
"Era imposible imaginárselo con los calcetines caídos" fue una de las muchas frases que se dijeron sobre Cary Grant, de cuyo fallecimiento se cumplen hoy veinte años. No solamente ha sido considerado uno de los hombres más elegantes que jamás se hayan asomado a la pantalla: también fue elegido el número uno entre las estrellas de cine de todos los tiempos en un artículo publicado en 2005 en la revista Premiere.
Sus orígenes, de todos modos, no hacían presagiar su posterior triunfo: nacido en un hogar inglés de clase baja, dejó la escuela a los catorce años y estuvo trabajando como acróbata antes de comenzar su carrera de actor en Estados Unidos. Compensó su carencia de educación formal siendo un ávido lector toda su vida, y sus comienzos en las variedades le otorgaron una envidiable forma física. Tambien sabía, por cierto, andar con zancos, cosa verdaderamente difícil como sabrá quien lo haya intentado alguna vez.
Su preocupación por la salud hizo que siempre pareciera bastantes años más joven de lo que era; de hecho, Alfred Hitchcock le dio el papel protagonista en Con la muerte en los talones frente a James Stewart, porque pensaba que Stewart parecía demasiado viejo, aunque la verdad es que tenía cuatro años menos que Grant. Es en esta misma película donde Carol Joyce Landis interpreta a su madre, aunque en la vida real sólo le llevaba siete años.
Quizá por eso, durante mucho tiempo Grant se mostró reacio a confesar su edad. Esta anécdota solo la entenderán los angloparlantes, pero la pongo de todos modos, porque es una de mis favoritas: queriendo resolver sus dudas sobre la edad del actor, un periodista le envio el siguiente telegrama a su agente: HOW OLD CARY GRANT? Grant leyó el telegrama, y le envió otro como respuesta: OLD CARY GRANT FINE. HOW YOU?


















