sé que llevamos un par de entradas con Charlton Heston, pero es que no me resigno del todo a decirle adiós. Por lo menos, sin sacar algunas cosas sobre él que me parecen dignas de reseñarse. Su relación con España, por ejemplo. No creo equivocarme si digo que es la estrella de Hollywood que más veces ha trabajado en nuestro país. La cosa comenzó, desde luego, con El Cid en 1961, pero en los años siguientes se instalaría en lo que hoy es la macrourbanización de Las Rozas para protagonizar otra de las superproducciones del nunca bien recordado Samuel Bronston, 55 días en Pekín (1963). Bronston, como es sabido, cerró sus oficinas aquí, pero Heston siguió rodando en España; tanto en películas dirigidas por él como en coproducciones hispano franco alemanas o así, de esas que tanto abundaban en los cines de barrio de la Europa de los 60 y 70.

Lo cual le llevó, en más de una ocasión a trabajar con actores españoles. Sobre este particular hay un par de anécdotas. La primera se refiere al rodaje de Marco Antonio y Cleopatra (1972), dirigida por el propio Heston, y donde eligió para el papel de Octavia nada más y nada menos que a Carmen Sevilla. Pues bien, hace unos años en un programa de televisión -creo que fue en El show de Flo, presentado por el regordete Florentino-, llevaron a Carmen Sevilla de invitada… y pasaron una escena de la película, donde se ve claramente que Heston, en su papel de Marco Antonio, mientras desgrana frente a Carmen los inmortales versos de Shakespeare, le está tocando una teta con la mayor impunidad, pero al mismo tiempo como quien no quiere la cosa, como si estuviera plenamente concentrado en su papel y aquella mano estuviera donde estaba así como por casualidad. Preguntada sobre el particular, la actriz reconoció que sí, que eso pasó, y que tuvo que acabar diciéndole “mira, Chalton, o Calton, o como te llame, tu zerá una estrella y er directo de la pelicula, y to lo que tu quiera… pero no te pase”.

La otra anécdota se refiere al rodaje de La selva blanca (1973), una coproducción europea basada en The call of the wild, de Jack London. El lugar de rodaje elegido fue la ciudad noruega de Oslo, donde había unos exteriores que podían pasar sin demasiados problemas por la Alaska del libro, y uno de los compañeros de rodaje de Heston fue, según recuerda en sus memorias, “un joven y guapo actor español que había empezado a hacerse un nombre en el cine hispanoamericano”. El actor era Juan Luis Galiardo, que también había trabajado con Heston en Marco Antonio.

El problema, cuenta Heston, fue que la escasa luz solar y el aislamiento acabaron produciendo en Galiardo una depresión de caballo. Cada vez se iba encerrando más en sí mismo, con el ánimo más apagado. Heston era el único del equipo que hablaba español, y además regular, pero sus intentos de revivir a un Galiardo progresivamente ausente no tuvieron mucho éxito… hasta que un día quedó completamente paralizado al hacer una escena. “Luego se lo llevaron a un hospital de Oslo para hacerle unas pruebas. Aquella misma noche fui a visitarlo y me lo encontré callado, todavía sonriendo. Al cabo de uno o dos días le mandaron en avión a España, donde espero que se recuperara. No sé si alguna vez volvió a actuar”.

Pues sí, por aquí todos sabemos que Galiardo volvió a actuar, apareciendo en años recientes en películas estupendas como Familia, de Fernando León, y en otras que no lo son tanto. Y también utilizando esa prodigiosa voz que Dios le ha dado para insultar siempre que tiene ocasión al cine norteamericano. No sé si ha llegado a enterarse de que, al otro lado del charco, alguien le recordaba con más cariño.

martes, abril 08, 2008

Demasiadas hormigas

El otro día, la verdad, hablamos mucho de política y poco de cine. Y no podemos dejar así a Charlton Heston, que sobre todo y ante todo ha sido un actor con una impresionante lista de títulos en su haber. Ahora, a la hora de escoger el mejor, cada uno tendrá sus opiniones, aunque yo quisiera precisar que no es exactamente lo mismo una película con Charlton Heston que una película de Charlton Heston, no sé si me explico. Verán: es indiscutible (creo) que, por ejemplo, Sed de mal (1958) es uno de los mejores títulos en los que Heston ha intervenido, pero el verdadero protagonista de la cinta es su creador y director (y actor), Orson Welles. En cambio, El planeta de los simios (1968), o El último hombre vivo (1971) son películas de Heston, y la segunda, por cierto, mucho más recomendable que ese remake tan aséptico que rodaron el año pasado al servicio de Will Smith.

Así que, si me preguntan por la película de Heston que prefiero, yo elegiría Cuando ruge la marabunta (1954). Su director, Byron Haskin, siempre se desenvolvió más en el campo de los efectos especiales, y salvo su versión de La guerra de los mundos, rodada el año anterior, poco más tiene de destacable. Pero aquí dio en la diana. O pudo ser el guión de Ranald MacDougall. O la química entre Heston y Eleanor Parker. O todo junto. Pero a mí esta película me sigue pareciendo una obra irreprochable, redonda, perfecta. Algunos la han considerado como una antecesora de las películas de catástrofes que tan populares fueron en los setenta (Heston intervino en algunas porque, como él mismo reconoció, “trabajábamos solo unos cuantos días por un cheque de siete cifras”) por aquello de que al final la Marabunta del título se dispone a papeársele a Heston toda la plantación (en la censuradísima España de los cincuenta, cuando se estrenó, dio pie al chiste popular de “Pues yo la he visto en París. ¡Y en lugar de hormigas eran putas!”), pero es mucho más que eso.

Pocas veces he visto una historia igual. Leiningen, ese dueño de una plantación, duro como el pedernal, que concierta una boda por correo con una mujer a la que nunca ha visto. Cuando esa mujer, Joanna, llega a la selva él la rechaza al enterarse de que es viuda y, por tanto, ha conocido antes a otro hombre. Heston llena la pantalla con un machismo magnético, brutal (hay incluso un intento de violación), pero ella no se queda atrás, le planta cara y acaba sacando todo su miedo, toda la debilidad que lleva toda su vida ocultando tras esa fachada de animal. Y entonces, de verdad, se enamoran. Si Heston interpreta aquí a un macho con todas las de la ley, Parker crea una mujer con todas las letras, una mujer ante la que hay que quitarse el sombrero. Y los dos están como para hacerles la ola desde el patio de butacas.

De hecho, la historia de amor entre sus protagonistas tiene tanta fuerza, que al final cuando llegan las hormigas, a lo que parece que vienen es a incordiar. Que de verdad, que no hacían falta, que estábamos completamente absortos en la historia de esos dos personajes, y que si al final se hubieran ido a la plantación de al lado, pues casi mejor. Y si no, pues leñe, que Leiningen se hubiera comprado un bote de Cucal, y asunto arreglado.

domingo, abril 06, 2008

"Un fascista menos..."

Lo malo de haberme pasado un par de semanas sin actualizar el blog (viajes y otras cosillas, ya les dije) es que a la vuelta se encuentra uno con un montón de temas pendientes, aunque las entradas aquí no estén necesariamente guiadas por la actualidad. Pero es que me acabo de enterar de la muerte de Charlton Heston y tenía ganas de lanzarme al ordenador para contarles un par de cosas sobre él, así, rápido, mientras las cosas estén aun calentitas, para ver qué tal funciono como adivino de por dónde van a ir los tiros de muchos de mis queridos colegas.

Pero he llegado tarde, claro. Es lo que tiene Internet, que las reacciones a una noticia se producen a una velocidad de vértigo. No es por tirar piedras contra mi propio tejado, pero en la página web de un diario donde colaboro habitualmente, muy progre él, los lectores no han tardado comentar la noticia de la muerte de Heston con opiniones del jaez de: “un facha menos. Seguro que ha ido a hacerle sitio a Bush en el infierno”.

No, si ya lo veía yo venir. La cantidad de burricie que hay en este bendito país nuestro, donde estamos siempre tirándonos las ideologías a la cara, hacía presagiar que ese presunto fascismo del intérprete de Ben Hur iba a prevalecer para muchos sobre su carrera cinematográfica. Encerronas como la que le preparó el sinvergüenza de Michael Moore en Bowling for Columbine, acaban más fijas en la memoria colectiva que otros episodios de su vida, como cuando hizo valer su peso de estrella en los estudios para que no despidieran a Orson Welles o Sam Peckimpah, de los rodajes, respectivamente, de Sed de mal o Mayor Dundee, un detalle que pocos le suelen reconocer… entre otras cosas, por falta de información. ¿A quién le importa eso?

Pero hay algo más. Heston no sólo fue un excelente actor, sino un prolífico escritor que llevó durante años un diario pormenorizado de sus andanzas por el mundo, de rodaje en rodaje. Una selección de esos diarios, de 1956 a 1976, fue publicada por Penguin en 1976. Yo, con perdón, soy el feliz poseedor de un ejemplar, encontrado en esas estupendas librerías de viejo londinenses que hay un poco más arriba de Leicester Square, y son veinte años de apuntes concisos y a un tiempo minuciosos, con buen estilo y un notable sentido del humor.

Pero hay otro libro de Heston que es especialmente significativo: sus memorias, publicadas en España por Ediciones B, y escritas por él de su puño y letra, sin la ayuda de esos negros a que tan aficionadas son las estrellonas. Y en esas memorias, en la página 575 concretamente, nos encontramos con un párrafo muy significativo dedicado a Vanessa Redgrave, actriz que, al igual que Heston, es tan conocida por su talento como por sus ideas políticas… en este caso, casi a la izquierda de la izquierda. Bueno, pues tras haber trabajado con ella en el teatro, Heston no tiene inconveniente en calificarla en el libro como “la mejor actriz de nuestro tiempo”. Pero hay más. Cito:

“En cuestiones políticas, Vanessa y yo no podríamos estar más alejados. Yo soy conservador; las ideas radicales de Vanessa hacen que Jane Fonda se parezca a Herbert Hoover. Creo que nunca he perdido la ocasión de interpretar un papel por mis ideas políticas; Vanessa está en la lista negra debido a sus convicciones antisionistas. El mundillo del cine y del teatro deberían estar avergonzados por ello”.

Yo no sé qué pensarán ustedes, y este blog está, como siempre, abierto a todas las opiniones. Pero si quieren que les diga lo que pienso, si este párrafo lo ha escrito un facha, entonces yo soy un clon de Jiménez Losantos y me voy ahora mismo camino de Orihuela del Tremedal.

domingo, marzo 23, 2008

Se han pasao

Ahora que ustedes vuelven de vacaciones, soy yo el que se larga. La publicación de este blog se va a interrumpir durante la semana que viene debido a que me voy de viaje de trabajo muy, muy, muy lejos. Por cierto, como suelo hacer cada vez que tengo por delante muchas horas de avión, ayer salí a buscar algo de lectura. Y de repente, me encontré con esto que les cuento a modo de hasta luego.

Verán: en el sector de las revistas, de un tiempo a esta parte algunas han lanzado la moda de las portadas coleccionables. Esta consiste en sacar la revista al quiosco con tres o cuatro portadas diferentes -aunque el contenido sea el mismo en todas-, a ver si hay un suficiente número de prim… digo, de lectores interesados en comprárselas todas. Las revistas de cine lo han hecho con motivo del estreno de sagas como El señor de los anillos o La guerra de las galaxias, muy propensas a los frikis completistas. Cinemanía fue una publicación española que intentó seguir la moda en varias ocasiones, a ver si así vendía algún ejemplar (pero ni por esas). Y los chicos de Total Film

En otras entradas he recomendado esta revista inglesa de cine, junto con su competencia Empire. Bueno, pues el número de abril de Total Film está dedicado a James Bond, por aquello de que este año hay peli nueva, y además se cumple el centenario de Ian Fleming. Pero es que han sacado ¡21 portadas distintas! Una por cada película de 007, de forma que cada lector pueda llevarse a casa la revista con Connery, Brosnan, Moore, Craig, Dalton o incluso Lazenby, que de todo hay. Además, el papel de la portada tiene un gramaje y una tinta plateada que seguro alguno de los expertos que se mete por aquí de vez en cuando podrá calcular cuánto supone de coste añadido. Yo sólo sé del tema lo bastante como para decirles que, con toda seguridad, una pasta.

La idea tiene su gracia, y sospecho que la habrán desarrollado al alimón con MGM, que así publicita su serie de ediciones especiales en DVD dedicada a Bond. Pero miren, en este mundo de las publicaciones, donde hoy en día nadie se atreve a salir a la venta sin un regalito, una promoción, un lo que sea, yo lo que les digo es que lo importante para los lectores sigue siendo el contenido, el relleno, la chicha. Lo otro puede ayudar en un número o dos, pero si dentro no hay calidad, se queda todo en juegos florales.

Entonces ¿qué tal está el contenido de este Total Film? Bueno… El caso es que no se lo puedo decir, porque compré la revista ayer y me la estoy reservando para el vuelo. Se harán ustedes cargo...

Nos vemos en una semana, más o menos. Sean buenos, vayan al cine y feliz regreso a los que se hayan ido.