
Pues sí, lo de este puente ha sido un verdadero atracón de cine español, y además en soportes de lo más variado: DVD, televisión, cine. Cuatro películas han caído, algunas por primera vez, otras revisitadas. Aquí les dejo un breve resumen estimatorio, por nivel estricto de preferencia, de más a menos:
El espíritu de la colmena (Victor Erice, 1973). A veces con las películas pasa como con los perros: un año de edad equivale a siete. Esta tiene ya 34 años, y sigue como una pera, sin necesidad de
liftings. Más allá de la historia que cuenta, y de uno de los mejores trabajos de fotografía que se hayan visto en el cine patrio, sorprende que pocos directores españoles, por no decir ninguno, hayan tomado lecciones de
Erice sobre la elipsis, la supresión de diálogos innecesarios, el uso de la cámara y las miradas para decirlo todo. Ese tramo central, de unos veinte minutos de duración, donde se cuentan tantas cosas y apenas se dicen dos frases. Y lo más prodigioso es que estamos tan embebidos en la trama que
no nos damos cuenta hasta después de que nos han narrado la historia no a base de verborrea, sino a base de cine.
El orfanato (Juan A. Bayona, 2007). Pues no, aún no la había visto. Me habían llegado sobre ella comentarios de lo más variado, y no todos elogiosos. Pues soy de los que le ha gustado. La comparación con
Los Otros es inevitable, pero no porque esta película le robe cosas, sino más bien porque
tanto Bayona como Amenábar se han inspirado en las mismas fuentes, y así, claro… Aunque le sobran clichés (“verás tú el bote que pega el patio de butacas con esta escena de la mano de la muerta”) y planos exteriores del orfanato (vale que el edificio es muy bonito, pero al vigésimo paseo de la cámara por la fachada uno empieza a cansarse), creo que gana esta, quizá porque me ha tocado mucho más la escena final, donde la historia de Peter Pan (¡y de Wendy!) cobra todo su sentido a la hora de ligar la trama, y desde luego, por Belén Rueda, cada vez más un valor infalible de cualquier película en la que se meta.
Atún y chocolate (Pablo Carbonell, 2004). Bueno, esta la pusieron el sábado en
Versión Española, y me la tragué. Pero aquí no soy imparcial: es que está rodada en Barbate y Zahara de los Atunes, dos pueblos que conozco muy bien, y siempre entretiene ir reconociendo paisajes, calles, playas… ¡Y la inevitable tienda de Zahara, donde se compra el tabaco, el periódico, las revistas, el bronceador y el
bestia-seller para leer en la arena!. Por lo demás, flojita, con momentos divertidos, sobre todo si se es de la zona. Un problema: si uno no es andaluz, o lo es pero no tiene acento -caso de un servidor- no intenten imitarlo, porque queda fatal, y si lo intentan, no lo hagan llenándolo tó de zeta y penzando que azí uno zuena andalú a tope. Si Carbonell hubiera tenido esto en cuenta, su interpretación chirriaría menos.
Las largas vacaciones del 36 (Jaime Camino, 1976). La Guerra Civil vista desde las casas de verano de unos burgueses catalanes, donde se refugian a medida que va avanzando la contienda. En su día llamó la atención por ser de las primeras películas que se apartó de casi cuarenta años de cine oficial (franquistas buenos, republicanos cabrones) para presentar la versión contraria (franquistas joputas, republicanos guays). El problema es que el guión es flojo y cae una y otra vez en tópicos, que luego además serían retomados por películas posteriores sobre el mismo tema; el reparto hace lo que puede, pero de donde no hay, no se puede sacar. Flojita hace treinta años, y prescindible ahora.
Y eso ha sido todo por hoy. ¡Esto sí que ha sido un puente cinematográfico… y no el de Landa y Bardem!.