jueves, febrero 07, 2008

¿Sin rastro?

Jose Manuel Serrano Cueto, fiel lector de este blog y autor de interesantes libros dedicados al cine de terror clásico, me hace llegar la noticia del fallecimiento de Carlos Aured, el pasado día 11. Este director de cine, que parece haber desaparecido sin dejar rastro de la historia del celuloide patrio, ha pasado a mejor vida sin haber ganado nunca un Goya. Primero, porque no existían cuando él hacia cine y segundo, porque es muy dudoso que se lo hubieran dado a alguien cuya filmografía consta de películas como El espanto surge de la tumba (1972), Los ojos azules de la muñeca rota (1973), La venganza de la momia (1973) o El retorno de Walpurgis (1973), una más de la saga del hombre lobo creada por Paul Naschy, cuyo cartel tienen aquí a la izquierda.

El Diccionario de directores del equipo Reseña nos cuenta alguna cosa más sobre él: “dedicó nueve años de su vida a prepararse para el ingreso en la Escuela de Ingenieros de Caminos, carrera que no concluyó (…). Colaboró por un tiempo en La estafeta literaria. Fue también ayudante de dirección teatral de Gustavo Pérez Puig”. Cuando enumeran su carrera como director, se limitan a definirle como un realizador de subgéneros, entendiendo por tales el terror y el erótico, ya que a partir de 1977, se dedicó a cintas con títulos tan expresivos como Susana quiere perder eso (1977), La frígida y la viciosa (1980) o El hombre del pito mágico (1982).

Bueno, ¿y qué? Es preciso juzgar las cosas en su momento y lugar. Y conviene recordar que en los tiempos en que se hacían estas películas, el cine español estaba lanzado a tirarse a las piscinas de todo tipo de géneros, para los que siempre había una demanda. Estas cintas -pienso sobre todo en las de terror, porque las otras nunca me han interesado mucho; donde esté lo auténtico…- no sólo se estrenaban en España, sino en otros países europeos (y más allá), donde contaban con suficiente público como para generar beneficios y dar trabajo a una cantidad apreciable de profesionales: actores secundarios, carpinteros, transportistas, maquilladores, electricistas y unas cuantas profesiones más relacionadas con el cine, que subsistieron gracias a este subgénero mientras otros parían sus genialidades. Que en algunos casos, en efecto, eran genialidades; pero con dos películas buenas al año no se sostiene una industria. La industria estaba en estas películas, producidas como churros, que iniciaban tras su estreno un doble periplo, por las pantallas de otros países y por la entonces numerosísima red de salas de sesión contínua y cines de verano. En uno de ellos -el, por supuesto, desaparecido Jardín Cinema de mi ciudad natal- vi yo El retorno de Walpurgis, con catorce años, Pepsi Cola y pipas.

Tiene gracia, porque precisamente este último año parece que el cine español está empezando a regresar a eso que se llama cine de género, cuya principal finalidad es llenar las pantallas de todo tipo de historias que, sin ser grandes logros artísticos, entretengan al personal. Y parece que estamos regresando al terror, con Rec y El orfanato, entre otras. Espero que esta iniciativa se convierta en racha y, sin tener que volver al gazpacho-western, aparezcan directores decididos a meterse en el policiaco -aparte de Enrique Urbizu-, o alguno que por fin sepa de verdad hacer comedia. ¿Quieren saber lo que opino? Necesitamos más Carlos Aured.

miércoles, febrero 06, 2008

Genio y figura

A Pau Gasol le entrevisté hace un par de años, en un reportaje para National Geographic Television. Cuando se pasa del metro noventa, como le ocurre a un servidor, no es fácil encontrarse con gente que se te imponga por la estatura. Fue el caso. Me sacaba, fácilmente, cabeza y media de alto… y de ancho. Dios, que pedazo bestia. En lo físico, se entiende, porque luego, en el rato que le puse el micrófono delante, me pareció un chaval de lo más tranquilo. Recuerdo como anécdota la petición de su mánager: “Oye, no os importa que pique algo antes de la entrevista ¿No? Es que este chico, si no come…”. Dicho y hecho, le pusieron delante una bandeja de sandwiches que le duró menos que una saliva en una plancha.

Ahora Gasol está en los Lakers, lo cual significa que va a tener como uno de sus fans a Jack. No hace falta poner el apellido porque, cuando se Hollywood se trata, Jack no hay más que uno y a ti te encontré en la calle. Las relaciones entre Nicholson y el equipo de sus amores son legendarias y han dado lugar a multitud de anécdotas. Cuando está de rodaje, siempre que puede se escaquea a su caravana para ver el partido. Si esto no es posible, hace que se lo graben, y pobre del que ose adelantarle el resultado. Cuando no trabaja, es normal que viaje con el equipo de sus amores, pero sus arrebatos de hooligan le han hecho bastante impopular en campos rivales, como el de los Boston Celtics. En una ocasión en que acudió allí a ver un partido, se encontró con que las tiendas de recuerdos vendían unas camisetas con las palabras FUCK YOU, JACK. Inmediatamente, se compró una docena.

De todos modos, mi anécdota preferida de Nicholson con los Lakers es una que tuve ocasión de ver por la televisión. Eran los finales de los años 80, y Televisión Española había comenzado a ofrecer partidos de la NBA. Y fue en uno de los Lakers cuando el cámara, durante un descanso, enfocó a Jack, que estaba, como siempre, en su asiento de tribuna. De repente, aparece una chica negra enfundada en un traje rojo, de figurón no apto para cardíacos, que intenta acercarse a Jack. Al momento, el maguila de servicio se levanta y le dice a la chica que no, que al señor Nicholson no se le puede molestar. Pero el señor Nicholson se da cuenta del cacho maroma que pide audiencia, y le dice al guardaespaldas que ya la está dejando pasar si no quiere acabar en la cola del INEM, o como se llame allí. En fin. La chica pasa, se presenta, se dan dos besitos, charlan un poco, y al final ella le pasa un papelín donde cabe suponer que estaría su número de teléfono. A estas alturas, no estaba mirando el partido ni Zeus. Todos mirando a Jack, gritando, aullando y aplaudiendo. Se va la chica, entre los vítores del respetable, y Jack se pone se pie y con una sonrisa de oreja a oreja va saludando a todo el estadio, como diciendo, pues sí, me parece que voy a quedar con ella para lo que se tercie, que seguro que se tercia. ¿Pasa algo?

Fue antes de los tiempos del You Tube; si no, de verdad que la escena arrasa.

domingo, febrero 03, 2008

Zarrapastroso's night (2)


Escribo cuando faltan pocas horas para que comience un año más la plasmación más fidedigna de las inmortales palabras de Marlon Brando en Apocalypse Now: El horror, el horror… Para que vean que soy un chico coherente, me remito a la entrada que publiqué aquí hace ahora un año referente a la gala de los Goya. Entonces, por desgracia, no me equivoqué en mis predicciones, y sospecho que tampoco voy a hacerlo ahora, porque, si el espíritu de John Ford no le remedia, me temo que esto es lo que vamos a padecer a partir de las diez de la noche:

1. Un presentador que se dedicará a plagiar momentos de la gala de los Oscar, concretamente las parodias de las películas nominadas que se han convertido desde hace años en la seña de identidad de Billy Crystal cuando presenta la cerrémonia. Claro que no hará solo eso: empleará material original donde, sospecho, volverá a confundir la chocarrería con el descaro y el mal gusto con la trasgresión.

2. Un discurso oficial lleno de victimismo sobre lo mal que va el cine español, por culpa, evidentemente, de las multinacionales americanas que, como todos sabemos, nos obligan a ver sus superproducciones por la vía de la coacción directa. Aquí es posible que me equivoque, porque bien es cierto que en los dos últimos años, esta tendencia al lloriqueo ha cesado; si quieren hablar de algo serio, podrían denunciar que el cine de todo el mundo, Hollywood incluido, está sufriendo un bajón de espectadores y plantear cómo habría que enfrentarse a la piratería y a los nuevos soportes de visionado.

3. Un auditorio lleno en tres cuartas partes, con abundancia de asientos vacíos, indicando que el cine español no tiene suficientes profesionales interesados en acudir a la gala como para llenar el Palacio de Congresos de Madrid… que es grande, pero no tanto.

4. Camisetas, vaqueros, rostros sin afeitar, acento barriobajero y cheli que explica por sí sólo por que nuestros actores, sobre todo las nuevas generaciones, parecen incapaces de interpretar personajes que no pertenezcan al universo de lo marginal. ¿Smoking? ¿Chaqueta y corbata? ¿Desodorante? ¿Ducha diaria? Cosa de carcas, voto a bríos. (Eso sí, menos mal que las chicas siempre salvan el conjunto, y este año está nominada esa alegría para la vista y excelente actriz que es Maribel Verdú).

5. Chicle. Mucho chicle. Toneladas de chicle, en las quijadas de los asistentes, sin que ni siquiera la obligación de subir al escenario detenga un momento su afición a la gimnasia mandibular. Aún recuerdo el año pasado a la mujer de Agustín Almodóvar masca que te masca que te masca mientras las cámaras la enfocaban en primer plano.

6. Y, en conjunto, la misma sensación de grupo de amíguetes encantados de conocerse que en ningún momento ejercerán la más mínima autocrítica sobre su trabajo y sobre sus consecuencias sobre la marcha de nuestro cine. Y eso, a pesar de las honrosísimas y merecidas excepciones que demuestran que, cuando una película española es buena, no tiene problemas en llenar las salas. Aquí y en el extranjero.

¿Me equivoco? La solución, esta noche, para los que tengan la paciencia de verla.

jueves, enero 31, 2008

No les llega

A ver, que la cosa es para partirse. Resulta que Shaquille O’Neal, el jugador de baloncesto de la NBA que en sus ratos libres ha intervenido como ¿¿¿¿actor???? en una abominación titulada Steel -una de las peores adaptaciones de superhéroes que se hayan hecho nunca, aquí a la izquierda, de nada, un placer- está en pleno proceso de divorcio. Y claro, como se suele hacer en estos casos, el chico está haciendo todo lo posible para evitar que los abogados de su ex le saquen hasta las asauras. Y la estrategia para ello es convencer al tribunal de que, aunque no lo parezca, está a la cuarta pregunta. Tiezo, como decimos por el sur.

Claro que O’Neal ha reconocido que percibe un sueldo mensual de aproximadamente 1,3 millones de euros. Ya, ya sé que ustedes y yo hay semanas que no ganamos eso, pero es que además ustedes y yo no tenemos los problemas de presupuesto que tiene Shaquille: el angelito se gasta al mes 112.000 euros en las hipotecas de sus tres casas (para que luego digamos por aquí…), 79.000 en vacaciones, 23.000 en seguros, 43.000 en regalos, 17.000 en cuidadoras para los niños (si hay vacante, que avisen), 19.000 en gasolina y aceite para sus cuatro coches, 20.000 en criados, 12.000 en ropa, 9.000 en comida, 5.000 en lavandería, 1.600 en sus perros, 2.400 en teléfono, 1.200 en televisión por cable y 1.300 en mantenimiento de piscina y césped.

Lo de los 43.000 euros en regalos debe ser porque tiene complejo de Santa Claus, pero yo no me explico muy bien cómo cuatro coches pueden gastar 19.000 al mes en gasolina (y aceite) o qué tipo de tele por cable te clava 1.200 euros de cuota mensual. Pero no piensen que lo de Shaquille es un caso aislado. Hoy, en homenaje a la (feliz) desaparición del Tomate, vamos a cotillear un poco sobre los hábitos de consumo de algunas celebridades de la gran pantalla:

Aaron Spelling. Celebró su éxito como productor de las series de televisión más horteras del mundo -Dinastía, Vacaciones en el mar, Los ángeles de Charlie…- construyéndose una mansión de 45 millones de dólares. Eso sí, la casa venía completita con garaje para 82 coches, cuatro bares, tres cocinas, gimnasio, sala de proyección, piscina olímpica, bolera y doce fuentes. Todo para tres personas: él, su señora y su única hija, Tori.

Sting y señora: gastaron 80.000 dólares en los trajes de Versace para su boda; eso sí, se cuenta que luego los donaron para una de las campañas de salvar la amazonía a las que tan aficionado es el miembro más plasta de Police.

Madonna: 21.000 dólares en el caviar con que aprovisiona su avión privado cuando está de gira.

Michael J. Fox: 50.000 dólares en un estanque artificial cerca de su casa, para que su hijo aprendiera a pescar.

Demi Moore: 3.000 dólares al mes en agua mineral que utiliza para cocinar, lavarse… y beber (De Kim Basinger se ha dicho algo parecido; que sólo se lava con agua Evián).

Jamie Foxx: unos 40.000 dólares en un reloj que le regaló a Tom Cruise como agradecimiento por lo bien que habían trabajado juntos en Colateral (si Luis Tosar llega a enterarse, igual no se habría llevado tan mal con él durante el rodaje de Corrupción en Miami).

George Hamilton: indefinido. Pero se dice que el actor mejor peinado de Hollywood nunca usa dos veces el mismo par de calcetines. Calculen cuánto cuesta un par, y hagan cuentas, si quieren.

Así que, ¿Lo de Shaquille? Comida pa los pollos. Miren, para cerrar la entrada de hoy nada como una frase atribuida al actor George Raft cuando le preguntaron cómo se las había arreglado para pulirse una fortuna de diez millones de dólares: “Una parte se me fue en mujeres y otra parte en el juego. El resto lo gasté a lo tonto”.

miércoles, enero 30, 2008

Goyescas


Hoy tengo un poco de lío, así que voy a ser breve. Parece que este domingo vamos a tener de nuevo el placer de gozar de José Corbacho presentando la gala de los Goya, durante la cual, no cabe duda, volverá a dejar abundantes muestras de su finísimo humor inglés (“¡GUILLERMO, QUE CHINGES MUCHO ESTA NOCHE, JUA, JUA, JUA!”, fue una de las perlas de la pasada edición). Más allá de la puntería de la Academia en su elección de presentador, quisiera hacer dos preguntillas:

1. La elección de Corbacho como presentador de la gala se hizo, si mal no recuerdo, la semana pasada. ¿Debemos entender que la ceremonia se prepara apenas con quince días -como mucho- de antelación? Lo digo porque la ceremonia de los Oscar comienza a cocinarse meses antes, y las ocho últimas semanas son de trabajo frenético. Si hay tanta diferencia entre el tiempo invertido entre una y otra, la verdad es que se comprenden muchas cosas.

2. Si los premios Goya -como los Oscar, los Globos de Oro o cualquier otro galardón cinematográfico- tienen como fin principal promocionar las películas premiadas -y les aseguro que ese es el objetivo, y no otro- ¿Cómo es posible que aún no estén disponibles en DVD ninguna de las principales candidatas? Ni El orfanato, ni Las trece rosas, ni siquiera Luz de domingo.

3. Bueno, dije que eran dos, pero hay va otra de propina. ¿Algún motivo por el cual este año tampoco va a haber números musicales? ¿Queda hortera, queda cutre, ellos van a otra cosa?
Tres preguntas que, si me lo permiten, se resumen en una: ¿Es que estos chicos no van a aprender nunca?

lunes, enero 28, 2008

¡¡Dios mío, ESTO es un infierno!!

Es posible que a los lectores más jóvenes les cueste imaginar lo que significaron las películas de Rambo allá por los años 80 del siglo pasado, mucho menos si se molestan en ir a ver esta vetustilla cuarta entrega. Cinematográficamente, la verdad es que no significaron gran cosa, pero como fenómeno social… en plena era Reagan, nadie como Sylvester Stallone supo ver el filón que significaba la recuperación de los valores yanquis más vetustos, y la idea de presentar en la pantalla a americanos de pura cepa dándoles las del pulpo a los enemigos tradicionales de la nación.

Hubo otros, claro, empezando por el chuachegobernador de California y siguiendo por Chuck “visita Texas si tienes huevos” Norris, pero ya les digo, Stallone los superó a todos con su doblete conseguido en 1985 con Rambo y Rocky IV, que aparte de convertirle en multimillonario le hizo merecedor de una portada de la revista Time.

Cuesta creer que este fenómeno tuviera su origen en la novela escrita en 1972 por un profesor de literatura, David Morrell. Pero así fue: Primera sangre (publicada en España por Ultramar) llamó la atención de Hollywood nada más aparecer, pero en aquella época no se pensaba que la historia de un excombatiente de Vietnam que se volvía loco y destrozaba un pueblo entero cuando le tocaban demasiado las narices tuviera mucho atractivo. Claro que eso fue antes de que Stallone la cogiera diez años después y la convirtiera en Acorralado. Es curioso; en la película y en la novela pasan casi las mismas cosas, pero el trasfondo de la historia es muy distinto. El Rambo literario no es una masa de músculos, sino un tipo de lo más normal que, antes de que le toque ir a Vietnam, se alista voluntario en las Fuerzas Especiales porque sabe que así tendrá más posibilidad de sobrevivir. Cuando le sueltan de nuevo en la vida civil deja salir al perturbado que lleva dentro y, al final, después de más de 200 páginas de sangre y muerte, le pegan un tiro.

Esto último Stallone no lo podía permitir. Kirk Douglas cuenta en sus memorias que recibió la oferta de interpretar al coronel Trautman, el mentor de Rambo, pero que la rechazó a menos que mantuvieran el final de la novela y su personaje matara a la máquina asesina que él mismo había contribuído a crear. “Se habría perdido un negocio de mil millones de dólares”, afirma. “Pero hubiera sido lo correcto”. A Trautman lo interpretó Richard Crenna (fallecido recientemente), Rambo sobrevivió y por eso nos ha podido deleitar (?) con tres entregas más.

Un par de anécdotas sobre Rambo, la segunda peli de la serie, y la más famosa. Primero, el programa de entrenamiento físico de Stallone, que le acabó dando ese aspecto que alguien comparó con el de un condón relleno de nueces: durante cinco meses pasó seis horas al día haciendo remo, jogging y pesas, además de lecciones de tiro con arco y entrenamiento suplementario con los SWAT de Los Angeles. Durante el rodaje, se levantaba a las cuatro y media de la mañana para entrenar y trabajar en el guión de Rocky IV que, aunque parezca increíble, también necesitaba escribirse. En todas sus películas, Stallone aparece con cara de sueño, pero es que en esta, verdaderamente, se dormía de pie.

Y luego un detallito que señala acertadamente Peter Van Gelder en su libro That’s Hollywood: en la peli, Rambo mata a 57 personas, en su mayoría guardas del campo de prisioneros en Vietnam. Pero dentro sólo hay una docena de americanos capturados. ¿A quién se le ocurrió poner más de 50 soldados para vigilar a doce presos famélicos? El vietcong estaba, desde luego, sobrado de personal.

P. D. Por cierto, la famosa frase “No siento las piernas” se ha dicho en MILES de películas yanquis, pero no en la saga de Rambo. Lo que verdaderamente dice es “¡No le encuentro las piernas!” cuando al final de Acorralado recuerda la historia de un compañero suyo al que le vuelan la parte inferior del cuerpo de un bombazo. Y lo de "Dios mío, esto es un infierno", no tengo claro si la dijo Rambo... o un servidor de ustedes, cuando le tocó verla.

domingo, enero 27, 2008

In memoriam

Tal y como estaba previsto, la semana se me lió con mil cosas y he tardado más de lo que pensé en volver a postear. Pero desde luego, ustedes no me han perdido el tiempo mientras tanto… Creo que hemos batido el récord de comentarios, en un blog que no se caracteriza precisamente por la locuacidad de sus lectores, y de paso han aparecido por aquí algunos amigos nuevos. Estupendo.

Como se trata de ponerse al día, tenemos que comenzar con Heath Ledger, de quien hablábamos aquí no hace demasiado. Lo que con las casualidades, en el aeropuerto me compré el número de enero de "Empire", una de mis revistas de cine favoritas, y ¿adivinan quién estaba en la portada? Esa misma noche vi los titulares de su muerte en la tele del hotel, y me hubiera quedado clavado si no fuera por que estaba tumbado en la cama. Un detalle, por cierto: me enteré por los informativos de la CNN, que dieron la noticia en titulares de pantalla mientras hablaban de otras cosas. En esas filas de texto no cabe demasiada información, pero al hablar de su trabajo como actor, sólo se les ocurrió decir: “trabajó en la polémica "Brokeback Mountain"”. Ni los del Tomate lo hubieran hecho mejor. Es decir, nada de referirse a sus películas más recientes, ni a sus papeles aún por estrenar, sino que a la hora de elegir un título representativo, cogieron el más “polémico”. ¿Polémico por qué? ¿Por qué hacía de homosexual? Señor, señor, en cuanto se rasca un poco, cómo les sale a algunos el carca que todos llevamos dentro…

En fin, se nos ha ido un magnífico actor. Un tipo que empezó de guaperas y que no tardó en darse cuenta de que el futuro no estaba exactamente allí, sino en arriesgarse y coger papeles difíciles, de los que llaman la atención y marcan una carrera con huellas indelebles. Lastima que el futuro se le haya acabado. Yo, personalmente, estoy dispuesto a perdonarle hasta la de "Destino de Caballero"… Y como homenaje póstumo, aquí les dejo el segundo trailer de "Dark Knight", donde por primera vez podemos echarle un vistazo decente a su Joker.

Mañana seguimos, que la semana se presenta movidita con dos regresos largo tiempo temidos, digo, esperados: Rambo y… ¡Los Goyaaaaa! Dios mío, de verdad, no me siento las piernas, pero no tengo claro a cual de las dos cosas se debe…

domingo, enero 20, 2008

Titulitis

Bueno, pues ya se ha estrenado Cloverfield, de la que hablamos aquí hace una semana, y ya se conoce la fecha de estreno en España, dentro de quince días; pero, lo que es peor, también se conoce el título con el que se va a presentar la película en nuestro país: Monstruoso. Si quieren mi opinión, muy finos no han andado. Empezando por la cuestión de que la palabra es un adjetivo, no un sustantivo y un adjetivo además que, yo diría, suena un poco como a cachondeo. Eso de "monstruoso" le pega más a un anuncio de rebajas ("¡Ofertas monstruosas en Almacenes Palomeque!") que a una película que se pretende de terror.

Pero es que esto de los títulos de películas extranjeras se suele resolver de tres maneras: A) traduciendo literalmente el título original, que aquí, la verdad, con eso de “campo de tréboles” habría quedado un poco raro. B) Dejando el título en inglés, cosa cada vez más común (Batman Begins, Superman Returns), que creo que abría sido la opción más adecuada en este caso. Y C) inventándose un título que no tiene nada que ver con el original, y donde la creatividad de los distribuidores, a veces, patina más que Lewis Hamilton sin control de tracción. Aquí es donde quería llegar yo.

La idea no ha sido mía, sino que la escuché hace un par de semanas en el programa de Angels Barceló. Hablando de la imaginación con que se titulan a veces las películas yanquis, entrevistaban al director de una distribuidora (creo que era Buena Vista) y le enfrentaban a hechos tan cuestionables como por qué una película de patinadoras infantiles titulada originalmente Ice Princess ("Princesa del hielo") se había estrenado en España con el aliporiento título de Soñando, soñando… triunfé patinando. Vamos, yo es que tengo que llevar a una hija mía a ver esa peli y me calo un sombrero hasta las cejas, una barba postiza y unas gafas de sol… y a mi hija le hago lo mismo. Es que es de esos títulos queda vergüenza ajena repetir, o incluso escribir en un blog.

Ha habido otros casos, y vamos a jugar con ellos un rato. La imagen de hoy corresponde a un ejemplo un poco particular: todos conocemos West Side Story, aunque pocos de acordarán de que, originalmente, se estrenó en España como Amor sin barreras, título al cual nunca le hemos hecho demasiado caso; es uno de las pocas veces que el título español ha tenido menos éxito que el original. Pero aquí les dejo quince títulos que he ido cogiendo al azar, según me iba acordando: todos son traducción literal del original americano y que corresponden a películas (muy conocidas) que se estrenaron con una denominación muy, muy distinta. A ver cuántos pueden identificar.

1. Pinta tu caravana.
2. Norte por noroeste.
3. El sonido de la música.
4. No te lo puedes llevar contigo.
5. La galleta de la suerte.
6. A algunos les gusta caliente.
7. Mandíbulas.
8. Los magníficos Amberson.
9. Tócala otra vez, Sam.
10. El picor del séptimo año.
11. Érase una vez en el Oeste.
12. El señor Smith va a Washington.
13. El fin de semana perdido.
14. Amor y muerte.
15. El cartero.

Por cierto, voy a andar unos días fuera y, me temo, lleno de trabajo hasta las cejas. Así que probablemente no nos veamos hasta el viernes que viene. Mientras, a ver si para variar participan ustedes algo y no solo rellenan esta quiniela que les dejo, sino que me proponen más casos de traducciones desorbitadas. Seguro que se me han escapado un montón.

viernes, enero 18, 2008

Recordando a Edgar G.

Hace tiempo que quería comentarles una compra reciente: Balas o votos (1936), una película clásica de cine negro adquirida por sólo seis euretes, y que es una de las mejores ofertas en eso que se llama relación calidad / precio que me he encontrado en mucho tiempo. Y por varias razones.

Primero, por la película en sí. Dirigida en 1936 por William Keighley, sigue siendo uno de los mejores ejemplares del cine negro que la Warner sacaba en aquella época como churros, aunque es relativamente desconocida si la comparamos con clásicos como El halcón maltés o El sueño eterno… Pero esas ya nos las sabemos todos. Esta es menos popular, pero para conocerla mejor incluye un comentario en audio del historiador Dana Polan. Y no es el único extra: viene hasta los topes, y además presentados de un modo muy particular.

Verán, a la hora de ver este DVD podemos hacerlo de dos maneras: uno, dándole a la película tal cual, y dos, presionando en la opción La noche Warner en el cine, que nos la ofrece como parte de la programación de un cine yanqui de la época. Es decir, que en primer lugar tenemos el trailer de uno de los grandes éxitos del año, La carga de la brigada ligera; luego, un noticiero; a continuación, un cortometraje musical con George Hall y su orquesta, y después un corto de dibujos (“Fantasías animadas de ayer y hoy, presenta…” ¿se acuerdan?) que va de policías y ladrones, claro. Y cuando se han acabado todos los preliminares, empieza la peli en sí. No trae sólo la cinta: trae una sesión completa de cine, como si aquí los DVDs vinieran con el NO-DO y los anuncios de Movierecord.

Y ya les digo, la película ha aguantado estupendamente los años. Como protagonistas tenemos a Edward G. Robinsón y a Humphrey Bogart, pero invirtiendo los papeles por los que más se les conoce; Robinson no es aquí el gángster, sino el policía, y Bogart, en su etapa de actor secundario, repetía su sempiterno papel de malo malísimo de la muerte, a la espera de que El Halcón maltés (1941) y Casablanca (1942) le convirtieran en la estrella más taquillera de Hollywood y pudiera dejar los papeles de asesino a otros.

No tengo nada contra Bogart, pero creo que Edward G. Robinson nos ha dejado muchas más interpretaciones memorables; lo recuerdo en La mujer del cuadro (1944), de Fritz Lang, en Dos semanas en otra ciudad (1962), de mi tocayo Vincente Minnelli y, sobre todo, en su último papel, en la aún impactante Cuando el destino nos alcance (1973). Era un tipo curioso, Robinson. Alzado a la fama por sus papeles de gángster sin escrúpulos, fuera de la pantalla era una persona tranquilísima y culta, que hablaba siete idiomas y tenía una gran afición por el arte. Al final de su vida había recopilado una pinacoteca particular con cuadros de Renoir, Van Gogh, Picasso, Monet, Corot, Matisse… entre otros muchos.

Durante mucho tiempo, por cierto, su nombre fue motivo de conjeturas populares: ¿qué significaba la G de en medio? Nadie lo sabía, y él no hacía mucho por aclararlo, limitándose a decir que, seguramente, era la inicial de “Gangster” o de “God only knows” ("sólo Dios lo sabe"). La realidad era un poco más cruda: su verdadero nombre era Emmanuel Goldenberg, pero si uno quería hacer carrera en el cine de entonces, no se podía ir mostrando a las claras sus orígenes judíos. Así que, como otros muchos actores de la época, se lo gentilizó. Pero tuvo la delicadeza de conservar la inicial como recuerdo. Quizá para no olvidarse nunca de dónde venía.

martes, enero 15, 2008

La venganza del guionista


¡Esta noche tenemos House! Pero no hay que hacerse ilusiones, porque sé de buena tinta que solo van a emitir diez minutos del episodio nuevo. El resto, repeticiones. El motivo es que, con la huelga de guionistas de Hollywood, Cuatro sólo ha recibido trece episodios de la cuarta temporada en lugar de los 24 habituales, y claro, tienen que estirar su producto estrella…

Vale, lo de los diez minutos es broma. Lo otro, no. La huelga de guionistas en Hollywood está tomando un cariz cada vez más serio, y no sólo en la industria del cine: muchas series de televisión han tenido que interrumpir el rodaje por falta de guiones. Y de las ceremonias, ni hablamos. A Javier “tazón” Bardem le van a enviar el Globo de Oro por Seur (enhorabuena, por cierto... y ahora, a por la parejita), y habrá que ver qué pasa con la ceremonia de los Oscar.

Es curiosa esta presión de los guionistas. Los patitos feos de la industria han empezado a graznar, y no tienen pinta de que vayan a callarse. Digo que es curioso, porque durante mucho tiempo la figura del guionista no fue excesivamente considerada en Hollywood. David Niven contaba en sus memorias el caso de la chica contratada como guionista en un estudio: en su primer día, el jefe le enseñó su mesa de trabajo y le dijo: “Bueno, señorita, aquí ya sabe que esperamos el máximo rendimiento de nuestros guionistas, así que esos lápices que hay en su escritorio… espero que mañana por la mañana estén todos por la mitad. ¡JUA, JUA, JUA!”.

Fue la escasa consideración a este gremio lo que produjo la aparición de uno de mis directores favoritos, Billy Wilder. Este empezó como guionista y, según confesó, nunca tuvo intención de convertirse en director. Hubiera sido muy feliz limitándose a escribir guiones. Pero en 1941 escribió el guión de Si no amaneciera, una película protagonizada por Charles Boyer, donde su personaje debía esperar en México hasta que le concedieran los papeles para entrar en Estados Unidos. Para indicar la desesperación del personaje, Wilder incluyó una escena donde Boyer, tras seis semanas de espera del visado, estaba tumbado en la cama del hotel cuando avistaba una cucaracha en la pared… y se desahogaba con ella. “¿De dónde has salido tú? ¿Dónde están tus papeles? ¿Cuál es el propósito de tu viaje?”.

Wilder estaba encantado con la escena, pero el director de la película, Mitchell Leisen, le comunicó que no se filmaría. El motivo: Boyer, una de las grandes estrellas de la época, se negaba a interpretarla. Él no hablaba con cucarachas. La consideraba ridícula. Wilder tuvo que tragarse la bilis y aceptar, pero desde ese momento se juró que ninguna estrella volvería a hacerle algo así. Y la única manera de asegurarse de ello era dirigir sus propios guiones.

Así fue como se convirtió en director. Y en lo sucesivo, se ganó una verdadera fama de tirano en los rodajes por exigir a sus actores que recitaran todo el guión palabra por palabra. Hasta la última coma.

Y, sí, la foto que he escogido es la de su tumba... ¡Pero no me negarán que esto sí que es un epitafio!.

domingo, enero 13, 2008

¿Campo de tréboles?

¿Qué es Cloverfield? Sólo faltan cinco días para que los espectadores comiencen a averiguarlo de forma definitiva, pues el próximo viernes es la fecha de estreno en Estados Unidos (en España, el 1 de febrero). Mientras tanto, la Red hierve de rumores, y no tengo demasiada intención de engordar el cupo, así que esto es lo que se sabe hasta el momento: A) Es la última producción de J. J. Abrams, productor especializado en series televisivas de alto voltaje (Alias, Perdidos), que ha intentado con relativo éxito aplicar su fórmula en cine (Misión imposible 3). B) El argumento trata de un monstruo gigantesco que empieza a hacer de las suyas en Nueva York… y hasta ahí puedo leer. Y C) Tiene la particularidad estar rodada desde el punto de vista de la camcorder, o sea, como si conociéramos la historia a través de filmaciones de vídeo hechas por los mismos protagonistas; la misma fórmula que se ha utilizado anteriormente en El proyecto de la bruja de Blair (1997) y en la española Rec (2007).

Pero es muy posible que Cloverfield pase a la historia del cine por una de las mejores campañas de promoción que se hayan pensado.

Recordemos que la cosa empezó el verano pasado, cuando los espectadores yanquis que entraron a ver Transformers, que ya son ganas, se encontraron con un curioso trailer: la grabación casera de un grupo de amigos en Nueva York que organizaban una fiesta sorpresa a un colega que se iba a trabajar a Japón. Cuando todo el mundo estaba haciendo las tonterías que se hacen ante la cámara en estas ocasiones, se oye un ruido extraño y las luces se van. La gente sube a la azotea del edificio, y todo lo que ven son varias explosiones en la noche neoyorquina, acercándose cada vez más a donde están ellos. Salen a la calle, y se encuentran a gente corriendo, escenas de pánico y un caos creciente. Un objeto gigantesco cruza el cielo, y se estrella a escasos metros de donde están: cuando ven de qué se trata, todo el mundo empieza a gritar horrorizado: es la cabeza de la Estatua de la Libertad.

Y después de todo esto, en lugar del título de la película, sólo el nombre de Abrams y una fecha: 18-1-08.

Como reclamo fue infalible, sobre todo en estos tiempos, en los que se cuenta con la gasolina de Internet para propagar los rumores. En los meses siguientes se han ido averiguando más cosas, entre ellas las que les contaba al principio, y luego el propio Abrams acabó de calentar el ambiente enseñando el cartel que ilustra esta entrada.

El título de la película tardó en conocerse, y cuando lo hizo, no aclaró gran cosa: Cloverfield significa “campo de tréboles”, con lo que suena más a drama rural irlandés, de esos con Richard Harris con la gorra de tweed calada hasta las cejas, que a peli con monstruo descontrolao. También parece que la trama está relacionada con una bebida refrescante llamada slusho, que no existe (bueno, en la ficción, sí; también ha salido en Perdidos), pero que tiene su propia página Web. Y en la página oficial de la película, tenemos el segundo trailer, que cuenta algo más... pero poco. Por supuesto, nadie ha visto ninguna imagen del monstruo en cuestión (aunque circulan varias versiones en la Red), con lo que se respeta una de las normas básicas en estas producciones de Hollywood: para crear expectativas en una película de monstruos, enseña cualquier cosa, menos el monstruo.

Sólo que quizás Abrams haya dado un paso más a la hora de crear expectativas: no enseñes el monstruo y, puestos a no enseñar, no enseñes ni el título de la peli. La campaña, ya les digo, es muy buena, y sospecho que otros van a seguir el ejemplo. Ahora bien: ¿todo esto servirá para algo… o nos vamos a encontrar con una eme pinchada en un palo como fue Godzilla?

jueves, enero 10, 2008

Más malos que la tiña

“Cuanto más conseguido esté el malo, más conseguida estará la película”. Es una de las frases más célebres de Alfred Hitchcock, y desde que la pronunció, la historia del cine no ha hecho más que darle la razón (siempre que en la película haya un malo, claro). Este año parece que vamos a tener dos buenos ejemplos de esta máxima.

El primero es nuestro producto nacional, Javier Bardem, que está en lo que parece el principio de una larga ristra de premios por su papel en No Country for Old Men, la última de los Coen. El actor ha definido a este psicópata terminal como “un personaje bombón”, y no es para menos. Por lo que he podido ver de la película (Por cierto ¿Por qué narices tenemos que esperar cuatro meses desde la fecha de su estreno en Estados Unidos para disfrutarla aquí? Que estamos en el siglo XXI…), consigue ponerle los pelos de punta al público en cada una de las escenas en las que aparece, porque no se sabe lo que va a hacer… aunque se intuye que no será nada bueno, y a lo largo de la cinta va dejando tras de sí más muertos que Chuck Norris cuando le pican las almorranas. Aunque, si quieren mi opinión, yo creo que su personaje es tan malo porque lo que realmente busca es vengarse de su peluquero. ¿Pero cómo se ha dejado convencer el tío para que le hagan ese corte a tazón?

Hay otro malo que nos llegará en verano, y estoy deseando verlo. Heath Ledger, en la próxima entrega de Batman, Dark Knight, ha tomado el papel del Joker. Déjenme decirles antes de nada que a mí me gusta casi todo lo de Tim Burton. Y entre las cosas que no me gustan, están los Batman. Dos chorradas como la copa de un pino que aquí se tragaron muchos sin masticar aludiendo a la inventiva visual del director, a su estética ultramoderna, y bla, bla, bla. Chorradas, ya les digo. Tuvo que llegar Christopher Nolan para ofrecernos una visión del superhéroe mucho más fiel a los cómics en Batman Begins, con un actor protagonista -el eficacísimo Christian Bale- al que el papel de Bruce Wayne le sentaba como un guante.

Porque uno de los grandes fallos de los Batman de Tim Burton era el reparto. Michael Keaton de protagonista, por Dios… y, si quieren mi opinión, ningún papel estuvo peor adjudicado que el del Joker. La cosa fue más o menos así: cuando se supo que la película estaba en marcha, comenzó a correrse la voz de que el único actor capaz de interpretar al payaso psicópata era Jack Nicholson. La cosa había comenzado con Bob Kane, el creador de Batman, que ya dijo a principio de los 80 que era su elección personal. Se produjo el efecto bola de nieve, con cada vez más gente pensando que si Nicholson no interpretaba al Joker la película no tendría éxito… y Jack se dejaba mimar. Tanto se dejó mimar que, cuando por fin firmó, lo hizo por unas cifras que daban (y dan) vértigo: seis millones de dólares de sueldo base, más un porcentaje sobre la recaudación (bruta), más otro porcentaje sobre las ventas de la banda sonora, más otro porcentaje sobre los juguetitos y gadgets derivados de la cinta… En total, su biógrafo John Parker estima que muy bien pudo haber sacado por su papel unos sesenta millones de dólares.

¿Y qué nos dio a cambio? Una interpretación histriónica, llena de guiños a la galería, con un personaje que parecía grotesco en todo momento, y gracioso en ocasiones. Nada que ver con el malvado original. Los que hemos seguido los cómics de Batman durante años sabemos que el Joker no tiene nada de gracioso y casi, ni de humano. No busca el dominio del mundo, ni hacerse millonario. Hace el mal porque sí, según una idea personal y retorcida de la diversión, que le ha llevado a matar y mutilar a miles de personas. Aunque parezca un payaso, muchos guionistas -entre ellos Frank Miller- han sabido ir más allá y explotar su vena de personaje terrorífico.

Y esto es lo que parece que nos vamos a encontrar. Heath Ledger no es una estrellona buscando complacer al público, sino un actor que, sospecho, se ha metido en el papel con uñas y dientes. Y me estoy relamiendo de pensar que lo haya conseguido. Cuando preguntaron a Nolan por qué lo había elegido para hacer de Joker, contestó: “Porque no tiene miedo”. Ahí tienen una de las primeras fotos del personaje que han aparecido. Si este tío da risa, José Corbacho es un sex symbol.

Más malos, por favor. Que, desde que Hannibal perdió los dientes, estamos muy necesitados.

martes, enero 08, 2008

La verdad sobre Harry

Tenía unas cuantas cosas pendientes que ir metiendo en este blog los primeros días de enero, cuando me he enterado de la muerte de George MacDonald Fraser. Maldición. La verdad es que me lo veía venir, porque el hombre estaba ya muy mayor, pero no por esperada la noticia afecta menos. Se sabe que en el entierro de Ernst Lubitsch, alguien le comentó a su discípulo y amigo Billy Wilder: “Se acabó Lubitsch”, a lo que este contestó al vuelo: “Peor. Se acabaron las películas de Lubitsch”. Bueno, pues hoy me toca a mi decir: no sólo se acabó George MacDonald Fraser: también se acabó Harry Flashman.

Esta entrada, si quieren, es más literaria que cinematográfica, pero quienes hayan disfrutado como yo de la saga de Flashman reconocerán que no es para menos; para los profanos, indicaremos que las novelas de la serie -publicada en España por Edhasa- recorren la vida de Harry Flashman, hombre de acción, genio militar, caballero sin tacha y uno de los pilares del heroismo militar británico de finales del siglo XIX. Por lo menos, en la versión oficial. Porque en sus diarios, escritos en los últimos días de su larga vida, Sir Harry no tiene el menor empacho en retratarse como el mayor cobarde, traidor, pelotillero, golfo, borracho y oportunista que haya pasado por los ejércitos de su Graciosa Majestad. No existe episodio militar de su época en el que no haya estado envuelto -desde la Carga de la Brigada Ligera al tráfico de esclavos, pasando por la Guerra Civil americana, la guerra del Opio y la masacre de Little Big Horn-, y en el que no se las haya arreglado para portarse como una verdadera rata y salir con vida atribuyéndose las hazañas de otros. Una joyita, vaya. Y precisamente por eso, un personaje irresistible que ha atraído millones de lectores en todo el mundo, entre ellos este bloguero de ustedes.

Si las novelas son más que recomendables, ello no se debe solo a la calidad (enorme) de Fraser como escritor, sino a su habilidad para recorrer algunos de los episodios históricos más relevantes de la época, y a meter en la trama personajes reales, desde Otto Von Bismarck a Jack London, pasando por el general Custer o la princesa Ravolanova de Madagascar. Por si fuera poco, cada novela incluye apéndices con abundante bibliografía sobre los hechos y personajes que en ella aparecen, lo que permite al lector curioso ampliar horizontes. Y luego, por supuesto, está la prosa, más británica que Winston Churchill y David Niven juntos. Los que sepan ingles no pueden bajo ningún concepto perderse estas novelas en versión original.

Claro que, cuando hablamos de cine… la verdad es que Fraser fue también guionista, si bien contribuyó a pocas películas memorables, aunque adaptó Los tres mosqueteros en al menos tres ocasiones; se recuerda más su guión para Octopussy (1983), quizá el Bond más aburrido de toda la etapa de Roger Moore. Pero peor suerte tuvo su personaje: Flashman fue llevado a la pantalla en 1975, en una cinta dirigida sin demasiada puntería por el casi siempre interesante Richard Lester (amigo de Fraser) que se estrenó en España con el horrendo título de El cobarde heroico.

La cosa no funcionó y, si quieren mi opinión, por varios motivos: primero, cogieron la novela más floja de toda la serie de Flashman, Royal Flash, que no es sino una adaptación bastante personal de El prisionero de Zenda. Y luego, eligieron como protagonista a Malcolm McDowell, actor bastante horrible y completamente inadecuado para interpretar a Flashman que, recordemos, es capaz de engañar hasta a su madre con su porte de héroe militar.

Hubo un intento, y no más. Quizá la muerte de Fraser anime a alguna productora a hacer otro intento con Flashman. Desde luego, se lo merece. Mientras tanto, hoy no les voy a decir que se vayan a ver ninguna película: corran más bien a una librería y prepárense para morirse de risa.

domingo, enero 06, 2008

Treinta veces treinta


Con tanto canal de televisión como hay ahora, las Navidades se convierten en un completo batiburrillo cinematográfico, especialmente en algunos días, donde uno puede, casi, tirarse desde la mañana a la noche viendo películas de todo tipo. Claro, con tanta variedad, uno se encuentra de todo, bueno y malo. Y en ocasiones lo malo y lo bueno tienen mucho en común.

Lo decía porque esta tarde, por ejemplo, han puesto en Cuatro Aterriza como puedas (1980). Hace unos días, no sé si también en este canal, nos cascaron otra de la misma serie: Mafia, estafa como puedas (1998). Esta última no la había visto, y me tragué, más o menos, la media hora final. No digo que no me riera con algunas escenas, pero fue más bien deprimente comprobar hasta qué punto lo que en su día fue una fórmula brillante había degenerado hasta convertirse en la repetición cansina de lo mismo.

Creo que las películas de la serie “como puedas” pasan ya de la docena larga (aquí les dejo el enlace de un colega que ha hecho una recopilación exhaustiva) y, por lo general, aparte de para garantizarle una jubilación dorada a Leslie Nielsen, lo único que han hecho ha sido convertirse en una versión en celuloide de ese amigo plasta que nos cuenta veinticinco veces el mismo chiste de leperos: con la primera nos reímos, pero a la decimoquinta, comenzamos a sopesar que ningún juez nos condenará si le abrimos el cráneo con el grifo de las cañas. La misma fórmula de parodiar escenas de películas famosas, los mismos chistes lamentables, y los mismos actores haciendo el payaso. Y es una pena, ya les digo, porque en mi opinión la primera de la serie es una película, sencillamente, genial.

No es por casualidad. Aterriza como puedas se debe al talento de los hermanos Jerry y David Zucker, y de su amigo Jim Abrahams, que en los años 70 dejaron su Milwaukee natal para probar fortuna en Los Ángeles. Desarrollaron un espectáculo cómico llamado Kentucky Fried Theatre, que en 1977 fue reformado para convertirse en un largometraje dirigido por John Landis, Kentucky Fried Movie (me parece que llegó a estrenarse aquí y todo, pero no lo tengo claro. Si alguien sabe algo…). La película fue muy bien en Estados Unidos, y estos tres chicos se encontraron con un contrato con la Paramount para escribir y dirigir su siguiente película.

Esta fue, en efecto, Aterriza como puedas. Pero no era, de ninguna manera, su primer guión: tenían la idea en la cabeza, y el guión escrito desde hacía años, con la esperanza de poder venderlo a algún estudio, cuando ni pensaban en que algún día podrían dirigirlo ellos mismos. Lo que llama la atención es el trabajo que le dedicaron: según confesión propia, estuvieron trabajando en el guión durante cinco años, durante los cuales hicieron por lo menos treinta versiones del mismo, intentando en cada una meter más y mejores chistes.

¿Comprenden ahora por qué esta película funciona tan bien?

P. D. ¿Aterriza... ha sido censurada? En algunas partes, sí. Por ejemplo, en una ocasión la televisión inglesa cortó todas las escenas del comandante donde le hacía insinuaciones de lo más pederástico al niño que va a visitar la cabina (“¿Te gustan las películas de gladiadores?”), y algunas copias americanas en vídeo han eliminado la escena donde la azafata le canta una cancioncita a la niña enferma (¿Pueden creerse que esa escena está rodada en serio en Aeropuerto 75?), arrancándole sin querer el tubo intravenoso. Tele 5 ha exhibido esta copia censurada en, al menos, una ocasión.

domingo, diciembre 23, 2007

Mundo de juguete

Más que una única Navidad, podríamos decir que lo que hay son millones de ellas, cada una a la medida del que las vive y las recuerda. Analizándola fríamente, tiene tantos puntos negativos como positivos; el consumismo, las reuniones por obligación, las cenas de compromiso, la copa de la empresa y las masas de compradores en el centro de las ciudades estarían entre los primeros. En el segundo apartado… bueno, aquí es donde cada uno aporta lo suyo. A mí, ya ven, a pesar de todo lo enumerado, me siguen gustando (lo que odio con toda mi alma es la noche de fin de año); el problema es que, a medida que se van cumpliendo años, hay cada vez un mayor número de navidades pasadas que van imponiendo su recuerdo en la presente. No nos ocurre con los cumpleaños, con los aniversarios de boda… pero con la Navidad, sí. Difícil saber por qué.

Quizá sea porque estos son los momentos del año donde más nos presiona la memoria de la niñez, aquella época en la que estos días eran días mágicos, y nos pasamos la vida adulta intentando recuperar esas sensaciones, volver a aquel mundo donde vivías confortado por el amor y calor; hasta el frío tenía una particular calidez. Pero no es fácil. Aunque las señales siguen ahí, la edad parece habernos embotado los sentidos. ¿Por qué los adornos del árbol ya no nos llaman como antes? No hablo solo de las bolas de colores; yo recuerdo las casitas nevadas colgando de las ramas, o los diminutos muñecos de nieve, con su chistera y su zanahoria; más que adornos, parecían eran una mezcla de juguete y dulce, una versión más artística del turrón y el guirlache.

Salir a la calle con nuestros padres en los días previos a la Navidad no tenía nada que ver con la vorágine actual y, si lo tenía, no nos dábamos cuenta de ello. Había gente, desde luego, pero sólo parecíamos tener ojos para la iluminación de las calles; un simple abeto decorado con bombillas de colores nos parecía un prodigio, como si por unos momentos hubiéramos ido a parar a ese mundo de juguete que habíamos atisbado en las casitas del árbol o en las figuritas del belén.

Ir al cine era también una experiencia, sobre todo en una ciudad de provincias: estaba asociado con el frío y tenía mucho de expedición, por aquellas calles atestadas con los villancicos sonando sin parar por los altavoces municipales. Y se iba a ver películas de niños, de dibujos, o de lo que hubiera, porque en un sitio con seis cines, donde los estrenos de la capital llegaban cuando llegaban, poco se podía hacer, y lo habitual eran películas de serie de segunda o tercera mano. Recuerdo, por ejemplo, algunos zorros y, desde luego, muchos tarzanes, felices en su selva artificial, columpiándose en taparrabos, insensibles al frío que se padecía en la ciudad del otro lado de la pantalla.

En televisión, la oferta era todavía peor. Había poco, y además, en blanco y negro. Y, como ocurre en Semana Santa, parecían poner siempre las mismas películas. En todas ellas había mucha nieve, grandes muñecos en el jardín, familias felices y niños repelentes. Y se cantaba mucho. En inglés, además. Unos villancicos educadísimos al lado de la chimenea, sin zambomba ni panderetas. Y poco a poco, año a año, fuimos conociendo esos villancicos extranjeros que nos fueron transmitiendo el ambiente navideño con la misma eficacia, si no con más, que nuestros bullangueros clásicos con los peces en el río o la burra que va hacia Belén cargada de chocolate, que tantas bromitas ha provocado en determinado ambientes de la zona de Cádiz.

Y una de estas escenas es la que les traigo hoy. Pocas voces han cantado mejor este villancico que esta pareja de sinvergüenzas. Eso sí, en su decorado de Hollywood, tan perfecto, tan a la medida, que parece como si Crosby y Sinatra hubieran conseguido colarse dentro de una de esas casitas de juguete que colgaban del árbol de mi infancia.

Tengan todos una Feliz Navidad, y nos vemos allá por el dos de enero.

Vince

miércoles, diciembre 19, 2007

Los Reyes... no son nadie

El amigo Lynx, frecuentador de este blog, incluía el otro día en el suyo una convincente lista de razones por las que hay que preferir a los Reyes Magos antes que a Papa Noel. Yo estoy completamente de acuerdo en todas, y aún se me ocurre alguna más… Pero qué quieren que les diga, si hemos dejado que ese gordinflas seboso, explotador de elfos sin contrato y vestido siempre como una lata de Coca-Cola (compañía con la que, sospecho, tiene algún acuerdo poco honorable) les gane por la mano a nuestros Reyes de toda la vida, más culpa tenemos. Papa Noel tiene sopotocientas películas dedicadas a él, por no hablar de especiales de televisión, shows navideños, aparición como artista invitado en series de divas y anuncios comerciales... Y los Reyes Magos, ¿qué tienen?

Probablemente yo esté equivocado, pero juraría que la única película que el cine español ha dedicado a los sabios de Oriente fue la producción de dibujos animados Los reyes Magos, estrenada en 2003, que por cierto, constituyó un éxito de taquilla y contribuyó a abrir la animación como uno de los dos géneros en los que nuestro cine, por fin, empieza a quitarse las legañas (el otro es el terror). Un poco tarde, si quieren mi opinión. Porque yo juraría que a lo largo del siglo XX el cine español no les ha dedicado ni una sola película. Si algún lector tiene datos al respecto, que avise.

¿Quiere esto decir que los Reyes Magos, salvo esta excepción, nunca han aparecido en el cine? No exactamente; lo han hecho de vez en cuando, pero bastante camuflados. Uno de los casos más recientes es Tres Reyes (1999), la peli de David O. Russell, donde son tres marines que acaban ayudando a la población iraquí en la primera Guerra del Golfo. Luego tenemos La primera noche de mi vida (1988), de Miguel Albadalejo, donde se las arreglaba para meter algo parecido a los Reyes Magos en un barrio de la periferia de Madrid. Y luego, sin lugar a dudas, tenemos Tres Padrinos (1948), de John Ford. Un western, ni más ni menos. Pero un western navideño.

El argumento de esta película merece recordarse: los tres padrinos, con John Wayne al frente, son en realidad tres bandidos que piensan atracar el banco del pueblo de turno. Perseguidos por el sheriff, optan por adentrarse en el desierto para escapar. Allí encuentran a una mujer moribunda con un bebé en brazos, que les pide que cuiden de él. Tras morir la mujer siguen su periplo, ahora con el recién nacido, en busca del pueblo más cercano. Sólo Wayne lo consigue, y el pueblo al que llega se llama, ya es casualidad, New Jerusalén. Por si las cosas no quedaran claras, cuando un deshidratado John Wayne entra en el saloon con el bebé en brazos, el pianista está tocando Noche de Paz. Aquí no se ha visto demasiado, pero en Estados Unidos es considerada -con toda justicia- una película de Navidad.

Así que no nos quejemos. ¡Hasta los americanos tienen más imaginación para filmar a los Reyes Magos que nosotros!

P. D. Sobre el post anterior, donde les hablaba del especial de vacaciones de La guerra de las galaxias, ¡he encontrado un bloguero español que consiguió verlo! Aquí les dejo su crónica, para que vean que no les exageraba; no tiene desperdicio (la crónica, se entiende, no el especial).

lunes, diciembre 17, 2007

Desastre galáctico

Seguro que esto les ha pasado alguna vez: están de viaje en alguna parte, encuentran algo que les gusta, pero no están seguros de comprarlo o no, al final no lo hacen y luego, de vuelta a casa… se arrepienten. Es lo que me ocurrió hace unos años, cuando en una librería de Estados Unidos ví un libro titulado Los cien mayores errores de la televisión. Lo cogí, lo hojeé, pero, como tenía ya bastantes libros en la cesta, al final decidí dejarlo. Luego, cuando he vuelto al país, no lo he encontrado de nuevo. Una pena, porque el libro trataba exactamente de eso: de las mayores equivocaciones cometidas por los ejecutivos de la televisión estadounidense. Y de una de ellas es de la que vamos a hablar hoy.

Corría el año 1978 y George Lucas era, sin duda alguna, el nombre más caliente de Hollywood. Con La guerra de las galaxias (1977) no sólo había conseguido el taquillazo del año, sino sentado las bases de una nueva manera de entender el negocio del cine, basada en la comercialización de todo tipo de productos relacionados con la película. Todo el mundo quería más Star Wars, y nadie estaba dispuesto a esperar a que llegara la anunciada segunda parte. En estas, la cadena CBS tentó a Lucas con una oferta: filmar un especial Star Wars para la televisión. Se escribía una historia, se rodaban algunas escenas con los actores originales, y las escenas en el espacio se llenaban con planos descartados del metraje de la película. Lucas accedió, pero aparte de alguna reunión preliminar, no estuvo implicado personalmente en el proyecto. Cuando lo vió en televisión, casi le da algo.

¿Qué había ocurrido? Bueno, para empezar la historia original era bastante chorra: Han Solo y Chewbacca viajaban en el Halcón Milenario al planeta natal de este último, donde le esperaba su familia para celebrar lo que ellos llamaban “El día de la vida” que, según las interpretaciones, podía referirse a la Navidad o al Día de Acción de Gracias, pues el especial se emitió a caballo entre dos fechas. Por el camino se veían perseguidos por un par de destructores imperiales, mientras la princesa Leia y C3PO intentaban ayudarles desde la base rebelde. Luke Skywalker y R2D2 también salían, aunque no tengo muy claro para qué… y al final, por supuesto, conseguían llegar todo el mundo era feliz, cantando y bailando.

Vamos, no es precisamente el guión de El acorazado Potemkin, pero es que, encima, las cosas se complicaron: la CBS, viendo el filón publicitario que tenía en sus manos, quiso alargar la duración del programa, de una hora a dos. Para ello metieron todo tipo de morcillas, como alguna escena de la cantina en Mos Eisley, con números musicales entre humanos y extraterrestres. También salían como invitados el grupo Jefferson Starship (por aquello del nombre, supongo). Y, como ni así se llegaba a las dos horas, añadieron una película de dibujos animados de veinte minutos de duración que recordaba la trama de la película original y que veía uno de los críos wookies (parece que en planeta de Chewbacca tenían televisión) mientras esperaba que llegara su papá.

Claro, de tanto batiburrillo no podía salir nada coherente. La crítica la destrozó, y Lucas desde entonces ha utilizado todo su poder para retirarla de la vista del público. Jamás ha salido en vídeo, ni se ha vuelto a emitir. Pero durante años han circulado copias piratas, obtenidas a partir de los afortunados que grabaron en vídeo la única emisión. Internet también ha hecho lo suyo. Aquí tienen una página Web dedicada íntegramente a este programa, y si van a You Tube y teclean en el buscador “Star Wars Holiday Special” o “Star Wars Christmas Special”, se encontrarán con algunos clips con escenas originales.

Eso sí, ustedes verán si se los quieren tragar. Porque para encontrarle la gracia a esto hay que ser muy, pero que muy friki…

domingo, diciembre 16, 2007

Navidades alternativas (¿Las necesitamos?)


Y a medida que los días se van haciendo más fríos, la noches más cortas y El Corte Inglés más multimillonario, ¿No va siendo hora de que hablemos de las películas de Navidad? En primer lugar, cabe hacerse una pregunta. ¿Por qué existen? Ah, claro, porque hay niños. Pero eso es una cosa, y otra es suponerse que todos los críos del planeta sean cursis, medio lelos o lelos del todo, y que se traguen todas esas sobredosis de almíbar con las el cine, especialmente el norteamericano, tiende a cargar este tipo de cintas “para toda la familia”. Visto lo que consideran “para toda la familia”, no me extraña que en Estados Unidos tengan una epidemia de diabetes infantil.

Hablando en serio, el asunto de las películas navideñas no deja de ser más bien polémico. ¿Deben existir? ¿Nos gustan o las odiamos? ¿Son mera colonización yanqui, con el gordinflas de Santa Claus por todas partes, o transmiten valores y buenos sentimientos universales? Y ya puestos, ¿Cómo es que a Vince Vaughn (Dios Santo, que ese tipo sea tocayo mío… y yo ni siquiera me he ligado a Jennifer Aniston) no le han metido en la cárcel después de la última abominación con que ha invadido cientos de pantallas de nuestros cines?

Pues miren, para que no digan que no tengo espíritu navideño, voy a dejarles hoy una pequeña lista de películas de Navidad alternativas. Y, como siempre, se aceptan sugerencias y opiniones:

Plácido (1961) de Luis García Berlanga. Empezamos por la más descarnada, pero eso no quita para que siga siendo genial, de cuando Berlanga estaba en su apogeo. Ahora, no creo que la veamos por la tele en estas fechas; poner esta peli sobre la Navidad en Navidad es algo así como emitir La vida de Brian en Viernes Santo (tampoco sería mala idea)…

¡Qué bello es vivir! (1946), de Frank Capra. Bueno, esta de alternativa no tiene nada, de hecho, es la película navideña por excelencia, y aún así… ¿Es que la tienen que echar en Navidad SIEMPRE? Por Dios, hay otros 364 días en el año para disfrutar de ella.

Arma letal (1987) y Jungla de Cristal (1987). Pues sí, los dos clásicos del cine de acción, tiros y tentetieso de los ochenta ocurren durante los días de Navidad; así que entran aquí con todo derecho. ¡Yipi-kai-yay!

Pesadilla antes de Navidad (1993), un prodigio salido de la fábrica de ideas de Tim Burton, como años después lo haría La novia cadáver (2005), igualmente prodigiosa pero en mi opinión, inferior. Esta sí que consigue hacer disfrutar a chicos y grandes, aunque la verdad es que la trama está a caballo de Navidad y Halloween… pero cuela.

Gremlins (1984), de Joe Dante. Aquella escena de los bichejos del título cantándole villancicos a la viejecita del pueblo y casi cargándosela del susto… ¿Qué quieren que les diga?

De momento eso es todo. Tengo pendiente, si les parece bien, una entrada con anécdotas sobre la historia y el rodaje de ¡Qué bello es vivir! Pero, antes, mañana vamos a hablar de una de las peores películas de Navidad que jamás se hayan hecho. La verdad es que fue, más bien, un especial para televisión, pero originado por una legendaria saga cinematográfica y un todopoderoso director / productor. Seguro que los más espabilados ya saben de lo que estoy hablando.

P. D. Sobre la entrada anterior, sólo quería aclarar que el Truman Capote de la foto era… el verdadero Truman Capote. Lo siento por los que hayan picado, pero no pude resistir la tentación. A veces uno se levanta traviesillo...

jueves, diciembre 13, 2007

El (otro) show de Truman

Por fin conseguí ver Historia de un crimen. Este título, no demasiado imaginativo, es el que le han puesto en España a Infamous, la segunda película sobre Truman Capote rodada el año pasado, y estrenada unos meses después de la más conocida Capote. Las dos cintas tratan, más o menos, sobre lo mismo: la redacción de A sangre fría, y las consecuencias que tuvo sobre el escritor su implicación profesional y personal en la historia. Su destino ha sido bastante diferente: Capote la ha visto mucha gente, y ha supuesto el Oscar al Mejor Actor para Philip Seymour Hoffman. Historia de un crimen ha pasado casi desapercibida, y eso que tiene un reparto mucho más conocido: Sigourney Weaver, Jeff Daniels, Daniel Craig, Gwyneth Paltrow y una Sandra Bullock que, no se lo van a creer, pero está estupenda. En cuanto al papel de Capote, está interpretado por el actor inglés Toby Jones, y después de verle sólo puedo concluir que Hoffman le ha robado el Oscar. Como suena. Que conste que Hoffman está muy bien, pero el trabajo de Jones va mucho más allá, sobre todo a la hora de representar al Truman locaza, cotilla y estridente, pero al mismo tiempo encantador y seguro de sí mismo que en la otra película apenas se avista, con una imagen mucho más contenida.

Cuando Hollywood se pone a filmar dos versiones de la misma historia, cosa que ha ocurrido ya varias veces -es tan fácil que no voy a poner ni ejemplos; trabajen ustedes un poco-, las comparaciones son odiosas. En este caso, para mí la mejor sería una combinación de ambas películas. Pero hay un actor que me chirría en Historia… Daniel Craig. El último 007 interpreta a Perry Smith, uno de los dos asesinos, el que trabó mas amistad con Capote y, a juzgar por el retrato que de él nos hace en A sangre fría, el que se dejó llevar por su compañero Dick Hickock para cometer los asesinatos. Aquí está el problema. Daniel Craig es buen actor, de eso no cabe duda. Pero también es una mala bestia, con una mirada que da escalofríos. Y cuesta mucho creer que su Perry Smith se vaya a dejar manipular por nadie; ni por Hickock ni por Capote.

De los tres actores que han interpretado a Smith, el mejor sigue siendo, sin duda, Robert Blake, que le dio rostro en la adaptación cinematográfica de A sangre fría. Fue una elección personal del director Richard Brooks, que incluso encontró un cierto parecido físico entre actor y personaje. Y, ya saben, la vida imita al arte: en 2001, el propio Blake fue acusado de asesinar a su mujer, en una especie de secuela del caso O. J. Simpson. Al igual que Simpson, consiguió evitar la cárcel (o algo peor, que esto es Estados Unidos…), pero los costes del juicio le arruinaron, y no ha vuelto a saberse gran cosa de él. Algunos lo habrían considerado justicia poética, pero hubiera sido excesivo que el actor muriera de la misma manera que su personaje de años atrás...

Por cierto, una pregunta sobre la foto de esta entrada. ¿Cuál de los dos Capote creen que es, Hoffman o Jones?

lunes, diciembre 10, 2007

Tesoro oculto

Hemos hablado en ocasiones en este blog de las descargas por Internet; de si vale la pena comprar o no películas, y del morro que tienen las productoras cobrando lo que cobran por los lanzamientos. También del asunto de los extras, y de muchos DVDs rellenos de supuestos contenidos extra que, en realidad, no son más que horas y horas de pura filfa. Y una conclusión a la que he llegado es que, si fueran un poco más decentes con los precios y con los contenidos, probablemente la gente descargaría menos y compraría más.

Sucede, a veces, que hay algunos DVDs baratos y con un contenido que sorprende por su calidad. Es de lo que les quería hablar hoy. Hace unos días anduve de compras. Entre las películas que cayeron está Bullitt, el clásico de Steve McQueen rodado por Peter Yates en 1968, que ha pasado a la historia del cine por su persecución a toda caña por las calles de San Francisco. Bueno, pues el DVD que me compré corresponde a la edición especial de dos discos lanzada por la Warner. Con esta colección hay que tener cuidado: por ejemplo la edición especial de Amarcord no está mal, pero la de Uno de los nuestros es flojita, con ganas. Y en la de Bullitt, los extras del disco 2 corresponden a un documental sobre Steve McQueen de una hora y media de duración, superficial (pasa de puntillas sobre los aspectos más negativos de su vida) pero muy entretenido, y otra cosa que en la carátula se anuncia, así, sin más alharacas, como “la magia del proceso de edición en el cine”.

Aquí llegó la sorpresa: porque resulta que ese extra consiste en un documental de 90 minutos sobre la historia del montaje, que es de lo mejor que estos ojitos se han visto en años. Scorsese, Spielberg, Lucas, Jodie Foster, Sean Penn, Tarantino, son algunos de los actores y directores que aparecen en él hablando del trabajo de los montadores, con ejemplos prácticos de cómo su labor es imprescindible a la hora de conseguir que una película nos sorprenda, nos conmueva, nos divierta o nos aterrorice. Con escenas de por lo menos cincuenta películas distintas, comenzando por el Hollywood clásico y llegando hasta Matrix, Cold Mountain, Titanic... Por supuesto, también aparecen algunos de los mejores montadores de Hollywood, entre ellos la gran Thelma Schoonmaker, mano derecha de Scorsese en casi toda su filmografía. Una maravilla, que justifica por sí sola la compra del DVD. De hecho, en otros países se vende como un DVD aparte. Y esa joya la tienen ahí, semioculta, como si fuera parte del relleno.

Aquí tienen algo más de información. Pero, entre nosotros, por sólo nueve euros, que es lo que vale más o menos esta edición, es un pedazo de regalo navideño. Para los amigos cinéfilos… o para ustedes mismos, qué caray.

domingo, diciembre 09, 2007

Atracón

Pues sí, lo de este puente ha sido un verdadero atracón de cine español, y además en soportes de lo más variado: DVD, televisión, cine. Cuatro películas han caído, algunas por primera vez, otras revisitadas. Aquí les dejo un breve resumen estimatorio, por nivel estricto de preferencia, de más a menos:

El espíritu de la colmena (Victor Erice, 1973). A veces con las películas pasa como con los perros: un año de edad equivale a siete. Esta tiene ya 34 años, y sigue como una pera, sin necesidad de liftings. Más allá de la historia que cuenta, y de uno de los mejores trabajos de fotografía que se hayan visto en el cine patrio, sorprende que pocos directores españoles, por no decir ninguno, hayan tomado lecciones de Erice sobre la elipsis, la supresión de diálogos innecesarios, el uso de la cámara y las miradas para decirlo todo. Ese tramo central, de unos veinte minutos de duración, donde se cuentan tantas cosas y apenas se dicen dos frases. Y lo más prodigioso es que estamos tan embebidos en la trama que no nos damos cuenta hasta después de que nos han narrado la historia no a base de verborrea, sino a base de cine.

El orfanato (Juan A. Bayona, 2007). Pues no, aún no la había visto. Me habían llegado sobre ella comentarios de lo más variado, y no todos elogiosos. Pues soy de los que le ha gustado. La comparación con Los Otros es inevitable, pero no porque esta película le robe cosas, sino más bien porque tanto Bayona como Amenábar se han inspirado en las mismas fuentes, y así, claro… Aunque le sobran clichés (“verás tú el bote que pega el patio de butacas con esta escena de la mano de la muerta”) y planos exteriores del orfanato (vale que el edificio es muy bonito, pero al vigésimo paseo de la cámara por la fachada uno empieza a cansarse), creo que gana esta, quizá porque me ha tocado mucho más la escena final, donde la historia de Peter Pan (¡y de Wendy!) cobra todo su sentido a la hora de ligar la trama, y desde luego, por Belén Rueda, cada vez más un valor infalible de cualquier película en la que se meta.

Atún y chocolate (Pablo Carbonell, 2004). Bueno, esta la pusieron el sábado en Versión Española, y me la tragué. Pero aquí no soy imparcial: es que está rodada en Barbate y Zahara de los Atunes, dos pueblos que conozco muy bien, y siempre entretiene ir reconociendo paisajes, calles, playas… ¡Y la inevitable tienda de Zahara, donde se compra el tabaco, el periódico, las revistas, el bronceador y el bestia-seller para leer en la arena!. Por lo demás, flojita, con momentos divertidos, sobre todo si se es de la zona. Un problema: si uno no es andaluz, o lo es pero no tiene acento -caso de un servidor- no intenten imitarlo, porque queda fatal, y si lo intentan, no lo hagan llenándolo tó de zeta y penzando que azí uno zuena andalú a tope. Si Carbonell hubiera tenido esto en cuenta, su interpretación chirriaría menos.

Las largas vacaciones del 36 (Jaime Camino, 1976). La Guerra Civil vista desde las casas de verano de unos burgueses catalanes, donde se refugian a medida que va avanzando la contienda. En su día llamó la atención por ser de las primeras películas que se apartó de casi cuarenta años de cine oficial (franquistas buenos, republicanos cabrones) para presentar la versión contraria (franquistas joputas, republicanos guays). El problema es que el guión es flojo y cae una y otra vez en tópicos, que luego además serían retomados por películas posteriores sobre el mismo tema; el reparto hace lo que puede, pero de donde no hay, no se puede sacar. Flojita hace treinta años, y prescindible ahora.

Y eso ha sido todo por hoy. ¡Esto sí que ha sido un puente cinematográfico… y no el de Landa y Bardem!.

sábado, diciembre 08, 2007

Quiero ese pavo, y lo quiero ya

Hace algunos años, cuando uno era un periodista considerado, la Navidad era otra cosa; cada diciembre me llevaba a casa una generosa ración de cohechos que casi todos los días del mes se depositaban diligentemente sobre mi mesa. No se crean que estaba solo en esto, por cierto: estas fechas tan señaladas son definitivas para que los chicos de la prensa saquemos a plena luz nuestra vena de gorrones. Hace un tiempo, un amigo que entró a trabajar en cierto diario acentuado y global, me lo comentaba:

- Es acojonante, tío. En el periódico hay una reglamentación que impide aceptar regalos en la redacción por un importe superior a veinte euros. Pero llega la Navidad y es que el parking se llena de jamones, cajas de vino, lotes de Navidad y yo qué sé qué más.

- Tú lo has dicho, chaval.- Expliqué yo. - La reglamentación impide aceptar regalos superiores a veinte euros en la redacción. No dice nada del parking.

Les contaba todo esto porque, entre tanta caja de vino, libro ilustrado, edición especial de DVD o teléfono móvil, para mí la Navidad no empezaba hasta que llegaba el calendario. Este calendario me lo enviaba la empresa donde empecé mi carrera periodística, y desde que cambié de aires sus sucesivas ediciones han estado colgadas en mi casa, año tras año. Para mí es mucho más que algo para consultar los puentes. Tiene lazos con el pasado, con mis comienzos, con amigos que aún conservo. Una vez se lo dije al remitente: el día que me falte el calendario, me hundes.

Bueno, pues este año no me ha llegado. Misterio. Olvido, traspapeleo, descuido o algo así, parece que voy a tener que afrontar 2008 con otros aires. ¿No me puedo comprar otro calendario? Claro, y además, en el chino de la esquina me regalan uno cada vez que pido el menú del día. Pero a veces, como se suele decir, no es por el dinero, es por el detalle. Y si no, veamos el caso de Clint Eastwood.

¿Cuánto dinero tiene Clint Eastwood? Es difícil de saber, porque los contratos de sus películas incluyen muchas veces su función como director, productor, actor y últimamente, compositor, todo en un lote. Pero cabe suponer que es perfectamente capaz de comprarse un pavo sin que su economía sufra en exceso. El caso es que la Warner, la productora que ha respaldado la mayoría de sus películas, tenía la costumbre de enviar como regalo de Navidad un pavo a sus colaboradores más destacados. Clint, lógicamente, entre ellos. Y, según cuenta Patrick McGilligan en su biografía no autorizada de la estrella, los días anteriores al envío, en las oficinas de Malpaso el actor y director se dedicaba a dar la brasa a sus secretarias mañana, tarde y noche: “¿No ha llegado el pavo todavía?”. Cuando llegaba, se lo enviaban a su madre, se supone que para la cena de Navidad.

Un año las cosas se complicaron, y estaba claro que el pavo no iba a llegar a tiempo. En lugar de decírselo a su jefe, la secretaria de Clint habló directamente con la Warner. La solución fue enviar a un ejecutivo con el pavo, en vuelo regular. Y, para asegurarse de que el bicho llegaba bien, no viajó en el compartimiento de carga, sino en un asiento, al lado del ejecutivo en cuestión. Y en primera clase, además.

No me digan que, cuando Eastwood le hincara por fin el diente, el pavo no tuvo que saberle un poco a victoria.

lunes, diciembre 03, 2007

Ese duro oficio de guionista...

Se llama Mel, o por lo menos ese es su nombre artístico, y es humorista gráfico. Me fijé en él hace unos años, cuando publicó en el Diario de Cádiz la serie John Guiri, donde narraba las aventuras de un yanqui de Kansas que pasaba las vacaciones en Cai, rodeado de paisanos. Buenísima, divertida, genial. Ahora ha recalado en El Jueves, y en el número de esta semana ha publicado este punto de vista sobre la huelga de guionistas en Hollywood, y sobre el trabajo de los guionistas en general.

Me ha parecido tan acertada que se la coloco aquí, para que la echen un vistazo. Pulsen sobre las imágenes para agrandarlas y poder leer, y ya me contarán.

Y aquí tienen el blog de Mel, por si quieren echar un vistazo a más trabajos suyos.




domingo, diciembre 02, 2007

Rick no hay más que uno


Entre los aniversarios que se han celebrado estos días, resulta que también han caído los 65 años del estreno de Casablanca. Vaya por Dios. Yo es que no entiendo esa moda de empezar a celebrar el 65 aniversario de algo, en vez de los 50 años, o los cien, que era lo habitual. ¿Quiere eso decir que la jubilamos? Quizá no fuera mala idea, y así podríamos dejarnos de tanta mitomanía y ver esta cinta como lo que realmente es: una buena película, un clásico que ha resistido el paso del tiempo con más o menos dignidad… y al que se le notan también un poco las costuras.

Pero miren, este aniversario me viene bien para desfacer un entuerto que gira alrededor de esta película, y que cogió especial fuerza en los años 80, cuando Ronald Reagan fue presidente de Estados Unidos: la historia de que Reagan había estado a punto de protagonizar Casablanca. La olea de antireaganismo (no diré yo que injustificado) que recorrió España en esa época sirvió como gasolina para convertir la chispa inicial en un incendio, y la referencia apareció abundantemente en la prensa siempre que se hacía necesario a) mitificar Casablanca o b) meterse con Reagan. Pero la verdad es que la historia tiene muy poco de cierto.

Esta leyenda urbana (pues no es otra cosa) tiene su origen en una noticia publicada en The Hollywood Reporter el 5 de enero de 1942, donde la Warner Brothers anunció que su nueva producción, Casablanca, iba a estar protagonizada por Ronald Reagan, Ann Sheridan y Dennis Morgan. Pero esto tiene su explicación: estos tres actores estaban bajo contrato del estudio, y en aquella época, en la que se filmaban muchas más películas que hoy, era normal que los pasaran continuamente de un rodaje a otro para justificar sus elevados sueldos. En cuanto el productor Hal. B. Wallis comenzó a trabajar en serio en el proyecto, todo cambió. Ingrid Bergman reemplazó a Sheridan, y el papel de Victor Lazslo, que le hubiera correspondido a Dennis Morgan, fue a parar, tras considerar a muchos otros actores, a Paul Henreid.

En cuanto a Reagan, después de ese anuncio nadie volvió a considerarle para el papel. Otra leyenda sobre la película dicen que George Raft -cuya relación con la carrera de Bogart merece una entrada de por sí- también sonó para interpretar a Rick. Pero la prueba definitiva la aporta el historiador americano Rudy Behlmer en su libro Benihd the Scenes, donde aporta la fotocopia del memo enviado por Jack Warner a Hall Wallis, y en el que se lee lo siguiente:

“Querido Jack: he estado pensado muy seriamente el asunto de George Raft en Casablanca, y lo he discutido con Mike (Curtiz), y los dos pensamos que no debería estar en esta película. Bogart es perfecto para el papel y se está escribiendo específicamente para él, así que creo que deberíamos olvidarnos de Raft para este proyecto”.

Solucionados todos los temas de reparto, pues. Por cierto, ¿saben que en los 80 Casablanca se convirtió en una miniserie de televisión? Y el actor que interpretó a Rick fue David Soul, conocido sobre todo por la serie Starsky & Hutch. No he tenido ocasión de verla... pero sospecho que hubiera preferido a Reagan.

jueves, noviembre 29, 2007

Concierto privado

Aquí donde me ven, fui uno de los afortunados en conseguir entradas para el concierto de Bruce Springsteen el pasado domingo en Madrid. No voy a decirles como lo logré, porque tendría que explicar dónde están enterrados los cadáveres… El caso es que es la cuarta vez que veo al Boss en directo y, probablemente, sea la que más me haya gustado. Una anécdota para los amantes de los cotilleos: Ramón Calderón. Qué hacía en ese concierto el presidente del Real Madrid es algo que escapa a mi comprensión. Llegó el tío de chaqueta y corbata, lo más indicado para un concierto de rock; mientras todos los demás estábamos pegando botes, don Ramón estaba como una estatua en su silla, consultando no se qué en su teléfono móvil. Y finalmente, a eso de los tres cuartos de hora de concierto, desapareció; no sé a dónde, pero me da que no fue a fumarse unos petas para darse marcha…

Ya les digo, el concierto fue una gozada, pero hubo otro concierto del Boss, este bastante más personal, que hubiera dado un brazo por ver.

Verán: mis gustos musicales son bastante variados, pero tengo tres ídolos personales e intransferibles: Frank Sinatra (heredado de mi padre, que lo ponía todo el santo día), Bob Dylan (heredado de mis hermanos, que son bastante mayores que yo) y Bruce Springsteen (este sí que es de cosecha propia). Y hubo una ocasión en que tocaron juntos de forma espontánea. Lo cuenta J. Randy Tarraborrelli en su magnífica biografía de Sinatra (publicada en España por Ediciones B). Todo empezó cuando Frank se aproximaba a su ochenta cumpleaños, y comenzó a hablarse de organizar un programa de televisión en su honor. El problema era que el cantante no quería saber nada del asunto; la idea le horrorizaba, y su mujer, Barbara, no sabía qué hacer para convencerle. Finalmente, decidió invitar a cenar a su casa Dylan y a Springsteen -que iban a participar en el programa- para ver si eran capaces de hacerle cambiar de opinión. Para mantener un aire más tradicional, también invitó a Eydie Gorme y Steve Lawrence.

Tal y como se esperaba de ellos, Dylan y Springsteen se pasaron dos horas echándole flores a Sinatra y diciendo lo mucho que su música había significado para ellos, para sus padres, para todo el país. Poco a poco, a medida que corría el Jack Daniels, Sinatra se fue ablandando. Cuando los tres estaban ya borrachos como cubas, Dylan y Springsteen se turnaron en el piano y se dedicaron a cantar canciones de Sinatra. Al final, cuando todo el mundo se fue, Frank dijo a su mujer: “Estos tíos son geniales, deberían venir más a menudo. Hay que invitar a casa a Bruce y a Bob por lo menos una vez al mes”. A lo que su mujer, estiradísima en todos los sentidos, contestó tajante: “por encima de mi cadáver”.

Ese es un concierto al que me habría encantado asistir. Y no me vengan con que la anécdota de hoy es más musical que cinematográfica: a fin de cuentas, estos tres han salido en el cine...